Esta entrevista la realizó Ilde Leyda hace unos años, pero nos permite conocer a la que fue su maestra, una de las mujeres más veteranas e interesantes de la enseñanza del yoga en España, Cristina Sáenz de Ynestrillas, que fue alumna de Claude Maréchal y de T. K. V. Desikachar y de la que existe escasa información. He aquí la segunda y última parte.

De izquierda a derecha, Cristina, Evelyn Figueroa, Emilio Serrano, T. K. V. Desikachar, Menaka (esposa de Desikachar), Mala Srivatsan y Claude Maréchal en Jesús Pobre (Denia) en los años 90.
(Ver primera parte)
«Las técnicas por sí solas no nos lo pueden dar todo. La profunda influencia de un maestro es indispensable para adquirir ciertas cualidades valiosas» (TKV Desikachar y Martyn Neal)
Aquí va la segunda entrega de la entrevista que le hice a Cristina a finales del año 2020. Entonces tuve una ocasión más de conversar con ella larga, tranquilamente, de los variados temas que fueron surgiendo. Una de las fortunas de mi vida, sin duda, fue dar en su momento con una escuela como la que ella tenía en la calle Loreto de Denia, dar con una maestra de yoga de la talla de Cristina. Ella me ha repetido muchas veces que, igualmente, de una forma o de otra, yo hubiese llegado al yoga porque el yoga era algo inherente a mí, algo que desde siempre estuvo conmigo. En cualquier caso, la realidad es que todo ha sucedido así como sucedió y que fue ella quien me concedió las claves, las pautas que yo había de seguir para poder ir comprendiendo, investigando, viviendo a cada paso un tanto mejor qué es el yoga, cuál es la esencia del yoga, su verdad y su fuerza, su claridad, la de esa ciencia milenaria tan exacta como, a partir de cierto nivel, indescifrable para la mente racional del ser humano por más brillante o audaz que esta sea.
Escribió Vivekananda: «Todo depende de la práctica. Nunca entendemos estas cosas hasta que no las experimentamos. Tenemos que comprobarlas y sentirlas por nosotros mismos. El mero escuchar las explicaciones nada nos dará».
Así que durante años estuvo Cristina diseñando mis prácticas, aconsejándome lecturas, recalcando qué aspectos o apartados debían enfatizarse en cada etapa de mi aprendizaje, animándome a que me hiciera profesor de yoga y creyendo en mí fuerte, decididamente, fuese cual fuese el oleaje.
Pero como suele decirse: «Nosotros al yogui (en nuestro caso, a la yoguini Cristina) no podemos conocerlo». Aun así, espero que valga la publicación de esta entrevista como modesto homenaje y muestra de mi profunda gratitud a esta maestra generosa, valiente pionera, talentosa, inquebrantable, irrepetible.
Consejos para quienes se acercan al yoga
—¿Cómo definirías brevemente el yoga para la gente que lo desconoce?
—El yoga es fundamentalmente la honestidad, el ser correcto en la vida. De hecho, había personas que dejaban de venir a mis clases precisamente por eso, porque no eran honestas… la envidia o poner la zancadilla a otra persona… La maldad no la concibo, existe… El egoísmo es otra cosa. Todos somos, en cierto modo, egoístas.
—Un consejo para alguien que quisiera empezar en el yoga.
—Debería empezar con las posturas y la respiración. Simplemente que aprendiera eso y, poco a poco, algo va pasando en tu interior cuando eres verdaderamente sincero. Hay que procurar no pensar sino centrar tu mente en tu respiración y en tratar de que haya perfección en el movimiento, evitar pensar mal, eso es muy importante.
—Y un consejo para los que ya hayan superado el nivel de principiantes… ¿Cuál es la clave para seguir aprendiendo?
—La sinceridad. Y no hacer daño. Al ser honestos podemos herir y eso hemos de evitarlo. Igual que hemos de evitar aquellas circunstancias o personas que nos obliguen a hacer daño a otros. La sinceridad contigo mismo te lleva a conocerte cada vez mejor: tus virtudes, tus defectos. Yo conozco muy bien mis defectos. Procuro suavizarlos y si logro hacerlos desaparecer, pues mejor que mejor.
Recuerdos especiales
—¿Con qué recuerdo especial te quedarías del yoga al cabo de todos estos años?
—Me satisface mucho el contacto que mantengo todavía con algunos alumnos y lo fieles que eran, lo poco que me faltaban a clase. Algunos de ellos todavía me llaman, me recuerdan. Y hay muchos profesores de yoga dando clase en diferentes lugares que han sido alumnos míos. Yo les he formado del mismo modo que me habían formado a mí. Y venía Claude Maréchal a dar clases durante las formaciones de profesores de mi escuela y a estar en el tribunal examinador de nuestra escuela Viniyoga. Y a algunas de mis alumnas las recuerdo con especial cariño.
—Tuviste alumnas y alumnos que apreciaban en ti algo más, que no acudían tan solo por el aspecto técnico, por decirlo así, de las clases.
—Sí que creo que influí en la forma de vivir de bastantes personas, mejoré su manera de vivir. Esas personas se pudieron dar cuenta de que no es lo material lo más importante. Que, sin duda, lo material es importante, no hay que quitarle importancia, pero no es lo fundamental en la vida. Hay que tener lo suficiente como para poder vivir decentemente porque si no se pasa muy mal y si tienes hijos peor aún. Pero nunca he pensado en tener mucho dinero. Emilio y yo podríamos haber hecho mucho más dinero. Pero está bien así: tener para vivir correctamente, tranquilos.
¿Quién somos? ¿Qué somos? ¿Qué es la conciencia?
—¿Qué enseña el yoga acerca de la muerte y de lo que pueda haber, si es que hay algo, tras la muerte?
—Algo tiene que haber. Yo no creo que te disuelvas en la nada. Pero después de muchas reflexiones que sigo haciendo no tengo ni la menor idea.
—Por ejemplo, allá en la India, de donde procede el yoga, creen en la reencarnación.
—Sí. A quien crea en la reencarnación yo no le disuado, le dejo con su creencia, pero yo, personalmente, no tengo ni la más remota idea de con qué me voy a encontrar. Sí que creo que hay algo detrás de todo esto, lo creo, pero no sé el qué. ¿Y tú?
—Yo espero practicar mucho más yoga, meditar mucho más y, a partir de ahí, con el tiempo ir sacando algunas conclusiones. Pero aquí la sabiduría, evidentemente, la has alcanzado tú, Cristina.
—Yo igual que tú.
—No, no, qué va, para nada…
—Hay muchas opiniones diferentes entre los yoguis sobre el más allá. Pero yo no me hago una idea, no puedo concebirlo.
—Hay yoguis que han asegurado que en sus prácticas y en sus meditaciones han llegado a tener clara conciencia de quiénes fueron o de qué fueron en vidas anteriores.
—Sí, pero yo no. Sí que creo, como ya he dicho, que hay algo más después, que este no es el final, pero no sé qué pueda ser, simplemente no puedo concebirlo. Tenemos algo más que el corazón y el cerebro en nuestro interior, algo intangible, no somos solo materia.
También te digo que mi ideal sería volverme a encontrar con Emilio, mi marido. Llevamos toda la vida juntos, desde los diecinueve años, desde que éramos dos críos. Pero no tengo ni idea.
—La vida…
—La vida me ha dado mucho. He tenido muy buenas amistades. Y tenemos a nuestras hijas que vienen a visitarnos a diario, comen con nosotros. Tenemos a nuestros nietos. Y la verdad es que no sólo no me puedo quejar de la familia que tengo sino que estoy muy orgullosa de ellos. Y ellos me quieren, que es muy importante. He tenido mucha suerte en la vida, la verdad.
Los grandes Maestros
—Para ir acabando me gustaría que nos dijeras algo acerca de cómo eran o siguen siendo esos rutilantes maestros que tuviste tú. ¿Cómo era T. K. V. Desikachar, el gran maestro de maestros?
—Era un profesor con unos conocimientos inmensos, con una creatividad asombrosa. Era ingeniero, pero dejó la ingeniería para dedicarse a la enseñanza del yoga. Era hijo y alumno de Krishnamāchārya. Fui alumna suya. Emilio y yo pasamos un tiempo en la India, en Madrás, para ir a su centro de estudios, el Krishnamāchārya Yoga Mandiram. También conseguí que viniese a Dénia. Estuvo dando clases aquí y se alojó en la casa que teníamos en Jesús Pobre. Era una persona que merecía un respeto muy especial.
—¿Y qué más añadirías a lo ya dicho sobre Claude Maréchal, tu maestro en Europa?
—Claude es uno de los mejores profesores de yoga que ha habido hasta ahora en Europa. Fue alumno de T.K . V. Desikachar. Y, a nivel pedagógico, inigualable. Con el tiempo, Emilio y yo nos hicimos amigos suyos. Su vida es el yoga. Casi no puedes hablar con él de nada que no sea el yoga. Vive para el yoga y en el yoga ha llegado donde poquísimos logran llegar.
—¿Qué puedes decirnos de Martyn Neal, quien también estuvo en el tribunal que te examinó a ti?
—Me consta que Martyn Neal también es uno de los excelentes profesores de esta escuela que ha seguido la línea de Krishnamāchārya a través de las enseñanzas de T. K. V. Desikachar. Pero yo nunca lo tuve como profesor. Me hubiera gustado asistir en algún momento a sus clases porque él ya formaba parte, sí, siendo muy joven, de los tribunales examinadores cuando me presenté para ser profesora. Sé que es un gran maestro afable y con sentido del humor. Como persona es muy agradable.
El Conocimiento
—Cristina, ¿cómo definirías el conocimiento?
—El conocimiento no son los conocimientos. Hay personas que tienen muchos conocimientos, pero que no tienen conocimiento. El conocimiento es la percepción clara, la comprensión clara, verdadera, de qué es cada cosa en el mundo, en la vida. El conocimiento está en nuestro interior. Uno puede ser analfabeto y, sin embargo, haber alcanzado el conocimiento y, al revés, uno puede tener varias carreras universitarias, haberse pasado toda la vida estudiando y, sin embargo, no poseer ningún conocimiento o poseer muy poco. Una cosa son los conocimientos y otra bien distinta es el conocimiento.
—Muchas gracias, Cristina, una vez más, por tu magisterio, por tu ejemplo y por todo.
Ilde Leyda es profesor de yoga desde 2003. Fue, durante más de diez años, alumno de Cristina Sáenz de Ynestrillas –alumna de Claude Maréchal y de T. K. V. Desikachar–. Desde 2019 prosigue sus estudios con Martyn Neal, uno de los principales discípulos de Desikachar en Occidente, con quien estuvo estudiando y colaborando durante más de treinta años.
Ilde Leyda es el traductor al castellano de Yoga, viaje al Corazón (Chinmayam Ediciones), de T. K. V. Desikachar y Martyn Neal.
Puedes contactar con él en ildeyoga@gmail.com o en el 653379095.
