Si vamos aprendiendo a calmar la mente, sentiremos que estamos ganando en energía, una energía de fuerza y de claridad, de vitalidad, de agradable firmeza positiva sin tensiones, ligada a una respiración a cada paso más amplia y honda, reconfortante y sanadora… Es la energía del prāna, la fuente original de la que emanan todas las demás fuerzas. Escribe Ilde Leyda.

Foto de Игорь Лушницкий
“Prāna signfica ‘lo que está presente en todas partes’ […]. Así, prāna, mente y respiración están interrelacionados […]. De hecho, una de las definiciones de la palabra yogui es: ‘aquel que tiene el prāna dentro del cuerpo’” . (T. K. V. Desikachar)
La energía del cuerpo físico
“Pero Ilde, tú ten en cuenta que todas las personas no tenemos la misma energía” (Cristina Sáenz de Ynestrillas)
“¿De dónde procederá esa energía que tan perceptiblemente irradian los yoguis, esa luz viva que, a veces, incluso parece como salírseles por esos ojos de mirada tan clara y serena y refulgente?”, recuerdo que me preguntaba yo de manera recurrente en mis inicios…
Nos explica al respecto T. K. V. Desikachar en Yoga, viaje al Corazón: “En la India creemos que lo que vemos del cuerpo físico no lo es todo. Hay cierta energía invisible basada en el cuerpo pero que va más allá de él y que puede expandirse o concentrarse en términos de espacio e intensidad. Llamamos a esto Prāna”.
“Lo que vemos del cuerpo físico no lo es todo”. (T. K. V. Desikachar)
Claro que seguramente todos hemos experimentado en algún periodo de nuestras vidas cierta falta más o menos acuciante, más o menos persistente, de energía. Me estoy refiriendo a esas fases en las que seguimos adelante, funcionales, funcionando, quizás en apariencia de manera normal y rutinaria aquí y allá, pero en las que, no obstante, a nivel interno claramente notamos que adolecemos del grado de vitalidad del que sí que solíamos disfrutar de forma habitual antes.
Desde un punto de vista occidental y más materialista, por supuesto que (por fortuna para todos nosotros) existen hoy en día infinidad de especialistas, ayudas, consejos, técnicas, tratamientos, etcétera, para tratar de paliar esas temporadas intentando evitar a toda costa que se cronifiquen; todo ello basado fundamentalmente en la introducción de cambios en la alimentación, en el ejercicio físico, los suplementos vitamínicos y otros tipos de complementos, en un mejor y más prolongado descanso profundo, unas vacaciones para desconectar de tanto estrés si es que es posible… Etcétera.
Prāna, la energía sutil
Pero, ¿esta energía, esa fuerza a la que nos referimos normalmente cuando aludimos a “la energía” es exactamente lo mismo que el prāna al que nos remiten los yoguis desde hace milenios como una de las claves primordiales a tener en cuenta en la práctica del yoga y en la vida en general?
Podría responderse que la energía física y biológica es una manifestación densa del prāna, que el prāna es la fuente original de la que emanan todas las demás fuerzas. Lo que han alcanzado a percibir los yoguis es que el prāna es la energía sutil, cósmica, pura, invisible e intangible, que permite y organiza la vida. En cambio, la energía normal y corriente, por (para entendernos) llamarla así, es la forma que adquiere el prāna transformado ya en materia y en fuerzas medibles como la electricidad celular, el calor corporal y las calorías que quemamos al movernos, por ejemplo.
Así pues, el prāna es la causa y sin el prāna sutil el cuerpo físico es un cadáver, ya que la materia sigue estando ahí, pero, por el contrario, la vida desaparece. Y la energía física, más basta, es el vehículo del cual se vale el prāna sutil para poder operar y expresarse así en este mundo. Al comer, al respirar o al descansar, por ejemplo, nuestro cuerpo no solamente absorbe los químicos ordinarios, sino que también extrae, para recargarse, el prāna que hay en ellos.
“El yoga es un asunto mental”. (Martyn Neal)
El Prāna y la mente
“Patañjali sitúa el yoga, sin ambigüedad, en el nivel del psiquismo. El yoga es un asunto mental». (Martyn Neal)
Prosigue Desikachar en Yoga, viaje al Corazón: “Uno de los factores más importantes que influye en la intensidad y la situación de este Prāna es el estado de la mente. En un texto sobre yoga se dice que cuanto más tranquila sea una mente, más se acercará el cuerpo energético al cuerpo físico y menos Prāna se malgastará”.
Así que hemos de aprender a cuidar el estado de nuestra mente, día a día, momento a momento, con el máximo esmero: es decir que si la persona está nerviosa y/o tensa, insegura, su mente, a consecuencia de ello, se acelerará, divagará, se preocupará, de forma más o menos neurótica. Y ese proceso, más pronto que tarde, acaba resultando agotador y, sin duda, generador de duhkha –malestar– (puede consultarse mi artículo Duhkha en YogaenRed), tanto para la mente como, sin duda, para el cuerpo.
Y viceversa: cuando el cuerpo se debilita o se tensa, la mente también le sigue.
Todos conocemos a esas personas que al salir de alguna prueba se sienten literalmente baldadas, en muchos casos probablemente no tanto por el esfuerzo y el tiempo invertidos en la preparación y realización de la misma –¡que también!– sino por el nerviosismo, la tensión y la preocupación por cómo les saldrá, por cómo acabará todo… Hay infinidad de ejemplos, claro, de cómo se sobrecarga hasta alcanzar incluso la saturación, se debilita y embota y bloquea el conjunto del organismo humano en situaciones de este tipo. Si, además, una persona padece este proceso diaria o casi diariamente debido a las circunstancias de su vida combinadas con su personalidad, el efecto llega a ser devastador a todos los niveles. La salud se va deteriorando rápidamente. Y una frase siempre pertinente que se me quedó grabada de Malou, la primera profesora de yoga que tuve, alumna a su vez de mi maestra Cristina Sáenz de Ynestrillas: “Si la persona está bien, su vida irá bien. Si la persona está mal, todo empezará a ir también mal en su vida”. Esto que, dicho así, tan simple y elemental parece, es seguramente, bien entendido (y aplicado, claro), una de las sabidurías más definitivas que nos pueda ser dado alcanzar.
Por consiguiente, en el yoga el trabajo dirigido a calmar el sistema nervioso y la mente es uno de los primeros pasos, de los más básicos y en el que no hay que descuidarse ni desanimarse jamás. Y no es como muchas veces me han comentado tantas personas a lo largo de los años: “Es que si yo voy a una clase de yoga me duermo”; sino, justamente al contrario, para procurar mantener la mente más tranquila, sí, pero bien despierta, más consciente; muy presente, sí, pero de manera notablemente más serena, saludable. El famoso sthira–sukha…
“El hatha yoga es prâna vrtti nirodha (el control de las fluctuaciones del prāna)”. (Krishnamāchārya)
En resumen, si vamos aprendiendo a lograr calmar nuestra mente, sentiremos cómo vamos ganando en energía, en una energía de fuerza y de claridad, de vitalidad, de agradable firmeza positiva sin tensiones, una energía de seguridad personal y de bienestar que irá ligada a una respiración a cada paso más amplia y honda, reconfortante y sanadora. Y a partir de esa sólida base todo lo demás va volviéndose más fácil y realizable en este camino infinito al que nosotros aspiramos en el yoga.
Mas ahora creo que no debería cerrar estas líneas sin citar al formidable Krishnamāchārya, gran maestro de maestros de increíble relevancia mundial: “El hatha yoga es prāna vrtti nirodha” (El hatha yoga es el control de las fluctuaciones del prāna).
“El rāja yoga es citta vrtti nirodha” (Yoga-Sūtra I.2) (El rāja yoga es la aptitud para dirigir la mente exclusivamente hacia un objeto y mantener esa dirección sin distracción alguna –en la traducción de su hijo Desikachar–).
Esto es, estabilizar y afianzar prāna y mente, mente y prāna, que vayan de manera gradual fluctuando menos y afinándose, afinándose…
Para ello el yoga nos propone infinidad de ejercicios, de técnicas. Por ejemplo, nos recuerda el maestro Martyn Neal: “Controlar, estirar, alargar la respiración constituye un medio valioso para alcanzar el objetivo del yoga”.
Ilde Leyda es profesor de Yoga desde 2003, alumno de Cristina Sáenz de Ynestrillas y de Martyn Neal. Ha traducido al castellano la tan bella como profundamente inspiradora obra Yoga, viaje al Corazón de T. K. V. Desikachar y Martyn Neal (Chinmayam Ediciones). Usted puede ponerse en contacto con él en ildeyoga@gmail.com.
