El hípermercado del yoga: tarifas, competencia y cómo afrontarla (2)

2026-05-18

Alucinante el cambio de la oferta de yoga en España en estos últimos años. Se vende yoga al por mayor en las macrocadenas de gimnasios, en las plataformas de reservas de fitness y bienestar, en las franquicias especializadas, en decenas de aplicaciones online… Del humilde yogui recién llegado de India para transmitir el mensaje, al inversor en el negocio del bienestar, el panorama ha cambiado radicalmente. Es un informe YogaenRed.

Lululemon

Donde hace no tanto montaba su pequeña escuela un profesor formado en un ashram de la India, con unas cuantas alfombrillas, un Shiva danzante y una vocación incombustible, ahora hombres de negocios y fondos de inversión desembarcan para obtener beneficio económico de nuestra necesidad de compensar los males que genera el sistema que ellos mismos promueven.

Sin embargo, en esta segunda parte del reportaje sobre el yoga comercial en la actualidad (que comenzó con Las franquicias en el yoga), nuestra intención no es aprobar ni condenar sino informar y situarnos. Sí opinan, como debe ser, las voces de quienes viven la situación y que hemos recogido como testimonios.

“A las escuelas independientes, las grandes cadenas que ofrecen yoga nos están hundiendo. Es la ley pura y dura del mercado: el pez grande se come al chico. Compiten con precios más bajos, con un márketing de prioridad en los buscadores… y abriendo centros a pocos metros del tuyo, en el que llevas 20 años”.

Quien así habla es Elena, una propietaria de una céntrica escuela de yoga en Barcelona. Como este testimonio hemos recogido varios similares. El propio Ramiro Calle, en una reciente entrevista, se lamentaba de lo mismo.

Otro profesor de una escuela de yoga tradicional de Madrid, Julián, nos comenta: “Nadie sabe la cantidad de centros de barrio que han cerrado. Es una competencia insostenible, pero eso importa poco a los propietarios de cadenas. Incluso hay quienes dicen a los alumnos que los pequeños estudios tradicionales somos como sectas”.

Pero vayamos a los datos…

Los primeros que ofrecieron yoga low cost fueron los gimnasios. Se calcula que hay unos 6.000 gimnasios privados (sin contar instalaciones deportivas públicas; de ellos, unos 2.000 están operados por cadenas, una veintena de ellas muy potentes como Basic-Fit (150 locales) , VivaGym (100), Synergym (90), Altafit (80), GoFit (30)….

Como consecuencia, en España hay más gimnasios que venden yoga que estudios dedicados exclusivamente a ello. Aunque no eixten cifras oficiales, se calcula que hay unos 1.000 estudios de yoga especializados frente a los 4.000 mil gimnasios que ofrecen yoga como una actividad más de fitness. Grosso modo se puede decir que el 70% del yoga se «consume» dentro de gimnasios y 30% en estudios especializados.

Esto ya nos dice mucho sobre el tipo de yoga que se practica mayoritariamente hoy día. Una imagen más que resume la situación: gimnasio de barrio, clase llena de 30 personas y una profesora de yoga que es la misma que da clases de barre y pilates cada día a diferentes horas.

Y las tarifas. Las consideradas low cost rondan los 25 o 30 €/mes con servicios básicos y acceso ilimitado; de 35 a 60 €/mes si ofrecen algunas ventajas añadidas, como clases en grupo y servicios más cuidados.

El yoga encadenado

Dentro de lo que podemos llamar “centros especializados” están las cadenas del yoga que funcionan mediante el sistema franquicia. En España, hay que citar a YogaOne, con diferencia la marca más importante. En 2017 la cadena catalana de gimnasios DiR creó la exitosa franquicia YogaOne, que abrió su primer centro en Barcelona y cuenta ya con unos 65-70 centros repartidos por toda España.

Sílvia y Jordi Canela, hijos del propietario de los centros DiR, crearon la franquicia YogaOne con el lema de “yoga para todos”. Con Bikram Yoga Spain, una cadena de clubes de yoga a 40º que dispone de siete centros, son las dos marcas de cadenas de yoga con más presencia en España y a nivel europeo. «YogaOne se ha convertido en uno de los jugadores principales del mercado del yoga, encabezando las cifras de esta industria», se lee en la web de esta marca, que invita a formar parte de este «mercado de la felicidad» que está «experimentando un auge notable».

Estas cadenas aprovechan su modelo de negocio estandarizado, sus economías de escala y su capacidad de márketing (más información en el reportaje Las franquicias en el yoga) para ofrecer tarifas competitivas y promociones frecuentes. Esto puede presionar a los estudios tradicionales a ofrecer clases más baratas o descuentos para poder competir, especialmente cuando el poder adquisitivo de los consumidores es limitado o está repartido entre otras muchas actividades.

Este modelo de negocio basado en captar un gran volumen de membresías a precios más bajos ya lo inventaron hace años los grandes gimnasios. Ofrecen un flujo continuo de clases de yoga diarias en diferentes estilos a través de bonos mensuales que pueden estar sobre 60 €/mes, acceso ilimitado, o incluso menos de 50€/mes si se compromete la anualidad. “Pagas para ir todos los días durante un año y acabas yendo de vez en cuando”, comenta Carmen, una alumna de uno de estos centros. Se calcula que la fidelidad está en un tercio del volumen total de alumnos (o sea que de 100 alumnos, al final del año seguirían yendo regularmente unos 35-40).

Comparados estos bonos con los paquetes de clases de las escuelas tradicionales o independientes, es evidente la diferencia, ya que es difícil que, en éstas, cuatro clases al mes cuesten menos de 55-75€. Las ofertas de acceso ilimitado, no muy habituales en estos estudios independientes, pueden costar no menos de 90-120€ mensuales.

Dice Julián, profesor de yoga con escuela independiente: “Cuando muchos centros compiten por los mismos clientes en un área urbana, la competencia por precio se intensifica, empujando a los pequeños estudios como el mío a ajustar sus tarifas o crear ofertas nuevas para retener clientes… Pero eso tiene un límite y, a medida que los alumnos van faltando y los gastos de alquiler de local y consumos aumentan, los pequeños centros de yoga de barrio van desapareciendo, ya que no pueden sostener precios tan bajos sin perder rentabilidad”.

Y por si fuéramos pocos, llegaron las centrales de reservas y las apps…

No vamos a extendernos en esto, solo mencionar que al hipermercado del yoga en España han llegado estos nuevos participantes: los fondos de inversión que invierten en macroplataformas globales que ofrecen servicios de wellness (yoga, pilates, barre). Por citar algunos ejemplos: Wellhub y Urban Sports.

Por 61,99 € al mes el Plan Gold de Wellhub  da acceso (según cuentan en su sitio) a más de 3.368 gimnasios y estudios y a 57 apps, “y te permitirá multiplicar tu ahorro por 3 en comparación con las suscripciones tradicionales”.

Wellhub es una prestación de «servicios de bienestar» que las empresas ponen a disposición de sus empleados/as. Estos pueden acceder a los partners de fitness y bienestar disponibles en su plataforma. “Más de 20 millones de empleados/as de todo el mundo tienen acceso a nuestra plataforma de fitness y bienestar. Más de 33.000 empresas de todo el mundo ya ofrecen Wellhub a sus empleados/as”, se afirma en su sitio web.

El lema de Urban Sports Club es: “Deportes donde y cuando quieras”. Y dicen más: “Fitness ilimitado, yoga, natación, boulder, baile y más en una suscripción mensual. Online, en un centro o al aire libre. Pruébalo desde 33€/ mes. La oferta de deporte y bienestar más flexible de Europa. Todo en una sola suscripción. Disfruta de más de 50 deportes, desconecta gracias a nuestra oferta de bienestar y entrena en cualquier momento, ya sea en el interior, al aire libre o de forma online”.

¿Y qué pasará, entonces, con los centros tradicionales?

Ya hemos apuntado algunos comentarios de afectados al principio de este informe. Esta competencia de los gigantes les está golpeando en la línea de flotación económica, pero en realidad nos afecta a todos en cuanto que está erosionando cada vez más los fundamentos del yoga, incluso del llamado hatha yoga moderno, y su forma de ser transmitido.

Si quienes lo enseñaban desde siempre con todo su sentido y en sus justos términos van desapareciendo, ¿qué va a ser del yoga?

A estas alturas del siglo XXI, los centros independientes de fundadores vocacionales saben bien que el yoga tradicional no es un producto masivo, y que ha habido y siempre habrá personas dispuestas a pagar lo que razonablemente vale la calidad de la enseñanza, la atención personalizada del profesorado y la fidelidad a la tradición. Y esa diferenciación cualitativa es su mejor estrategia defensiva.

Los centros tradicionales independientes suelen cuidar y reconocer a los buenos enseñantes. Por ello pueden ofrecer mejores retribuciones por hora y condiciones a las profesoras/es que está bien posicionadas/os y consigan una buena base de alumnos.

Nos cuenta Elena, la profesora catalana que hablaba al comienzo: “En mi centro dan clase 12 profesoras, somos como una familia. Las cadenas pagan a los profesores 15 € la hora, mientras que yo pago 26€. Esas retribuciones hacen que la rotación de profesores en los gimnasios y cadenas de yoga comercial sea muy alta y que su compromiso con el centro sea débil, por lo que se recurre a menudo a instructores en prácticas”.

“Tengo alumnas –detalla Elena–, sobre todo de alrededor de los 50 años, que han venido de uno de estos macrocentros porque no les gustaba el ambiente o se sentían poco atendidas”.

Diferenciación como estrategia

En este contexto de sobrevivir a la competencia en precios, las escuelas independientes y tradicionales desarrollan sus ventajas diferenciadoras en materia de profundización en yoga integral, apartándose en lo posible del yoga puramente físico y descafeinado.

Algunas estrategias que se están empleando:

  • Clases magistrales y sesiones personalizadas, impartidas por el propio titular de la escuela o profesor de renombre.
  • Clases muy especializadas y/o terapéuticas: yoga terapéutico, restaurativo, filosofía del yoga, raja yoga, bhakti yoga …
  • Sesiones de cohesión en comunidad (algo que es difícil replicar en cadenas más estandarizadas): yoga del corazón, vedanta, mindfulness, nidra avanzado…
  • Formatos diferentes: talleres y seminarios con profesores internacionales o especialistas de prestigio, retiros, cursos monográficos, viajes, experiencias de karma yoga fuera del mat…
  • Formaciones avanzadas o especializadas para instructores de yoga y profesionales de la salud y el bienestar.

En este sentido –haciendo de la necesidad virtud–, las consecuencias de la “cruda competencia por el mercado” no siempre les es desfavorable a las escuelas tradicionales, ya que les obliga a reflexionar sobre su misión en el yoga tanto como a cultivar enfoques pedagógicos singulares y enriquecedores, con frecuencia apoyados de nuevo en el concepto del magisterio tradicional.

Todos somos conscientes, en el mundo del yoga, de que hay un línea muy fina entre hacer lo posible para sobrevivir rentabilizando las clases y tener como prioridad el negocio buscando reducir costes y maximizar el beneficio.

Apunta Julián: «No fundas una escuela de yoga para forrarte, eso está claro. Sabemos que hoy día la rapidez y la variedad dominan la vida de la gente y que tenemos que hacer mil cosas diferentes cada día, entre ellas, yoga. Por eso ya se han hecho habituales las clases de una hora escasa. Pero en nuestra escuela no tenemos prisa: no hemos dejado de ofrecer clases de hora y media de yoga para dar espacio a la relajación y meditación”.

Todos pensamos que la competencia es sana cuando se trabaja con las mismas reglas de juego, porque nos hace esforzarnos en ser mejores. Pero en la actualidad el profesor de yoga independiente no solo tiene que ser competente en su tarea, sino que debe saber venderse, tener don de gentes, dedicar tiempo a las redes, ser un buen gestor y mucho más… «Ser autónomo te exige ser muy bueno en demasiadas cosas, ¿no?”, ironiza Julián. «Por eso no es extraño que muchos acaben tirando la toalla».

Queremos cerrar este reportaje con la propuesta que nos llega de muchas voces de profesores tradicionales independientes:

Las cadenas de yoga comercial se han hecho fuertes porque siguen un patrón de cooperación y puesta en común de servicios entre centros, frente a la dispersión, incomunicación y soledad de los pequeños empresarios o autónomos independientes del yoga. En España, las asociaciones de yoga formadas por distintas escuelas de yoga tradicionales nunca han podido llegar a una cooperación real. «Pero necesitamos unirnos para analizar las problemáticas comunes, para intercambiar y compartir información, gestión y servicios de todo tipo, para reflexionar sobre las necesidades del momento y cómo abordarlas desde el yoga, para difundir mensajes sobre lo que realmente implica la práctica de yoga… «.

Desde YogaenRed, uno de los escasos espacios de difusión y encuentro de la comunidad del yoga, estamos en disposición de ofrecer nuestro máximo apoyo a la cooperación entre escuelas independientes de yoga para hacer viable, práctica y funcional  la unión en la diversidad entre escuelas de yoga integral. Esperamos vuestras opiniones en info@yogaenred.com.

Seguiremos dando mucho que pensar en próximos trabajos.