Esenciales: El viaje al Corazón

2026-05-04

¿Qué es eso “especial” que nos falta, ese aspecto o factor del que, por lo general, adolecemos y que le genera a la persona ese estado de descontento e inquieta y rutinaria insatisfacción? El Corazón, el núcleo del origen de nuestros contactos con esta realidad viva que, como humanos, experimentamos y transitamos. Iniciemos aquí el viaje hacia él. Escribe Ilde Leyda.

Desikachar y Martyn Reims 1991

T. K. V. Desikachar y Martyn Neal (Reims, 1991)

“No puedo comprender, oh Madhusūdana,
cómo aquel yoga,
descrito por ti como igualdad,
pueda tener una condición estable,
al pensar en el natural inquieto de la mente”
(Bhagavad Gîtā)

“La transformación personal, lenta y balbuceante, actuará cada vez más en el corazón del vínculo entre el Ser y el tener: entre quien soy yo eternamente y aquello que tengo durante un tiempo definido”. (Martyn Neal)

“Hemos progresado en muchos campos. Nuestros avances tecnológicos han sido tan extraordinarios que nos hemos convertido en expertos. Pero, a pesar de todo este conocimiento especializado y de la comprensión de los intrincados mecanismos de la vida, a menudo nos encontramos perdidos a la hora de explicar algunas simples experiencias cotidianas en nuestras relaciones con nosotros mismos y con los demás”.

Con estas reflexiones de T. K. V. Desikachar empieza ese tan bello y terso como lúcido texto titulado en castellano Yoga, viaje al Corazón (Chinmayam Ediciones). El título original de la obra en inglés es What are we seeking?, cuya traducción literal vendría a ser ¿Qué estamos buscando? Así que el español podría ser interpretado como la respuesta a la pregunta retórica que leemos en la portada de los ejemplares en inglés.

Incide el maestro de Chennai: “Incluso poseyendo muchas cualidades –capacidad intelectual, un bonito lugar para vivir, dinero en el banco– y pese a tener unas vidas interesantes y disfrutar de buena salud, todavía podemos sentirnos insatisfechos. Falta algo especial que no aparece automáticamente cuando tenemos todo lo demás. Por otro lado, algunas personas que han conocido una gran desgracia parecen plenas”.

¿Qué es, pues, eso “especial” que falta, ese aspecto o factor del que, por lo general, adolecemos y que le genera a la persona ese estado de descontento e inquieta y rutinaria insatisfacción? ¿Qué es eso que, según parece, sí que poseen o han alcanzado, paradójicamente, entre otras, esas “algunas personas que han padecido una gran desgracia”, pero que, en cambio, “parecen plenas”?

El Corazón, ese ámbito.

El Corazón (hrdaya)

Quizás, en este pasaje, sea conveniente recordar algo básico acerca del significado de esta palabra, por más que, claro, esto todo el mundo lo sepa: cuando hablamos del Corazón en este contexto no nos estamos refiriendo ni al órgano físico y, por lo tanto, material, tal cual, a ese músculo definitivamente vital de nuestro cuerpo, ni tampoco al corazón entendido de manera recurrente como el ámbito de lo pasional, de toda la raigambre fuertemente romántica y, normalmente, egocéntrica.

Escribo este “Corazón” al que aluden insistentemente los yoguis en letra mayúscula para que, siendo el mismo término, pueda distinguirse a simple vista de sus otras acepciones posibles; todas ellas de gran relevancia dentro de lo humano, por supuesto, nadie dice lo contrario. Y todas ellas, hasta cierto punto y en distintos sentidos, relacionadas entre sí.

De este modo es definida nuestra palabra de hoy en el diccionario de sánscrito de Òscar Pujol:
hrdaya: corazón. A menudo se entremezclan cuatro sentidos básicos:
1.-Órgano físico.
2.-Sede de los afectos.
3.-Sede del pensamiento o mente.
4.-Sede interior de la conciencia pura o espíritu incondicionado que está más allá de los afectos y del pensamiento (purusha)”.

Y de este modo comenta Desikachar el sūtra III.34 de Patañjali (hrdaye cittasamvit): “El corazón está considerado la sede de la mente”.

Este Corazón que andamos buscando, acerca del cual indagamos, nos preguntamos, es, al parecer, nuestro origen o, al menos, el núcleo del origen de nuestros contactos con esta realidad viva que, como humanos, experimentamos y transitamos y, más o menos, conocemos o, infatuados y limitados entre las tan sólidas paredes de nuestra “todopoderosa” racionalidad, creemos conocer.

Ahora bien, ¿qué podría motivar a alguien a emprender el viaje de vuelta hacia ese origen en gran parte (si no totalmente) olvidado, tapado, y aparentemente tan remoto ya debido al transcurso de los años en la vida de la persona? Muchas razones, muchas… Y de inconmensurable valor… Pero, sobre todo, para tratar de recuperar eso que falta y a lo que alude el título del primer capítulo de este libro de Desikachar y su discípulo Martyn Neal: Falta algo.

Límpida, compacta y total

Así pues –recapitulemos–, si el practicante de yoga llega a ser capaz, pasito a paso, sin apresuramientos tan innecesarios como contraproducentes, sin atolondramientos, mas sin desfallecer ni distraerse tampoco más de la cuenta en su singladura, de ir aproximándose a esa sede o ámbito aquí llamado Corazón, entonces su experiencia cierta –e incluso me atrevería a decir que incluso materialmente palpable– no solo del contentamiento, sino, según vienen sosteniendo desde hace milenios todos los yoguis, de la dicha plena, de una luminosa armonía inefablemente grata y bienaventurada y significativa, benéfica y revitalizante, le embargará y le hará sentir que ese Falta algo languidece y se apaga, pudiendo llegar a extinguirse incluso: y entonces ya no se adolece de nada y el Ser, de vuelta a su prístino espacio de partida, se complace, recobrado el núcleo de diamante de su Conciencia límpida, compacta y total.

Y ya para acabar, sí que me gustaría insistir de nuevo en que esto es lo que han coincidido en venir enseñándonos todos los rishis, todos los yoguis de los que nos han quedado registros, desde hace siglos, desde hace milenios… Y no se atisba tampoco razón alguna por la que tuviéramos que dudar en lo más mínimo de sus palabras, del saber acendrado por sus experiencias… O, ¿es que acaso pretendemos saber de esto nosotros más que ellos?

En cualquier caso, lo mejor que podríamos hacer es –como pasa siempre en todas las facetas sin excepción alguna del yoga–, mediante la práctica, cerciorarnos… Emprendamos nosotros mismos ese viaje hacia la unidad, hacia completarnos. Vayamos pues, pasito a paso, constantes, reduciendo esa agotadora dispersión embotadora en la que, por lo general, actualmente casi todos nosotros, fragmentados y nerviosos, deambulamos, nos vamos deshilvanando… No entremos tan deprisa en esa oscura noche…

Disponemos de tiempo, sí, aún deberíamos estar tranquilos, seguir tranquilos, sí, pero que tampoco se nos haga demasiado tarde…

¡Feliz, esclarecedor y vivificante viaje!

T. K. V. Desikachar (1938-2016), hijo y alumno del tan mítico como influyente yogui Krishnamāchārya, fue uno de los principales profesores de Yoga del mundo y está reconocido como heredero directo en el mundo moderno del linaje de los antiguos maestros.
Martyn Neal fue a partir de 1983 y durante más de treinta años uno de los principales discípulos y colaboradores de Sri T. K. V. Desikachar en Occidente.
Ilde Leyda es alumno de Martyn Neal desde 2019. Ha traducido al castellano Yoga, viaje al Corazón (Chinmayam Ediciones).