El yoga en el mundo actual/ Los valores clásicos del yoga y cómo mantenerlos, según Mayte Criado

2026-11-02

Publicamos el texto original que nos envió Mayte Criado, autora de Yoga en evolución, como reflexión a nuestras preguntas sobre ‘La vigencia de los principios clásicos del yoga en el mundo actual’. El contenido que aporta es un resumen muy valioso de las enseñanzas que merece la pena tener muy presente y recordar.

mayte criado blog luz

Cuando reflexiono sobre los valores esenciales del yoga, que además son comunes a los que fomenta cualquier camino espiritual y de desarrollo humano, no puedo dejar de pensar en que no se trata de códigos o reglas que puedan simplemente seguirse o guiar como pautas que es necesario respetar y poner de manifiesto, aunque sea solo por considerarlo algo lógico y bueno. Creo que se trata más de la expresión natural de un tipo de conciencia. No sé si llamarlo conciencia integrada, evolucionada o una conciencia que abraza algo que se revela esencial para vivir con plenitud.

Los valores llamados clásicos (yamas y niyamas) nos proponen la no violencia, el caminar por la vida a través de la verdad, la honestidad, la moderación, la ausencia de codicia, la compasión o la ecuanimidad. Todas virtudes y actitudes que identifican al yoga como un sendero que lleva a un comportamiento ejemplar.  Nadie puede considerar que es equivocado. Pero quedarnos en lo que deberían ser nuestras actitudes y comportamientos, no creo que sea un planteamiento evolutivo. La pregunta no tendría que ser qué valores se consideran los del yoga o qué valores se enseñan desde el yoga, sino qué tipo de conciencia es capaz de generar espontáneamente esos valores.

Porque no se trata de moral o ética al uso, sino de una verdadera transformación de la percepción y, por tanto, de lo que nuestra humanidad, la de cada uno, expresa en el mundo. No es algo sobre lo bueno y lo malo o yo no lo entiendo como pecado y virtud; lo intuyo como una esencia más compleja, sobre todo como una integración de una complejidad que nunca pierde la humanidad que somos.

El yoga transforma la manera en que percibimos la realidad. No modifica únicamente nuestro comportamiento; modifica el lugar desde el que ese comportamiento nace. Eso es para mí su esencia. Así que el yoga no pretende inculcar valores. Como creo que ningún camino espiritual lo pretende. Para mí, el yoga es una vía para desarrollar las condiciones de conciencia desde las que determinados valores dejan de ser un esfuerzo y se convierten en una expresión natural de lo humano.

Los valores son, por tanto, el efecto de una determinada calidad de conciencia, no simplemente un conjunto de normas éticas. No son tanto los pilares de la construcción sino lo que emana el edificio cuando se convierte globalmente en un templo. Podríamos decir incluso que constituyen indicadores del grado de integración alcanzado por una persona y no el mero objetivo que esa persona persigue.

¿Por qué habría que mantener los principios del yoga?

La cuestión fundamental no es si hay que mantenerlos o no. ¿Quién es guardián de mantenerlos? ¿Quién decide su adaptación a las circunstancias, a las épocas a la complejidad social, a las injusticias, etc? Creo que representan principios profundamente adaptativos para cualquier persona, colectivo y comunidad.

No se trata de conservarlos por respeto a la tradición, sino porque siguen respondiendo a necesidades humanas permanentes. Lo verdaderamente inquietante es que esas necesidades cambian de forma, pero no de naturaleza. Cambian los escenarios tecnológicos, culturales o sociales, pero seguimos necesitando aprender a convivir con el miedo, el deseo, el sufrimiento, el poder, el vínculo y el sentido de nuestra existencia. El yoga continúa dialogando precisamente con esas dimensiones permanentes del ser humano.

La tradición merece ser preservada cuando continúa generando comprensión y bienestar. No por ser antigua, sino porque sigue siendo verdadera en la experiencia de nosotros los seres humanos. Son valores que continúan vigentes no por ser códigos de conducta, sino en la medida en la que cultivarlos hace aflorar capacidades humanas que difícilmente aparecen cuando vivimos desde la reactividad, el miedo o la fragmentación interior.

Los llamados principios éticos del yoga no han permanecido durante siglos por inercia cultural, sino porque siguen señalando capacidades profundamente adaptativas y se convierten las olas que confirman el gran océano que es la conciencia. Hablamos de capacidades humanas más que de reglas a seguir. No son baluartes, son el espíritu.

¿Qué aportan los valores del yoga a la evolución de la sociedad actual?

Para mí, el mayor legado del yoga no es la disminución del estrés o la obtención de una vida calmada, sino el poder estar presentes en lo que sea que nos ofrece nuestra realidad existencial con un nivel diferente de conciencia.

Nuestro mundo dispone de más conocimiento que nunca y, sin embargo, continúa mostrando enormes dificultades para gestionar la complejidad humana, la presencia, la incertidumbre o simplemente la convivencia. Por más gurús que nacen y se desarrollan, más caminos y enseñanzas que se transmiten, no logramos evolucionar para que estos valores de los que hablamos se expresen en nuestro entorno sin mayor cuestionamiento. No necesitamos más información, ni siquiera sobre el yoga y su historia milenaria. Nos desborda. Necesitamos desarrollar una conciencia capaz de discernir, integrar y sintetizar inteligente y sabiamente la inmensa cantidad de información que ya tenemos.

El yoga aporta algo primordial: un camino de desarrollo de la conciencia. En ese camino, todo son señales, guías, referencias, códigos, técnicas. Cada cual con lo que considera más cierto, más genuino, más consistente. Porque ninguna de ellas constituye el yoga en sí mismo. Todas apuntan hacia una experiencia de transformación que solo cobra sentido cuando se hace vida. Sea como sea, este entorno que llamamos sociedad actual solo puede trascender gran parte de sus conflictos si en verdad esculpimos una conciencia más evolucionada, desde la que cooperar, dialogar y construir comunidades capaces de encarnar esos valores que promulga el yoga.

¿Cómo podemos colaborar a difundirlos?

Probablemente poniéndonos en marcha, encarnándolos. No hablo de ponernos el traje de iluminados, hablo de sembrar, hablo de verdadero trabajo. El yoga no necesita más representantes impecables; necesita personas honestas con su propio proceso de transformación. He conocido y seguido a muchas personas “iluminadas” dando lecciones de valores para luego descubrir sus personalidades incoherentes y sus mundos oscuros. No estamos en ese territorio. Es algo incluso pasado de moda a estas alturas.

Aquí estamos hablando de currantes. De personas que estamos dispuestas a transformar nuestras vidas no porque alguien nos explique unos valores, sino porque nos queremos convertir en seres humanos cuya manera de estar en el mundo resulta coherente aún en nuestras contradicciones y errores.

Yo creo que difundir el yoga no consiste en repetir las palabras de hace dos mil años. Significa actualizar su lenguaje (¡especialmente el de las clases!), dialogar con la ciencia, evitar el dogmatismo y hacerlo accesible sin vaciarlo de profundidad, ¡abrir el corazón! Se trata de un camino sagrado. Cada generación tiene la responsabilidad de conservar la esencia, pero también de renovar las formas. La tradición permanece viva cuando sigue siendo capaz de responder a las preguntas del presente. Una tradición deja de estar viva cuando únicamente conserva respuestas.

Quiero terminar diciendo que mi forma de vivir y transmitir el yoga no pone el foco en generar conductas virtuosas, sino en cultivar una conciencia desde la que esas conductas puedan brotar de manera auténtica. Para mí, la aspiración a ser una mejor persona no se alcanza intentando parecerlo, sino transformando las condiciones internas desde las que eso que nombro como humano en mí, pueda desplegarse sin pretender ser algo que no soy. Aspiro a ver con mayor profundidad porque si cambio la manera de mirar y veo con mayor claridad, estoy convencida que cambiará mi manera de vivir y relacionarme; eso lo aprendo con el yoga.

Mayte Criado. Fundadora de la Escuela Internacional de Yoga.
www.escueladeyoga.com 91- 4166881 – 648 078 824 / info@escueladeyoga.com