El nuevo yoga (2)/ Integrar tradición, ciencia y experiencia

2026-11-04

Quizás el “nuevo yoga” no sea muy diferente, sino una oportunidad para volver a entender su profundidad. Un yoga capaz de dialogar con la ciencia sin perder su dimensión contemplativa. Un yoga que utilice los conocimientos actuales sobre el cuerpo, el cerebro, las emociones y el comportamiento sin olvidar que las personas no somos solo un conjunto de variables neurofisiológicas. Escribe Alejandro Torres.

Un yoga que reconozca los beneficios sobre la salud, pero que también abra espacios para el autoconocimiento, la reflexión, el sentido y la transformación personal. Un yoga que pueda practicarse en un gimnasio, en una organización, en un centro de salud o en una sala de clases, pero que también nos acompañe mucho después de abandonar ese espacio..

Porque, finalmente, el propósito de una práctica profunda no debería ser solamente que podamos hacer mejor una postura. Debería ayudarnos a vivir mejor y con mayor conciencia.

El rol del instructor/a de yoga también está cambiando

En 2026, formar instructores significa mucho más que enseñar secuencias de asanas.

Un/a instructor/a necesita comprender cómo aprenden las personas, cómo adaptar una práctica a distintos cuerpos, cómo crear espacios seguros y cómo integrar conocimientos de movimiento, respiración, atención y bienestar, respetando tanto la evidencia disponible como la tradición del yoga. Pero también necesita desarrollar algo que ningún manual puede entregar por completo: capacidad de presencia y una práctica personal suficientemente profunda como para acompañar a otros. 

Porque no podemos acompañar procesos de transformación únicamente desde la teoría. En definitiva, necesitamos profesionales capaces de facilitar experiencias de aprendizaje y práctica, no solamente de dirigir una clase. Profesionales que comprendan que detrás de cada cuerpo existe una persona, una historia, unas necesidades y un contexto particular. Por eso, la formación continua y el estudio responsable son hoy una necesidad más que una opción. Especialmente cuando comprendemos que el yoga puede utilizarse como una herramienta complementaria en contextos de salud, educación y bienestar, siempre respetando los límites y competencias de cada profesional.

El desafío ya no es solamente enseñar a alguien a hacer una postura. Es comprender: ¿Para qué estamos enseñando? ¿Cómo estamos enseñando? ¿A quién estamos acompañando? Y quizás, sobre todo: ¿Qué tipo de transformación queremos favorecer? Tú eres libre de elegir.

Este este el momento para formarte

Si alguna vez has sentido que el yoga transformó tu manera de vivir, quizás también puedas convertir esa experiencia en un camino profesional y acompañar a otras personas en su propio proceso. Pero formarse como instructor/a no debería consistir solamente en aprender una serie de posturas para después enseñarlas. Es comenzar un proceso de estudio, práctica, observación y transformación personal. Es aprender sobre el cuerpo y el movimiento, pero también sobre la respiración, la atención, la meditación, tu mente y la experiencia humana. Es aprender a enseñar, pero también a escuchar para seguir aprendiendo.

No necesitas ser igual a otros/as instructores/as. De hecho, no deberías serlo. Siempre habrá personas que conecten con tu manera de enseñar, con tu historia, con tu sensibilidad y con tu forma particular de comprender el yoga. Lo importante es prepararte para hacerlo con conocimiento, responsabilidad y profundidad.

Un yoga que transforma desde la libertad

Siento que enseñar yoga es mucho más que transmitir posturas, técnicas o conceptos que se repiten sin comprender realmente su significado histórico y cultural… Creo en un yoga que integra cuerpo, respiración, atención, conciencia y experiencia, sin dogma ni doctrina alguna. 

Un yoga capaz de dialogar con la evidencia científica y, al mismo tiempo, respetar la profundidad de una tradición contemplativa milenaria. Enseñar yoga implica facilitar experiencias que permitan a otras personas desarrollar mayor presencia, conciencia corporal y herramientas para cuidar su bienestar. Pero también abrir la posibilidad de detenerse, observarse, conocerse y transformar aquello que ya no contribuye a una vida más plena y consciente. Porque detrás de cada práctica hay una persona diferente. Y enseñar yoga implica una responsabilidad: acompañar a otros en un proceso que puede influir profundamente en su manera de relacionarse consigo mismos, con los demás y con la vida.

Por eso, no busco enfrentar la tradición y la ciencia. Busco ponerlas en diálogo. Porque quizás el futuro del yoga no está en hacerlo cada vez más complejo, ni en convertirlo solamente en una herramienta para alcanzar determinados resultados. Quizás está en comprender mejor su profundidad y aprender a transmitirla de manera simple pero responsable en el mundo contemporáneo.

El futuro del yoga

El futuro con yoga está en comprender mejor a las personas. En acompañarlas con conocimiento, presencia y responsabilidad. Y en recuperar algo que el ritmo de vida actual muchas veces nos arrebata: la capacidad de estar presentes, respirar, conocernos y disfrutar de una vida con mayor bienestar y conciencia.

Como señalaba el neurobiólogo y filósofo chileno Francisco Varela, nuestros lenguajes, conceptos y modelos son herramientas para comprender la realidad, pero nunca pueden abarcar por completo su complejidad. El riesgo aparece cuando confundimos el modelo con la realidad: cuando creemos que aquello que podemos medir representa todo lo que somos.

Lo anterior, también puede ocurrir con el yoga. Podemos estudiar sus efectos sobre el estrés, la atención o determinados procesos fisiológicos, y ese conocimiento es valioso. Pero ningún indicador puede capturar por completo la experiencia humana ni la profundidad de una práctica de transformación.

Quizás el desafío del nuevo yoga sea precisamente ese: integrar la ciencia sin reducir la experiencia; valorar lo que podemos medir sin olvidar aquello que todavía no sabemos explicar. Porque el propósito no es solamente conocer más sobre nosotros mismos, sino aprender a vivir de una manera más consciente, integrada y plena.

Alejandro Torres. Director de Formación y Desarrollo. Formador de formadores.Academia de Yoga & Mindfulness DIBI
www.centrodibi.com
56 9 5093 6703 /alejandro.torres@centrodibi.com