Lo primero: ¿a qué nos referimos con «yoga tradicional»? A un camino integral de conocimiento profundo y transformación de la conciencia que utiliza enseñanzas y prácticas derivadas de tradiciones de la India. ¿Y «escuelas independientes»? Las que enseñan yoga tradicional y no puramente comercial ni pertenecen a una cadena empresarial ni a una organización global. Veamos a continuación cuál es su papel en la actualidad a través de diez interesantísimas reflexiones de docentes.

Foto de Akshi Yogashala
En el pasado mes de julio dedicamos cuatro reportajes sobre los principios clásicos del yoga, con los testimonios de 15 profesoras/es con amplia experiencia en la docencia de yoga tradicional. Hoy analizamos con su colaboración qué misión o propósito pueden cumplir las escuelas independientes en el revuelto, confuso y mercantilizado panorama de la enseñanza del yoga.
Hemos elegido el término «yoga tradicional»para entendernos más rápidamente, lo cual no significa que seamos muy conscientes de la complejidad de las tradiciones del yoga y de las influencias que lo enervaron sus prácticas a lo largo de miles de años. A ello dedicamos un capitulo anterior muy esclarecedor.
Por otra parte, hablamos de «escuelas independientes» a aquellas normalmente creadas por una persona con formación en yoga de raíz tradicional (siguiendo o no un estilo concreto o un linaje) y vocación de compartirlo en toda su profundidad, no concebidas como negocio ni enfocadas a una práctica exclusivamente física, y no dependientes de una cadena mercantil u organización global.
Estas son las reflexiones…
• Ana Canelada, escuela Ana Canaleda
El papel de las escuelas independientes es básico. Básico porque son la base. Son las encargadas de custodiar y transmitir una enseñanza que ha llegado hasta nosotros a través de una larga tradición. El yoga tradicional ha de mantenerse fiel a las raíces culturales, geográficas y de pensamiento filosófico, a la vez que ha de encontrar formas adecuadas para acercarse a los practicantes occidentales.
Adaptar la forma de difusión está en nuestras manos para que más personas puedan acceder a los beneficios del yoga. Pero también recae sobre nosotros la gran responsabilidad de no modificar, alterar o reinventar mensajes que no forman parte de la tradición.
Ha llegado hasta nosotros un conocimiento espiritual validado por miles de yoguis y yoguinis durante miles de años. Estudiado, practicado y transmitido durante generaciones. Nuestra tarea no es inventar algo nuevo, sino comprenderlo profundamente, experimentarlo y encontrar la manera adecuada de comunicarlo. Quizá sea necesario adaptar las formas de difusión y enseñanza pero sin alterar los principios fundamentales sobre los que descansa la tradición.
La cultura es diferente, el pensamiento filosófico es diferente, la sociedad tiene costumbres diferentes y también referencias religiosas diferentes. No es una tarea sencilla. De hecho, creo que es una de las labores más complejas que puede asumir un profesor de yoga y cada día soy más consciente de ello. Pero no es imposible. Con compromiso, sinceridad como estudiante, como sadhaka, y una comprensión clara de esas limitaciones, es posible realizar una transmisión ajustada al tiempo y al contexto en el que vivimos.
Las escuelas independientes que conocen, por experiencia propia, el valor de lo que transmiten, han de mantenerse fieles al mensaje.
• Mayte Criado, Escuela Internacional de Yoga
Si desaparecen las escuelas independientes, el problema es cultural. Las escuelas independientes no tienen necesariamente la misión de conservar el pasado, sino de preservar la profundidad del yoga. Lo profundo del yoga en mi escuela, la que yo he creado, no se parece en nada a lo que otras muchas sostienen.
Las escuelas independientes (no adheridas o identificadas con un linaje concreto) son aquellas que desarrollan un proyecto pedagógico propio, con libertad para investigar, enseñar y evolucionar. Estas desempeñan un papel fundamental y esencial porque aportan pluralidad y capacidad de innovación responsable. Al no depender de estructuras jerárquicas ni de modelos estandarizados, pueden desarrollar propuestas coherentes con su propia visión, investigar nuevas formas de enseñanza y adaptar el yoga a las necesidades contemporáneas sin perder el rigor.
Cuando esto sucede, la escuela deja de ser únicamente un lugar donde se imparten enseñanzas para convertirse en un espacio donde el propio yoga continúa desarrollándose. Las escuelas independientes no solo conservan un patrimonio de conocimiento; también lo amplían y lo intentan evolucionar.
Una escuela independiente tiene la responsabilidad de revisar críticamente aquello que transmite, distinguir entre conocimiento, creencia y opinión, y estar dispuesta a actualizar sus propuestas cuando aparecen nuevas evidencias o mejores formas de comprender la experiencia humana y las practicas o las técnicas. Para mí, formarse para obtener criterio es la clave mayor. Una buena escuela no solo transmite conocimientos; ayuda a desarrollar criterio, probablemente, una de las formas más profundas de libertad que puede ofrecer la educación, también la educación yóguica.
No solo formamos profesores de yoga, de alguna forma, hacemos valer una cultura: una manera de pensar, una forma de dialogar, un lenguaje, maneras de reflexionar y preguntar y criterios capaces de sintetizar el legado recibido de tantas fuentes, a veces tan diversas. Tiene muchísimo valor. Esta diversidad protege al propio yoga porque lo hace un camino vivo y evita una única interpretación, una única metodología o una única autoridad.
• Danilo Hernández, Bindu Escuela de Yoga
Dado el uso simplista y el carácter comercial con el que algunas organizaciones, franquicias e instructores están divulgando una parte de las prácticas del yoga, nos encontramos en una encrucijada en la que puede imponerse socialmente la visión de un yoga trivial, fragmentado y mercantilista que sigue ‘a pies juntillas’ las modas del culto al cuerpo. Un enfoque en el que se ignora y desaparece el verdadero horizonte de las enseñanzas del yoga. En cualquier caso, el que quiera tener un yoga simplista, que lo tenga, por qué no…
Corresponde a los profesores de yoga satisfacer la demanda e intereses de los practicantes, pero sin limitarles ni privarles de conocer la verdadera dimensión y los valores del yoga. Como profesor estoy a favor de incentivar e inspirar a los practicantes mostrándoles el amplio abanico de enseñanzas que ofrece el yoga.
También estoy a favor de que los profesores sigamos contribuyendo y trabajando juntos en la ‘difusión del yoga genuino’. El yoga que atiende a la necesidad fundamental de la persona, a su proceso de desarrollo integral y a su evolución como ser humano individual y social. Y esto nos concierne a todos y es una tarea a realizar por todos los profesores y practicantes que amamos el Yoga.
• Naren Herrero / escuela Satsanga Campus
Su papel es el mismo que el de cualquier escuela: compartir el yoga lo más honestamente posible para beneficio de sus practicantes.
• Olga Jiménez, Escuela Luz sobre el Yoga
Todo nuestro trabajo se basa en el boca a boca. Alumnos que nos acompañan ya desde hace más de una década siguen animando a otros a practicar. Nuestra escuela funciona muy bien por la enseñanza personalizada y los grupos pequeños donde cada alumno recibe el ajuste que necesita.
No hablamos de “comercializar” hablamos de trabajo transformador. Ahí no se falla y las personas fidelizan por lo que van experimentando.
Si nuestra pasión no es aprender, no tendremos nada que compartir con otros. Por eso me atrevo a afirmar que el camino de enseñanza del yoga solo puede ir de uno mismo hacia los demás. Practiquemos mucho, estudiemos y evolucionemos como personas y enseñar será un acto espontáneo fruto de nuestro trabajo previo.
• Pedro López Pereda, profesor independiente
Recordar la finalidad última del yoga. Según la tradición, el objetivo final no era la flexibilidad ni la relajación, sino la expansión de la conciencia del ser humano.
El yoga aspiraba a: 1. La paz interior. 2. La libertad respecto al sufrimiento. 3. El autoconocimiento. 4.La experiencia del Samadhi.
En palabras de Patanjali, el yoga es el aquietamiento de las fluctuaciones de la mente. Si una escuela no ayuda a avanzar en esa dirección, puede estar enseñando excelentes ejercicios, pero quizá no esté transmitiendo la esencia del yoga.
Para resumirlo en una sola frase: La misión de una escuela de yoga no debería ser formar practicantes más flexibles, sino personas más conscientes, más libres y con más discernimiento.
• Mahashakti, Escuela de Yoga Integral
En el panorama actual, el papel de las escuelas independientes de enseñanza tradicional es crucial desde la función de salvaguardar la esencia.
Las propuestas yóguicas contemporáneas que obvian estos valores para entrar en guerras de precios, tarifas planas y agresivas ofertas de pronto pago pueden obtener réditos económicos inmediatos, pero provocan que la fuerza y la pureza de la enseñanza pierdan fuelle.
Para nosotras, la verdadera potencia del yoga radica en su accesibilidad universal: que cualquier persona en la que se haya despertado una auténtica aspiración pueda acceder a nuestros cursos, retiros y formaciones, independientemente de su poder adquisitivo.
• Pablo Rego, escuela Yoga sin Fronteras Argentina
El compromiso de las escuelas independientes es sostener los valores en el mundo actual.
Las escuelas independientes son como pequeñas células con vida propia. Los profesores que llevan adelante estos proyectos personales lo hacen con un gran compromiso, uniendo la enseñanza de la disciplina con su propio desarrollo vital.
En Occidente, estas escuelas se han convertido en el espacio ideal al que muchísimas personas se animan a acercarse, ya que garantizan, sobre todo para quien no conoce el ambiente, una distancia prudencial de lo religioso o dogmático. Y es precisamente esa apertura lo que ha permitido su crecimiento.
Por esta misma razón, las escuelas independientes enfrentan grandes desafíos. El principal es sostener los valores del yoga tradicional para garantizar que se ofrece a la comunidad una disciplina auténtica. Por otro lado, al no contar con el respaldo de instituciones que recaudan fondos o donaciones a gran escala, deben aplicar al desarrollo de sus espacios las mismas reglas de la sociedad en la que se insertan. Esto incluye la formación, la infraestructura y, por supuesto, la necesidad de hacer de su actividad algo económicamente viable.
• Blanca San Román, Escuela Dhara Yoga
Desde las escuelas independientes intentamos dar una enseñanza personalizada y una atención más enfocada a cada persona. No enseño yoga como un molde para todo el mundo, sino que trato de guiar a cada individuo de forma particular desde su necesidad y anhelo.
Y creo que para ello no hay que entrar en competencia con otras formas de enseñar o vender el “producto”. Más bien pienso que las escuelas y estudios independientes tenemos que resaltar nuestra particularidad y aquello que nos distingue. Esto obviamente tiene un precio, no es lo mismo comprar el pan en un supermercado que en una panadería artesanal donde se pone un cuidado especial en la calidad de los ingredientes y en la elaboración. Igual que no es lo mismo una clase con 30 alumnas/os y un profesor con micrófono dando instrucciones generales que una clase con ocho personas donde el profesor te da indicaciones adaptadas y tiene en cuenta tu particularidad.
• Montserrat Simón, escuela Filosofía contemplativa
Debemos transmitir el yoga con la mayor coherencia e integridad posible.
Muchas escuelas de “yoga” no tradicional han contribuido a que se reduzca el yoga a una práctica estrictamente física. Y han subestimado la importancia del núcleo filosófico (el yoga es ante todo una filosofía práctica) y han generado embrollos conceptuales o hacen decir a una supuesta tradición cosas que no dice, y si lo hace, me gustaría que mostrasen dónde.
De todos modos, quisiera matizar que creo que no debemos caer en etiquetajes de “yoga tradicional” como si se tratase de un dogma, porque entonces convertimos la herramienta en un yugo (palabra que comparte raíz con yoga) que en lugar de servir al propósito de unir y concentrar la mente, nos vuelve esclavos de una imagen de nosotros mismos y del otro, forjando el sentido de separatividad.
Creo que es importante para las escuelas independientes de yoga reivindicar el sentido último del yoga, con todo su amplio abanico de distintas propuestas (“clásicas” si así se quiere decir) sin convertirlo en un estandarte identitario de “los que seguimos el verdadero yoga” vs. los que no lo hacen.
Y con el marchamo de lo “tradicional”, no caer en un yoga dogmático, que trata de seguir fórmulas prescritas sin una comprensión profunda. Muchos profesores se enredan en moralismos y creencias del ego espiritual, haciendo tanto o más daño que escuelas que han reducido el yoga a una mera gimnasia.
• Isabel Ward, escuela Yoga Anandamaya
Las escuelas independientes tienen aquí un papel importante. Son espacios donde todavía puede sostenerse un yoga con profundidad, contexto y transmisión real, sin reducirlo únicamente a una oferta rápida de bienestar o a una práctica puramente comercial.
* Nota: Agradecemos las importantes aportaciones de las diversas escuelas y profesoras/es que participan en este artículo. Destacamos la riqueza y variedad de puntos de vista y de matices, lo que sin duda pone en alto valor este trabajo en conjunto.
La presentación de nombres responde a un orden alfabético.
Próxima entrega: Cómo pueden estas escuelas independientes mantenerse económicamente viables en los tiempos del yoga puramente comercial de bajas tarifas.
