Hay un momento, antes de que el mundo empiece a hablar, en el que todo está en calma. La respiración, en ese instante, no está condicionada por prisas, pantallas ni conversaciones. Es pura. Es nuestra. Practicar prānāyāma a primera hora de la mañana no es solo una técnica: es una forma de recordar quiénes somos antes de que el día nos atraviese. Escribe Marta Bort.

En la tradición del yoga, las primeras horas del día sostienen una cualidad de silencio y claridad mental difícil de encontrar en otros momentos. La mente está más receptiva, el cuerpo más disponible, y la respiración puede expandirse sin resistencia.
Es ahí donde el prānāyāma deja de ser un ejercicio y se convierte en una experiencia.
Entre las prácticas más recomendadas para ese momento se encuentra el Nadi Śodhana (respiración alterna). Una técnica aparentemente sencilla, pero profundamente transformadora.
A través de la respiración alterna por las fosas nasales, se equilibran los canales energéticos —Ida y Píngala—, armonizando las energías lunar y solar en el cuerpo. El sistema nervioso se regula, la mente se aquieta y aparece un estado de claridad que no necesita ser forzado.
No se trata solo de “respirar mejor”. Se trata de ordenar la energía interna.
Cuando la práctica es constante, ocurre algo sutil pero muy evidente: la agitación mental disminuye, la respiración se vuelve más fina y aparece un espacio interno desde el que es mucho más fácil sentarse a meditar.
El silencio deja de ser algo que buscamos… y empieza a ser algo que sucede.
Pequeña pauta para la práctica
Si deseas incorporar esta práctica en tu mañana:
- Siéntate con la espalda erguida, en un espacio tranquilo.
- Coloca la mano derecha en Nasikāgra mudrā (índice y medio recogidos).
- Inhala por la izquierda y exhala por la derecha, alternando las fosas nasales.
- Mantén un ritmo suave y progresivo, por ejemplo 1:2 (exhalación el doble de larga que la inhalación).
- Si la práctica se asienta, puedes avanzar hacia un ritmo más completo como 1:4:2 (retención incluida), siempre sin forzar.
Permite que la respiración se vuelva sutil. Ahí es donde empieza realmente la práctica.
Sin embargo, sostener este tipo de práctica en el día a día no siempre es fácil. El ritmo externo muchas veces arrastra más de lo que nos gustaría.
Por eso, en ocasiones, es necesario crear contextos donde esta experiencia pueda darse de forma natural. Espacios donde el amanecer no sea una urgencia, sino una invitación.
Este verano acompañaré un retiro donde el día comienza precisamente así: con la práctica de prānāyāma en las primeras horas, dejando que el Nadi Śodhana abra el espacio interno y prepare el terreno para la meditación y la escucha.
Porque hay algo que solo se revela cuando respiramos antes de hacer, antes de pensar, antes de ser para los demás.
Quien aprende a respirar al amanecer, aprende a sostenerse en medio del día.
Y, poco a poco, deja de reaccionar… y empieza, simplemente, a estar.
Marta Bort. Profesora de yoga. Facilitadora de retiros de conexión con la naturaleza.
https://martabort.com/
