En mis cuatro artículos anteriores consagrados al tema del cambio (parināma), concluí que nuestra relación con la impermanencia es sin duda una de las claves de un “vivir feliz” sobre el que se funda el contentamiento (santosha). Comienzo ahora una serie de artículos acerca de dos aspectos fundamentales en la “psicología” del yoga.

Al igual que un iceberg, las vāsana son la cara sumergida y samskāra es la parte visible. Foto Wikimedia Commons
Su papel es considerable, puesto que, a cada instante, influencian a la mente consciente:
- Empujan al individuo a experimentar cosas en el presente.
- Le reenvían constantemente a su pasado.
- Le afectan en su capacidad de decidir libremente su porvenir.
Los condicionamientos y las latencias son los dos agentes de la acción automática.
Patañjali aborda el tema de los samskāra en el conjunto de los cuatro capítulos, en distintos contextos, mientras que vāsana no se aborda más que en el último capítulo. Me propongo desarrollar primero estas dos nociones y más tarde desarrollar los vínculos con el texto.
Estos dos aspectos son parte de eso que Patañjali llama sūkshma, la parte oculta o sutil de la mente (citta), al contrario que la parte vyaktā, aparente (ver YS IV.13). La parte “aparente” es el lugar de la percepción, la comprensión, la imaginación, el pensamiento, etc. Y la parte “oculta” alberga las latencias y los condicionamientos que influencian los actos (ver figura debajo). Podemos hacer un paralelismo con la psicología occidental y su concepción de la psique con una parte subconsciente y una parte consciente. No trataré de buscar sistemáticamente las equivalencias entre los análisis de la mente según los Yoga Sūtra y los de la psicología moderna, pero esta comparación sí que puede ser pertinente –volveré sobre esto más adelante–.

Veamos estas dos palabras –samskāra y vāsana– y las distintas maneras de entenderlas. Algunas personas afirman que son sinónimos. Personalmente las considero los dos agentes de la acción automática. Igual que la cuadrilla del camión de la basura: en cuanto el conductor para, los compañeros que van detrás bajan y traen el contenedor para vaciarlo. En este ejemplo, el conductor sería vāsana y sus compañeros que vacían los contenedores serían samskāra.
Samskāra: un trazo dejado por acciones anteriores y la huella que permite sus repeticiones futuras.
El término samskāra, palabra de un gran virtuosismo, ¡vuelve difícil la posibilidad de dar “una” traducción! Desikachar solía emplear varios términos dependiendo del contexto: hábitos, condicionamientos, tendencias, recuerdos o impresiones del pasado, huellas… Él decía que la raíz de la palabra significaba “hacer y rehacer”. Podemos concebir el concepto de samskāra como poseedor de un doble alcance: por un lado, un trazo dejado por acciones anteriores, vinculado pues con la memoria; y, por otro lado, la huella que permite sus futuras repeticiones de forma automática, como un reflejo.
Para daros un ejemplo, nuestra familia tiene dos caballos en un campo. Cuando la lluvia vuelve el terreno fangoso, entonces aparecen los trazos de sus cascos en el camino que conduce del campo hacia el cobertizo donde comen. Los caballos van sistemáticamente pisando las huellas dejadas en el barro por sus pasos anteriores. Dejaron unas primeras pisadas y después las han ido repitiendo, creando esos trazos dejados en la tierra, los cuales les animan a que sus cascos vuelvan a ellos, sin reflexión.
Este es un aspecto capital en la comprensión de samskāra: una vez grabado y repetido, la mente no necesita participar conscientemente en su repetición. El automatismo es su marca. Viene. No lo pensamos. Se trata, en el contexto del yoga, de un mecanismo. Lo mismo puede atraparnos y llevarnos a comportamientos nocivos, como liberarnos y conducirnos a comportamientos beneficiosos.
Krishnamācharya, al hablar del yoga en tanto que estado meditativo, decía: “El yoga es un samskāra”. Se trata pues de utilizar este mecanismo a favor nuestro. Cuando, en vuestras clases, el profesor os pide que repitáis seis veces la elevación de los brazos durante la inspiración y que los bajéis en la espiración estando atentos a lo que hacéis, está en el proceso de pediros implementar un samskāra y de que resistáis a la inconsciencia que se generaría de manera natural. Meted vuestros cascos en las huellas, pero conscientemente a cada paso…
Samskāra en otros contextos significa “los rituales”, los grandes ritos de purificación que jalonan la vida de un ser humano en la India. Son muy numerosos, empezando antes del nacimiento y continuando hasta la muerte, incluso más allá de ella… Por ejemplo, yo asistí a ceremonias en torno a las sandalias de Krishnamācharya. La persona que oficiaba debía verter diversos líquidos (leche, ghee, miel…) sobre las sandalias –que él se había calzado solamente una vez, justo antes de su muerte–.
Comenzó con doce ciclos de nādī shodhana prānāyāma, la respiración alterna, al tiempo que los asistentes cantaban pasajes de los véda. La idea es que estos gestos rituales, samskāra, van a purificar al oficiante antes del acto. En los Yoga Sūtra nunca encontramos esta palabra empleada en este sentido. Sin embargo, tal vez podamos por extensión establecer un vínculo con ciertos gestos rituales en lo cotidiano que son similares. Por ejemplo, el comportamiento hacia uno mismo (niyama) –cepillarse los dientes, por ejemplo– contiene este sentido de ritual purificador. Igualmente, el comienzo y el final de una sesión de yoga están bastante a menudo “ritualizados”…
Finalmente, el nombre dado a la lengua antigua de la India –el sánscrito– y que es la lengua de los Yoga Sūtra, proviene del término samskrta, que es el mismo del que deriva samskāra. Aquí designa “algo que tiende a la perfección”.
Martyn Neal fue alumno directo de T. K. V. Desikachar a partir de 1983 y continuó su profundo aprendizaje del yoga con él mediante visitas regulares a Chennai (India) hasta 2014, dieciocho meses antes del fallecimiento del maestro. Neal hacía a menudo de traductor de Desikachar cuando este viajaba a Francia a impartir sus cursos. Publicaron conjuntamente la obra What are we seeking? Además, entre muchas otras cosas, ha participado en varios libros más sobre yoga inspirados en las enseñanzas de T. K. V. Desikachar.
Ilde Leyda empezó a practicar yoga en 2001. Durante más de diez años fue alumno de Cristina Sáenz de Ynestrillas, alumna de Claude Maréchal y de T. K. V. Desikachar. Desde 2019 prosigue sus estudios con Martyn Neal. Ha traducido al castellano la tan bella como profundamente inspiradora obra Yoga, Viaje al Corazón (Chinmayam Ediciones) de T. K. V. Desikachar y Martyn Neal.
