Nos satisface ofreceros este importante informe sobre cómo se entiende hoy día el yoga, para el que hemos contado con las aportaciones de acreditadas escuelas y profesores/as de yoga tradicional independiente. En un momento social de confusión general que amenaza también al yoga, tener respuestas confiables permite a los practicantes disponer de información decisiva para dirigir sus esfuerzos de evolución personal.

Dada la importancia del tema, iremos publicando contenido cada semana en torno a 4 puntos nucleares:
- Qué se consideran ‘valores clásicos’ o esenciales del yoga.
- Por qué habría que mantenerlos.
- Qué aportan en la evolución de la sociedad en la actualidad.
- Cómo podemos colaborar a difundirlos.
1. Qué se consideran ‘valores clásicos’ o esenciales del yoga
• José Luis Cabezas /Yoga Dinámico
Consideremos las esencias fundamentales de yoga: la autoindagación (svadhyaya), yama y niyama.
Son a su vez aspectos implícitos e ineludibles de la consciencia y la vida en relación: sensibilidad, honestidad, apertura, intimidad y generosidad (yama), no como normas prácticas de una personalidad ideal, sino como propiedades y cualidades naturales que se potencian cuando la consciencia se vuelve y despliega sobre sí misma (niyama).
Así, en la autoindagación, ya sea en la práctica de yoga o la vida cotidiana, este reflejo y cualidades surgen, familiar y espontáneamente, como una consciencia más encarnada, en una experiencia somática, íntima y compartida más íntegra, auténtica, sostenible y evolutiva.
Todos los yogas han tenido como finalidad y objetivo último moksha, la autorrealización. Aún cuando este objetivo es lejano para la mayor parte de los practicantes, todo lo que se hace para acceder a él, se hace en la mente.
Moksha es el objetivo último del yoga, el trabajo con la mente constituye el medio fundamental para acceder a él y por tanto, el valor esencial del Yoga.
Solo a través de una mente en calma, uno puede escuchar, entender, leer lo que pasa dentro de cada uno de nosotros. Y para esa calma mental, uno necesita de una estructura, disciplina y modo de vida que permita no tener que estar continuamente luchando para apaciguar la mente.
• Mayte Criado / Escuela Internacional de Yoga
Los valores llamados clásicos (yamas y niyamas) nos proponen la no violencia, el caminar por la vida a través de la verdad, la honestidad, la moderación, la ausencia de codicia, la compasión o la ecuanimidad. Todas virtudes y actitudes que identifican al yoga como un sendero que lleva a un comportamiento ejemplar; nadie puede considerar que es equivocado. Pero quedarnos en lo que deberían ser nuestras actitudes y comportamientos no creo que sea un planteamiento evolutivo. La pregunta no tendría que ser qué valores se consideran o se enseñan desde el yoga, sino qué tipo de conciencia es capaz de generar espontáneamente esos valores.
Porque no se trata de moral o ética al uso, sino de una verdadera transformación de la percepción y, por tanto, de lo que nuestra humanidad, la de cada uno, expresa en el mundo. No es algo sobre lo bueno y lo malo, o yo no lo entiendo como pecado y virtud; lo intuyo como una esencia más compleja: el yoga transforma la manera en que percibimos la realidad. No modifica únicamente nuestro comportamiento; modifica el lugar desde el que ese comportamiento nace.
Eso es para mí su esencia. Así que el yoga no pretende inculcar valores, como creo que ningún camino espiritual lo pretende. Para mí, el yoga es una vía para desarrollar las condiciones de conciencia desde las que determinados valores dejan de ser un esfuerzo y se convierten en una expresión natural de lo humano.
Los valores son, por tanto, el efecto de una determinada calidad de conciencia, no simplemente un conjunto de normas éticas. No son tanto los pilares de la construcción, sino lo que emana el edificio cuando se convierte globalmente en un templo. Podríamos decir incluso que constituyen indicadores del grado de integración alcanzado por una persona y no el mero objetivo que esa persona persigue.
• Danilo Hernández/ Bindu Escuela de Yoga
Del inmenso y variado caudal de enseñanzas que nos ofrece la tradición yóguica, destacan como ‘valores esenciales’ del yoga los que están implícitos en los sistemas del Ashtanga Yoga de Pantajali y del Ashtanga Yoga de Swami Sivanada. Dichos valores pueden concretarse en tres ejes: Principios éticos (yama y niyama) – Expansión de la Consciencia (dharana-dhyana)- Espíritu de Servicio (seva-karma yoga)
Mientras que las enseñanzas de Patanjali constituyen una vía de purificación mental, introspección y expansión de la consciencia, Swami Sivananda pone el acento en la expresión de los valores éticos y altruistas del yoga en la vida cotidiana y en el servicio a la sociedad.
Patanjali en su Ashtanga Yoga (yoga de los ocho miembros) sitúa la ‘ética’ como punto de partida en el proceso de la evolución de la consciencia. Las actitudes éticas con carácter universal de Yama (no violencia, veracidad, honradez, autoregulación, no posesividad-ausencia de codicia) y Niyama (pureza, contentamiento, disciplina-sencillez, auto-estudio y entrega a la voluntad de la consciencia suprema) configuran un sistema de actitudes que armonizan la relación del individuo con la sociedad (yama) y consigo mismo (niyama), y son la base del proceso del desarrollo del potencial humano y de la armonía social.
Swami Sivananda sitúa las actitudes de ‘servicio’ y el ‘amor’ como los pilares de la armonía individual y social. Su sistema se estructura también como una unidad orgánica de ocho miembros (sirve, ama, da, purifica, sé bueno, haz el bien, medita, realízate) y representa un modelo completo de yoga en el que destacan el valor del servicio y el altruismo.
Se podrían añadir y concretar muchos otros ‘valores’ que promueve el yoga para contribuir a la armonía personal y social, pero lo anteriormente expuesto creo que resume parte de lo que es principal y esencial.
• Naren Herrero / Satsanga Campus
La búsqueda de autoconocimiento y la intención de liberarse del sufrimiento son los propósitos tradicionales del yoga. Para ello hay muchas técnicas pero las cualidades indispensables a cultivar y ampliar son: amor, discernimiento y acción recta (dhármica, en términos tradicionales).
• Olga Jiménez / Escuela Luz sobre el Yoga
El yoga tiene una base filosófica preciosa, unos principios éticos y morales que se han sepultado bajo una «presunta libertad». Son un pequeño porcentaje los practicantes que conoce qué es yama y niyama, por qué se debe seguir esa ética marcada y qué impacto tiene en nuestra salud mental y la estabilidad emocional.
Esa parte del yoga no es comercial, no se ve y por tanto deja de existir. La meditación también llega con prisas y se adelanta a un dominio previo del trabajo sobre el cuerpo esencial para estabilizar un sistema nervioso y evitar el estrés. Sin estas fases todo queda desde mi punto de vista en un marketing falso.
• Pedro López Pereda
Considero que hay cinco valores que definen claramente a un yogui o a una yoguini:
1. El amor a su entorno. El crecimiento espiritual se refleja en un mayor amor y respeto a toda la naturaleza (humanos, animales, plantas…) y la consiguiente comprensión del sufrimiento ajeno). 2. El discernimiento. En una época donde la desinformación, las teorías conspiratorias y las falsas creencias se han convertido en el nuevo dogma social, el discernimiento es uno de nuestros mejores valores. 3. El autoconocimiento y la expansión de la conciencia. La inconsciencia que siembran los medios de información se ha convertido en los cimientos de nuestra sociedad. La práctica del yoga busca descubrir quién realmente somos, más allá de los instintos, hábitos y creencias. 4. El carácter íntegro. La práctica del yoga ayuda a cultivar la honestidad, lo que lleva a los yoguis a buscar la autenticidad, la sinceridad, la no violencia, el desapego… 5. La perseverancia. La transformación interior requiere práctica constante en una sociedad donde prima la inmediatez. Alcanzar la iluminación no depende de experiencias extraordinarias, sino de la constancia.
• Mahashakti Escuela de Yoga Integral
Los valores fundamentales del yoga están perfectamente definidos en los Yoga Sutras de Patanjali a través de los dos primeros pasos del camino óctuple: los Yamas (Ahimsa, Satya, Asteya, Brahmacharya y Aparigraha) y los Niyamas (Saucha, Santosha, Tapas, Svadhyaya e Ishvara Pranidhana). Estos preceptos constituyen principios universales de existencia, transversales a cualquier tradición filosófica o espiritual profunda.
Para comprender por qué Ahimsa (la no violencia) brilla por su ausencia, no basta con mirar los conflictos armados más evidentes; es necesario analizar la violencia estructural que sostiene el tejido social actual. En la filosofía yóguica, Ahimsa no es la mera pasividad o la ausencia de agresión física; es un estado positivo de compasión universal, una actitud mental y espiritual donde no existe el deseo de dañar a ningún ser vivo, ni de pensamiento, palabra u obra.
Sin embargo, el sistema socioeconómico global opera bajo la premisa opuesta. Al elevar la competitividad al rango de virtud suprema, el capitalismo inocula en la mente colectiva el axioma de que para que uno gane, otro debe perder. Esta dinámica de mercado no es inocente: es una transposición de la ley de la selva al orden social. Bajo este prisma, el «otro» deja de ser un reflejo del Sí mismo para convertirse en un rival a batir, un obstáculo en el camino hacia el éxito o un recurso a explotar. La competencia es, en última instancia, la institucionalización del conflicto y la validación del miedo.
• Pablo Rego / Yoga sin Fronteras Argentina
El yoga nos llega como una disciplina determinada por unos valores preestablecidos, que fueron pasando de generación en generación. Si bien esos valores han sido cuidados y organizados a lo largo de los siglos, a los practicantes occidentales nos llegan como un compendio de conceptos que incorporamos en bloque a nuestra vida.
Al mismo tiempo, el yoga es una ciencia viva porque existe en los seres que cada día lo practican. Su dimensión práctica es fundamental; es imposible no tener en cuenta que, al mismo tiempo que nos referimos a los valores transmitidos por nuestros mayores, la práctica actual es el motor vital de esta disciplina.
• Blanca San Román /Dhara Yoga
Según las referencias dentro de los Yoga Sutras de Patanjali en los que se habla de cuál es el objetivo del yoga y cómo nos propone relacionarnos con el mundo que nos rodea:
Desarrollar una conciencia plena para poder observar nuestras acciones y la repercusión que tienen en nuestro entorno. • Cultivar una disposición favorable hacia los demás desde la amistad, compasión, alegría y desapego. • Evitar hacer daño a los seres que nos rodean. Sobre todo evitando mentir, codiciar y tomar lo que no nos pertenece.
• Montserrat Simón – Filosofía contemplativa
El primer punto sería acordar qué es el yoga o a qué nos estamos refiriendo cuando hablamos de yoga. Aunque existen distintas ramas del yoga desde la antigüedad, podemos convenir que se trata de una filosofía práctica que promueve la concentración sostenida y que busca en última instancia el conocimiento, que al disipar nuestra confusión acerca de la realidad, conduce a la liberación.
Esta diría que es una base común para distintas ramas del yoga, como puede ser el yoga de las Upaniṣad, el de la Bhagavadgītā, el de Patañjali, el yoga del śaivismo de Cachemira o el haṭha yoga.
Hay detrás una mirada filosófica que converge en muchos puntos, aunque también difiere en otros entre estas distintas ramas.
Además el yoga se refiere tanto a esa práctica filosófica que sirve como medio para la liberación/plenitud, como también a ese estado final de plenitud. A partir de ahí, y considerando que aquí nos referimos al yoga ante todo como camino:
Para mí es un valor esencial del yoga el anhelo de ver y de plenitud, el profundo deseo de vivir esa dicha infinita y libre que intuimos. Y que toda práctica, en cualquiera de sus aspectos (ético, postural, de la respiración, el estudio, la recitación, la concentración, etc…) sirva a dicho propósito y nos ayude a concentrar la mente hacia lo más profundo para dar con la verdad última. Y aunque puede haber prácticas de yoga que incidan solo en el aspecto mental, o de la actitud con que se realizan las acciones (ecuanimidad, desapego de los resultados…) sí es común a la mayoría de prácticas dar un espacio relevante al cuerpo y a la respiración.
Una práctica que no se lleve a cabo con el horizonte de la liberación/plenitud, no es yoga, en el sentido clásico.
• Isabel Ward/ Yoga Anandamaya
Los principios clásicos del yoga siguen plenamente vigentes porque no pertenecen solo a una tradición antigua, sino a lo más esencial de la experiencia humana. En un mundo acelerado, saturado de estímulos, comparación y ruido, cualidades como la no violencia, la verdad, la sobriedad, el no aferramiento, el contento, la disciplina o la ecuanimidad no han perdido valor: quizá hoy son más necesarias que nunca.
* Nota: Agradecemos las importantes aportaciones de las diversas escuelas y profesoras/es que participan en este informe. Destacamos la riqueza y variedad de puntos de vista y de matices, lo que sin duda pone en alto valor este trabajo en conjunto.
La presentación de nombres responde a un orden alfabético.
