Prosigue esta serie de artículos acerca de dos aspectos fundamentales en la “psicología” del yoga: vāsana y samskāra. En la primera parte vimos que su papel es considerable, puesto que, a cada instante, influencian a la mente consciente: empujan al individuo a experimentar cosas en el presente; le reenvían constantemente a su pasado; y le afectan en su capacidad de decidir libremente su porvenir.

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(Ver primera parte de este artículo)
En cuanto al término vāsana, la raíz significa “perfumar”. Puede compararse, a modo de ejemplo, al olor que deja el fuego de leña en la ropa que uno lleva puesta ante la chimenea. Las vāsana son innatas, están “almacenadas” en la parte oculta de la mente. Vienen a “perfumar” la parte consciente de la mente en función de los acontecimientos de la vida. Están latentes. Están esperando ser estimuladas por la interacción con el entorno.

Desde el momento en que una vāsana es así despertada, su “aroma” invade la mente consciente y “llama” directamente al o a los condicionamientos asociados (samskāra): la acción es el resultado (ver fig. de arriba). Los hábitos son, de alguna manera, la parte visible del dúo –latencias/condicionamientos– instigador de un gran número del conjunto total de actos realizados en nuestra vida (pueden verse también mis anteriores artículos sobre la acción en YogaenRed). Al igual que un iceberg, las vāsana son la cara sumergida y samskāra es la parte visible.
Vāsana: latencias innatas que vienen a “perfumar” la parte consciente de la mente en función de los acontecimientos de la vida.
¿De dónde provendrán estas latencias? Buena pregunta, ¡a la que el yoga elige no responder! O, mejor dicho, decir que no tienen un origen discernible en razón de su vínculo con el deseo de vivir, que, es en sí mismo eterno. Patañjali es muy pragmático: ocupémonos de nuestra condición humana tal como podemos percibir y pensar, en vez de dedicarnos a construir castillos en el aire… El hinduismo dice que las latencias, esas tendencias con las cuales nacemos, provienen de vidas anteriores. ¡Pero el yoga no es el hinduismo! No obstante, cada cual tiene libertad para sus opiniones.
Volvamos al esquema de arriba, que ilustra esto que yo sugiero como el desarrollo de la influencia de este dúo sobre los actos: contacto con el entorno → latencia que perfuma la consciencia → un condicionamiento asociado es llamado a la consciencia → acto. La latencia no necesita permanecer en la mente consciente, una vez que el hábito ha ocupado el terreno, y ella vuelve a descender a la parte oculta. Sin embargo, la tendencia es reforzada. Una vez finalizadas las acciones específicas de este acontecimiento lo mismo ocurre con el condicionamiento (ver fig. de abajo). Cada vez que una latencia y el condicionamiento asociado entran en la mente consciente, luego, cuando ya desaparecen de vuelta a sus territorios, se vuelven más fuertes. Esto se aplica tanto a nuestras cualidades y disposiciones positivas como a nuestras debilidades y comportamientos problemáticos.
Durante el confinamiento por la pandemia del covid, los casos de violencia intrafamiliar explosionaron. Esto ilustra cómo el medio, el entorno, modificado por el confinamiento, pudo conducir el “perfume” de la violencia presente en la parte oculta de la mente a la parte consciente, que a continuación generó la llegada de los hábitos asociados –la elevación de la voz, las palabras duras, la intimidación o incluso los gestos físicos violentos– y así fue desplegándose la violencia. Y cuanto más “habitual” es la violencia, mayor certeza hay de que se seguirá reproduciendo…

Sin embargo, podemos conservar la esperanza de crear las condiciones para los cambios favorables si desarrollamos más claridad y cuando cultivamos el estado de meditación (ver fig. de abajo). El yoga puede ayudarnos en esto, mas el camino es largo y angosto… Volveré sobre esto en un artículo posterior.

Existe, en la terminología sánscrita, el termino svabhāva, del cual debo hablar aquí. Esta palabra en efecto designa “su disposición natural”. Eso que hace que el oso hiberne y nosotros no, es svabhāva. Podemos hablar de factores genéticos que aparecerán pase lo que pase, mientras que las latencias son como las semillas que germinarán o no en función de las circunstancias. Patañjali nos señala que tenemos un número incalculable de vāsana. Así, uno fácilmente comprende que el medio en el que nacemos y crecemos influirá enormemente sobre quien uno “se vuelve”. Desde un punto de vista yóguico, son las latencias solicitadas las que hacen que uno adquiera los hábitos que tanto condicionan nuestra vida. Esta parte subconsciente de la psique –nos dice la psicología contemporánea– es aquella que no resulta plenamente consciente, pero que influencia la acción. Yo veo vínculos profundos entre lo expuesto por Patañjali hace alrededor de 2.000 años y lo que nuestros investigadores en psicología han ido avanzando desde hace doscientos años.
“El yoga es un samskāra” T. Krishnamācharya
Gracias a la práctica del yoga sobre una esterilla, podemos conocer grandes progresos en nuestras vidas a nivel de salud, de equilibrio y de relajación. ¡Eso es maravilloso! Hasta cierto punto, podemos también traer algunos cambios a nivel de comportamiento. No obstante, si es la libertad la que nos atañe, resulta indispensable, a mi entender, atender minuciosamente y con lucidez a los samskāra y a las vāsana –¡¡a los nuestros!!–.
