¿Sabe en este mundo alguien más que los grandes, los verdaderos, yoguis realizados acerca de este asunto tan vital –sin la más mínima exageración– de la percepción? Vemos que dejaron escrito algunos de ellos sobre la delusión de esas luces cegadoras y férreas cadenas de la percepción. Escribe Ilde Leyda.
“No vemos las cosas como son, sino como somos”
(El Talmud)
“Hemos de ser cuidadosos si creemos que lo sabemos todo acerca de nuestra mente. Nuestros hábitos están siempre jugándonos malas pasadas”
(T. K. V. Desikachar y Martyn Neal, Yoga, viaje al Corazón)
“Por primera vez comprendí, no al nivel de las palabras, no por indicaciones incoadas o a lo lejos, sino precisa y completamente, a qué hacían referencia estas prodigiosas sílabas”
(Aldous Huxley, Las puertas de la percepción)
Muchísimo se ha escrito, pronunciado, establecido, especulado, errado acerca de la percepción; a veces mediante subjetivos tanteos más bien literarios o artísticos, en otros muchos casos de manera más científica; ora tratando de volver accesibles no sé qué intrincados vericuetos esotéricos, ora desde el exoterismo más puro y duro, casi diríamos ramplón, corto de miras, chabacano.
Pero, ¿sabe en este mundo alguien más que los grandes, los verdaderos, yoguis realizados acerca de este asunto tan vital –sin la más mínima exageración– de la percepción?
Que es vital lo entiende cualquiera, por muchas razones. Entre todas ellas, una de las principales es que según percibamos el mundo y nuestras vivencias en él, así viviremos o malviviremos, nos realizaremos o nos iremos autodestruyendo, nos despreocuparemos o nos angustiaremos y eso, lógicamente, determinará nuestro día a día, nuestro devenir, nuestra salud física y mental, nuestro destino entero… Claro que no es esta la única variable en la ecuación de nuestros respectivos itinerarios, pero sí que es una de las más importantes y decisivas.
Nosotros percibimos. Es un hecho aparentemente incontestable. Pero, ¿percibimos lo que es, lo que verdaderamente hay ahí? ¿Qué es eso que percibimos? ¿Es acaso la Realidad o es, más bien, como “una especie de realidad” más o menos turbia, densamente velada; a lo sumo, un vislumbre nuestro particular de la Realidad?
Esto nos dice Patañjali en el sūtra I.4 en la edición de T. K. V. Desikachar: “En ausencia del estado mental llamado Yoga, la aptitud para comprender el objeto se ve simplemente reemplazada por la concepción que la mente tiene de dicho objeto, o bien por una falta total de comprensión”.
“Por bueno que sea nuestro ojo, si el cristal está empañado, el objeto será percibido de forma borrosa” (T. K. V. Desikachar)
Y en esa misma edición de Desikachar de los Yoga-Sūtra de Patañjali dice así el sūtra III.35: “La mente, que está sujeta a cambio y ‘lo que percibe’ (purusha), que no lo está, están próximos pero son, sin embargo, de carácter distinto y diferenciado. Cuando la mente es dirigida al exterior y actúa de forma mecánica, dirigiéndose hacia los objetos, hay placer o dolor. Sin embargo, cuando en el momento adecuado una persona inicia una indagación sobre la naturaleza misma del vínculo entre ‘lo que percibe’ (purusha) y la percepción, la mente es desconectada de los objetos externos y aparece la comprensión de ‘lo que percibe’ (purusha)”.
Y comenta al respecto el maestro de Chennai: “Bajo la influencia de estímulos externos, la mente es un instrumento mecánico. Los resultados pueden ser desagradables. Esto sucede a pesar de la fuerza central de ‘lo que percibe’ . Por bueno que sea nuestro ojo, si el cristal está empañado, el objeto será percibido de forma borrosa. Por la práctica del Yoga podemos explorar los mecanismos de la actividad mental. Nuestras mentes alcanzan gradualmente un nivel en el que pueden estar desconectadas de los objetos externos. En este momento de silencio se hace evidente la comprensión de la fuente misma de la percepción”.
Incide Martyn Neal en su artículo Yoga Sūtra, la meditación y sus múltiples perspectivas, publicado en marzo de 2025 en YogaenRed: “La fuente de la percepción, purusha, no puede ser ‘captada’ por la mente. Los alicates no pueden pellizcar la mano que los sujeta…”.
Y acabaré esta breve incursión en este tema tan vasto con un fragmento de Juan Arnau en La mente diáfana: Historia del pensamiento indio: “En la percepción está la clave. Suscita la experiencia sensible del purusha y puede propiciar la supuesta liberación de este. Decimos ‘supuesta’ porque el purusha ya es libre. Lo único que hace el yogui es romper su identificación con el propio yo y con la mente, que, recordémoslo, es un órgano más de los sentidos. La mente logra su máxima claridad cuando se libera de la inquietud y la confusión (rajas y tamas). En este estado, la mente puede contemplarse a sí misma como si fuera algo exterior. Empieza entonces a desprenderse de sí misma, lo que indica que se está cerca del aislamiento de la conciencia (kaivalya), el fin último del yogui”.
En resumidas cuentas, promulga, tras la experiencia y la comprobación empírica, y nos enseña esta práctica milenaria del yoga a poder ir refinando gradualmente nuestra poderosa capacidad de percepción. Si lo vamos logrando, paso a paso, con paciencia, nos percataremos además de la felicidad inmensa que sentimos por el hecho de estar vivos y por ser conscientes de tal maravilla, por la experiencia de esta vida de cada uno de nosotros/as aquí y ahora; constataremos fehacientemente al tiempo que, si en algunos momentos no lo sentimos de ese modo, es sin duda debido a (avidyā) los vaivenes de nuestro ego caprichoso y –tal como lo calificaba el gurú Ramana Maharshi–“saltarín”.
Así que, aclarar y volver a aclarar o limpiar incesantemente nuestra fuente de la percepción, establecer esta prioridad en nuestro día a día… ¿Existe acaso alguna otra tarea más digna de ser emprendida por cualquier ser humano en cualquier época y/o latitud?
Ilde Leyda es profesor de yoga desde 2003. Fue, durante más de diez años, alumno de Cristina Sáenz de Ynestrillas –alumna de Claude Maréchal y de TKV Desikachar–. Desde 2019 prosigue sus estudios con Martyn Neal, uno de los principales discípulos de Desikachar en Occidente, con quien estuvo estudiando y colaborando durante más de treinta años.
Ilde Leyda es el traductor al castellano de Yoga, viaje al Corazón (Chinmayam Ediciones), de T. K. V. Desikachar y Martyn Neal.
Puedes contactar con él en ildeyoga@gmail.com o en el 653379095.

