En 2008 la UNESCO inscribió el canto védico en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. En 2024 Ilde Leyda preguntó a Martyn Neal sobre su aprendizaje del Canto védico con su maestro T. K. V. Desikachar: «Me supuso una herramienta estupenda para meditar mejor». Aquí os ofrecemos la primera parte de esta interesante entrevista.

Martyn Neal ©C.Deschamps
Afirma el gran T. K. V. Desikachar en Yoga, viaje al Corazón, el libro que publicara junto a Martyn Neal: “Entonar estos pasajes tiene un efecto calmante, ayuda a la persona a estar más receptiva, feliz y saludable. Cuando el maestro canta, su intención es que el sonido entre en el corazón del alumno, para que así, cuando el alumno repita el canto, este tenga el mismo efecto que tuvo cuando inicialmente lo oyeron los grandes sabios. Para la boca es mucho más fácil reproducir correctamente un sonido que haya antes entrado en el corazón”.
Ilde Leyda: Cuentas que el mítico Krishnamāchārya, padre y maestro de tu maestro, iba la mayor parte del tiempo cantando, pero, antes que nada, Martyn, ¿qué es el canto védico?
Martyn Neal: En inglés se llama Vedic chanting. Y eso nos valdrá para especificar que cantar o corear (to chant, en inglés) no es lo mismo que cantar (to sing, en inglés). Existe una diferencia entre chanting y singing. Al cantar (singing) tenemos una melodía y muchas notas; en cambio, al cantar/corear (chanting) hay muy pocas notas. En el canto védico en concreto hay tres notas.
Por su parte, los Vedas son unos antiguos textos de la India considerados sagrados. Veda significa conocimiento, el conocimiento antiguo de la India. Se les denomina Shruti (lo oído). Según la tradición, los Vedas no fueron creados por seres humanos, sino que una o unas personas “los oyeron” estando en estado de profunda meditación para tratar de hallar las respuestas a las cuestiones trascendentales de la vida. Más tarde, a lo largo de milenios, se los fueron transmitiendo a otras personas valiéndose del canto védico (adhyayanam).
Hasta que no apareció la escritura todo esto solo podía transmitirse de manera oral. La tradición también afirma que si no se recibe del maestro de la forma adecuada, entonces faltará algo. Existe algo especial en esa situación de enseñanza maestro-alumno.
I. L.: ¿Cómo llegaste tú al canto védico?
M. N.: Fue a través de T. K. V. Desikachar. Yo encontraba muy interesante su modo tan armonioso de enfocar el yoga, así que en los años 70 busqué en Francia a alguien que fuese alumno directo suyo y di con François Lorin, quien fue su primer alumno europeo a partir de 1966. En abril de 1983 tuve mis primeras clases con Desikachar en Madrás (actual Chennai). E inmediatamente sentí que había encontrado al que iba a ser mi maestro de por vida.
Además, de joven yo era músico, así que la música estaba en mi interior. Sabía que él enseñaba canto védico, pero la verdad es que no quería desperdiciar mi tiempo (ríe)… Estaba interesadísimo en estudiar los Yoga-Sūtra con él, tenía preguntas acerca de la práctica del yoga, de cómo enseñar… Me hallaba plenamente inmerso en todos esos aspectos.
I. L.: ¿Y entonces?
M. N.: Entonces sí que llegó un día en que le pregunté si me enseñaría un poco de canto védico. Empezamos concretamente con laghunyāsah. Grabé algunas cosas en Madrás con él y durante los dieciocho meses siguientes las estuve practicando en Francia. Me di cuenta de que había encontrado algo muy valioso para mí. Así que luego, cada vez que viajaba a la India para continuar las clases con él, le pedía que fuera enseñándome algo más sobre el canto al igual que también sobre los demás apartados del yoga.
I. L.: ¿Podrías explicarnos su método de enseñanza del canto védico?
M. N.: Me dijo: “Es tan sencillo… Yo canto y tú repites”. Yo tenía el texto y podía mirarlo, pero me dijo que en sus orígenes en el canto védico no había textos escritos y los estudiantes únicamente escuchaban y repetían. Esto se denomina adhyayanam en sánscrito: el modo de escuchar y repetir hasta que nos lo sabemos de memoria y, a partir de ahí, ya podemos enseñárselo a otros. Es el método tradicional.
Yo sentía que Desikachar estaba muy atento a mis límites. Él iba adaptando las enseñanzas de manera que no me sintiese nunca desbordado o incapaz de seguirlas. Esto era muy propio de su personalidad y también un claro ejemplo del método Viniyoga de enseñanza, basado en la adaptación a cada individuo.
En otro momento proponía que pasáramos a otros textos. Y así estuvimos durante treinta años…
I. L.: ¿Qué puede alcanzar una persona mediante la práctica del canto védico? ¿En qué puede mejorar?
M. N.: A mí, en lo personal, me supuso una herramienta estupenda para meditar mejor. Antes de haberlo descubierto, cuando meditaba, estaba de hecho yendo y viniendo mentalmente en muchas direcciones sin ser del todo consciente de ello. Me percaté de que con el canto védico era inmediatamente consciente del instante preciso en el que surgía otro pensamiento distinto al de mi concentración en el canto. Y esto ocurrió ya justo al principio, nada más comenzar. Si pensaba en otra cosa, ya no estaba escuchando y le pedía a T. K. V. Desikachar que repitiera lo último. Eso era una prueba patente de que había perdido mi concentración.
Claro está que cuando hablamos de escuchar en este sentido no nos estamos refiriendo únicamente a los oídos, sino que va unido también a esta idea de la concentración que nos abre la puerta a la meditación. Comprobé que se trataba de una herramienta muy poderosa. Y me permitió ir desarrollando mi capacidad de concentración y esta fue volviéndose cada vez más y más estable. Personalmente, fue este el factor más relevante.
I. L.: La concentración, la meditación…
M. N.: Insisto en que la capacidad de escuchar está muy ligada a la capacidad de concentración y a la meditación: ¿Cómo podemos escuchar bien a las demás personas? ¿Cómo podemos escucharnos bien a nosotros mismos? ¿Cómo podemos escuchar correctamente el mundo? Es una forma de mantenernos concentrados, pero a la vez, de algún modo, abiertos. La concentración se centra en un punto, en algo. La escucha es más amplia, abarca más.
Martyn Neal imparte clases particulares y de grupo, tanto de yoga como de canto védico. También dirige cursos de formación de profesores, así como cursos y trabajos de posformación. La página de su escuela en el sur de Francia es: www.yoga-neal.fr
Ilde Leyda es alumno de Martyn Neal desde 2019. Ha traducido al castellano Yoga, viaje al Corazón (Chinmayam Ediciones).
