¿Qué aportan los valores clásicos del yoga a la sociedad actual?

2026-07-16

Estamos publicando un completo informe sobre cómo se entiende hoy día el yoga, para el que hemos contado con las aportaciones de acreditadas escuelas y profesores/as de yoga tradicional independiente. En un momento social de confusión general que amenaza también al yoga, tener respuestas confiables permite a los practicantes disponer de información decisiva para dirigir sus esfuerzos de evolución personal.

Yoga serie 11

Esta es la tercera entrega del informe que estamos publicando cada semana en torno a 4 puntos nucleares:

  1. Qué se consideran ‘valores clásicos’ o esenciales del yoga (publicado).
  2. Por qué habría que mantenerlos (publicado).
  3. Qué aportan en la evolución de la sociedad en la actualidad.
  4. Cómo podemos colaborar a difundirlos.

 

3. Qué aportan en la evolución de la sociedad en la actualidad

• Mayte Criado / Escuela Internacional de Yoga

Para mí, el mayor legado del yoga no es la disminución del estrés o la obtención de una vida calmada, sino el poder estar presentes en lo que sea que nos ofrece nuestra realidad existencial con un nivel diferente de conciencia.

Nuestro mundo dispone de más conocimiento que nunca y, sin embargo, continúa mostrando enormes dificultades para gestionar la complejidad humana, la presencia, la incertidumbre o simplemente la convivencia. Por más gurús que nacen y se desarrollan, más caminos y enseñanzas que se transmiten, no logramos evolucionar para que estos valores de los que hablamos se expresen en nuestro entorno sin mayor cuestionamiento. No necesitamos más información, ni siquiera sobre el yoga y su historia milenaria. Nos desborda. Necesitamos desarrollar una conciencia capaz de discernir, integrar y sintetizar inteligente y sabiamente la inmensa cantidad de información que ya tenemos.

El yoga aporta algo primordial: un camino de desarrollo de la conciencia. En ese camino, todo son señales, guías, referencias, códigos, técnicas. Cada cual con lo que considera más cierto, más genuino, más consistente. Porque ninguna de ellas constituye el yoga en sí mismo. Todas apuntan hacia una experiencia de transformación que solo cobra sentido cuando se hace vida. Sea como sea, este entorno que llamamos sociedad actual solo puede trascender gran parte de sus conflictos si en verdad esculpimos una conciencia más evolucionada, desde la que cooperar, dialogar y construir comunidades capaces de encarnar esos valores que promulga el yoga.

• Ana Canelada

La sociedad actual adolece de una excesiva velocidad en sus acciones, de poca atención y de una cierta falta de coherencia entre lo que hacemos, decimos y pensamos. También de un exceso de individualismo donde con frecuencia el beneficio propio parece ocupar el centro de nuestras acciones.

Trabajar para mantener una mente en calma nos ayuda a comprender que vivimos en relación con los demás y que formamos parte de una comunidad. La sociedad no es algo ajeno a nosotros; está formada por individuos. Cuando una persona se esfuerza por mantener una vida equilibrada, ajustada a principios sanos y beneficiosos para el conjunto, está contribuyendo también al cambio social.

Una mente en calma, no reactiva, firme en las convicciones pero compasiva, consciente de los retos actuales y confiada en la posibilidad del cambio, es precisamente lo que nuestra sociedad necesita.

Nuestra sociedad necesita menos reacción impulsiva, más amplitud en la visión de la realidad; más madurez para reconocer la etapa vital en la que se encuentra cada persona y lo que ello implica. Una mente en calma reconoce que lo verdaderamente importante no tiene que ver con números, beneficios, visitas o visualizaciones. Una mente en calma va a valorar la compasión, el amor, la compañía.

Una mente en calma puede ver. Una mente en calma puede escuchar. Una mente en calma tiene un camino que seguir y aún con dudas, continúa. Una mente en calma sabe comprometerse. Esta sociedad necesita más mentes sosegadas y coherentes.

• Montserrat Simón – Filosofía contemplativa

 Si realmente se practica el yoga con ese anhelo de ver, abiertos a ir descubriendo en qué consiste nuestra ignorancia y soltarla, tarde o temprano la luz que nos permite darnos cuenta de ello brillará con claridad y la mente que recibe esa luz se hará una con ella.

Cuando tenemos verdadero interés en ver (y por tanto estamos dispuestos a soltar lo que creemos conocer) nos abrimos a la vida, a lo que sentimos, a lo que pensamos, al otro… Y ahí los conflictos con uno mismo, y con los demás, van cayendo ante una mirada que descansa en la luz que alumbra lo que sea que se le presenta. ¿Cómo sería una sociedad en la que las personas mirásemos desde esa lucidez?, ¿cómo sería una sociedad en la que nos reconociésemos libres? O incluso, por no irnos a los resultados, ¿cómo sería una sociedad de personas que tratan de mirar y abrirse a la verdad con toda la honestidad de la que son capaces en cada momento?

Pedro López Pereda

En el Sutra 30 del libro de la interiorización de los aforismos de Patanjali, se nos habla de los nueve obstáculos que generan la dispersión de la mente. Si trasladamos estos obstáculos a la sociedad moderna, el concepto clásico de los siete pecados capitales se convierte en:

1. Consumismo (la tiranía de las marcas). La creencia de que la felicidad depende de poseer lo que nos imponen los medios, que fomentan el deseo permanente de comprar y sustituir. 2. Narcisismo. La obsesión por la propia imagen, la necesidad de reconocimiento y la búsqueda de validación constante, especialmente en redes sociales. El «yo» se convierte en el centro de todo. 3. Indiferencia. La renuncia a implicarse en los problemas de los demás. Ver injusticias o sufrimiento y pensar: «No es asunto mío».4. Rivalidad social. Compararse continuamente con los demás. Las redes sociales han multiplicado la sensación de que la vida ajena es mejor que la propia.  5. Ira y polarización. La agresividad verbal, el enfrentamiento permanente y la incapacidad para dialogar. Se observa en la política, las redes y muchos debates públicos. 6. Hedonismo compulsivo. La búsqueda incesante de entretenimiento y estimulación inmediata. La dificultad para tolerar el silencio, la espera o el esfuerzo prolongado. 7. Avidez de “información”. Consumir noticias, vídeos, mensajes y estímulos de manera compulsiva. Mucho conocimiento superficial y poco tiempo para la reflexión profunda.

Desde una perspectiva yóguica, estos siete “pecados modernos” podrían resumirse en uno solo: la desconexión del Ser.

• Naren Herrero / Satsanga Campus

La armonía social es un reflejo de la armonía individual, por tanto en la medida que crecemos en amor, discernimiento y acciones dhármicas la sociedad también evoluciona en ese sentido.

• Blanca San Román /Dhara Yoga 

Vivimos en un momento histórico convulso donde se repiten atrocidades del pasado como si no hubiéramos aprendido de sus consecuencias.

Encuentro que el entendimiento correcto de los valores de la filosofía del yoga nos conduce a un cambio personal profundo que puede impactar de forma muy positiva en nuestro entorno cercano.

El yoga moderno es más accesible a toda la sociedad y eso permite que la esencia de los valores pueda llegar a más personas.

• Isabel Ward / Yoga Anandamaya 

Cuando hablamos de los valores del yoga, no nos referimos solo a una moral externa o a un conjunto de normas, sino a orientaciones profundas para vivir con más conciencia y coherencia.

El yoga clásico nos recuerda que no cualquier manera de vivir conduce a la paz. La violencia, la mentira, el exceso o la dispersión generan sufrimiento; la atención, el cuidado, la verdad y la práctica sostenida ordenan la vida desde dentro.

En este sentido, el yoga sigue aportando algo muy valioso a la sociedad actual: una vía para reencontrarnos con lo esencial. No solo a través del cuerpo, sino también del silencio, del discernimiento, de la presencia y de una relación más amable con uno mismo y con los demás.

• Mahashakti Escuela de Yoga Integral

 La sociedad actual se rige por un modelo que nutre y se justifica a través de una profunda psicología de la escasez. A diferencia de la cosmovisión yóguica, que reconoce la abundancia inherente de la vida y promueve el contentamiento (Santosha), el paradigma actual genera la ilusión de que los recursos —materiales, económicos e incluso afectivos— son limitados y que la supervivencia depende de la acumulación agresiva (Aparigraha a la inversa).

Cuando esta mentalidad de escasez y competencia se traslada a la geopolítica, las consecuencias son devastadoras. Asistimos a una preocupante normalización de la impunidad. Si en épocas pasadas los líderes internacionales buscaban justificaciones ideológicas o morales inverosímiles para iniciar un conflicto, hoy las máscaras han caído: las guerras se impulsan y se financian abiertamente por el control de recursos energéticos, rutas comerciales o hegemonía financiera. Los principios del derecho internacional se supeditan al beneficio corporativo y estatal.

Esta violencia estructural se filtra de arriba hacia abajo, manifestándose de forma evidente en el discurso público. Los principales mandatarios globales adoptan con frecuencia actitudes de «matones», sustituyendo la diplomacia, la escucha y el respeto por la intimidación, el insulto y la polarización estratégica. La palabra, que según el principio de Satya (la verdad) debería estar al servicio de la armonía y la elevación, se utiliza hoy como un arma de destrucción masiva de la paz social.

La sociedad actual padece una preocupante atrofia de la mansedumbre y la templanza. La templanza se confunde erróneamente con la debilidad, cuando en realidad representa el máximo dominio de uno mismo; es la capacidad de refrenar los impulsos de la vertiente más básica del ego para actuar desde la conciencia. Al desterrar estos atributos, los distintos ámbitos sociales —desde el debate político hasta las interacciones cotidianas en redes sociales— se convierten en un reflejo de esa hostilidad macroeconómica.

Mantener vivos los principios clásicos del yoga es imperativo porque actúan como un faro ético en tiempos de desorientación colectiva. El yoga tradicional no busca el aislamiento, sino la transformación del individuo para la evolución de la sociedad. Al cultivar la no violencia, la honestidad y el contentamiento, aportamos una alternativa real a la cultura del consumo y el conflicto.

Nuestra escuela, junto al resto de centros clásicos o tradicionales —que no tradicionalistas—, mantiene esto muy presente. Nuestro propósito es encarnar estos valores en nuestra vida diaria, en la gestión de nuestros proyectos y, de manera primordial, trasladarlos a nuestros alumnos y alumnas.

* Nota: Agradecemos las importantes aportaciones de las diversas escuelas y profesoras/es que participan en este informe. Destacamos la riqueza y variedad de puntos de vista y de matices, lo que sin duda pone en alto valor este trabajo en conjunto.
La presentación de nombres responde hoy a un orden aleatorio.

(Entrega del próximo jueves: 4. Cómo podemos colaborar a difundir los valores del yoga)