Eslabón perdido entre la danza ritual y las ásanas, la Bharatanatyam es una de las danzas sagradas y clásicas más antiguas de la India, nacida en los templos del sur del país hace más de 2000 años, en el estado de Tamil Nadu. Es mucho más que una danza artística. Tradicionalmente es considerada una forma de yoga en movimiento, una vía de devoción y meditación. Escribe Pedro López Pereda.

Danza Bharatanatyam. Foto wikicommons.
Según una leyenda, un grupo de “sabios” habitaba en lo profundo de un bosque, realizando complicados rituales, convencidos de tener el dominio sobre todos los poderes espirituales. Un día, Shiva apareció con la apariencia de un asceta menesteroso y extraño. Los falsos rishis se sintieron molestos, pues consideraban que esa parte del bosque les pertenecía, de manera que decidieron expulsar de su territorio a aquel ser de aspecto desastrado.
De manera que utilizaron sus poderes mágicos para enviarle un feroz tigre, creyendo que así conseguirían ahuyentarle. Sin embargo, Shiva luchó contra el tigre, le venció y se hizo una capa con su piel. Entonces le enviaron una peligrosa serpiente cargada de veneno. Pero el dios también sometió a la serpiente, utilizándola a modo de collar.
Los santones, asombrados y molestos, decidieron emplear de nuevo su magia para crear un demonio enano y malévolo, llamado Apasmara, para atemorizar a Shiva y hacerle huir. En cambio, el dios se mostró calmado, se subió sobre el pequeño demonio y comenzó a danzar sobre él, convirtiendo el caos en ritmo y la hostilidad en armonía.
Esa danza que ejecutó Shiva, representando la destrucción de la ignorancia y de la maldad humana, recibió el nombre de Tandava, que simboliza el ciclo cósmico de la creación, la preservación y la destrucción. Es considerada la fuente de todo movimiento en el Universo y la base de las danzas ancestrales de la India. Mucho tiempo después surgió de ella la postura de yoga Natarajāsana (la postura del Señor de la Danza) creándose un precedente para la creación de nuevas ásanas con un profundo contenido.
La escultura atávica
Natarajāsana probablemente fue inspirada por las esculturas sagradas de Shiva danzando. Este tipo de figuras que han llegado hasta nosotros y que representan al dios en pose de danza, son muy importantes para comprender el origen de muchas ásanas, porque sugieren que muchas de ellas nacieron para encarnar deidades mitológicas fácilmente identificables por los fieles que no tenían acceso a las escrituras.
En la danza de Shiva, la forma se convierte en lenguaje metafísico relacionado con el sonido y la vibración. Para el shivaísmo, el Universo nace de la vibración, no de la materia sólida. La vibración es danza, ritmo y sonido. Por eso Shiva danzante está íntimamente unido al Om y a Nāda (sonido primordial).
Por consiguiente, este tipo de esculturas sugieren que muchas ásanas de yoga no nacieron simplemente como preparación a la meditación, sino para encarnar símbolos, representar a una gran diversidad de animales, reproducir diferentes fuerzas de la naturaleza y transformar la conciencia, entrado en estados rituales profundos.
Las primeras ásanas fueron una forma de congelar en una postura estática un instante de una danza sagrada (la Bharatanatyam)
Qué representa Natarajāsana
- Cabello en forma de corona: Representa la energía espiritual ascendente saliendo de Sahasrara. Es la conexión con lo divino.
- La mano sujeta al pie del mismo lado: Representa nuestro control sobre el cuerpo y la mente. Las manos, durante siglos, han sido nuestros instrumentos de trabajo y representan nuestro futuro y el esfuerzo que nos lleva a lo superior.
- El brazo extendido hacia adelante: Simboliza la fe y la confianza plena en algo o alguien que puede supeditar nuestro futuro.
- El Mudra: Este gesto se conoce comúnmente como Gyan Mudra (el mudra del conocimiento) o Chin Mudra (el mudra de la conciencia). Es uno de los gestos más utilizados en la meditación y el yoga para mejorar la concentración y calmar la mente. En la antigüedad, al realizar esta ásana, se utilizaban otros mudras diferentes a los actuales para referirse a las cualidades de Shiva. Pero dado que uno de los atributos más representativos de este dios es la toma de conciencia, actualmente es una posición de las manos que suele acompañar a la postura.
- Pecho abierto y mirada al frente: Representa la expansión del corazón, la concentración y la presencia plena.
- Cinturón tallado y joyas: Alude a la energía vital que sostiene la danza del Universo.
- Tonicidad y firmeza en la pierna de apoyo: Es la estabilidad, el enraizamiento y la conexión con la Tierra.
- Elevación de la otra pierna: Representa la elevación por encima de la ignorancia y el impulso hacia lo divino.
- Shiva pisa al demonio Apasmara: Apasmara simboliza la ignorancia espiritual, el ego, la ceguera de la vida mundana y la confusión, obstáculos que impiden nuestra liberación. Se cree que el lugar donde Shiva posa su pie al danzar sobre el demonio representa el centro del Universo.
El eslabón perdido nació en la Bharatanatyam
La Bharatanatyam es una de las danzas sagradas y clásicas más antiguas de la India, nacida en los templos del sur del país hace más de 2000 años, en el estado de Tamil Nadu. Es mucho más que una danza artística. Tradicionalmente es considerada una forma de yoga en movimiento, una vía de devoción y meditación.
Era interpretada por las devadasi, mujeres consagradas al templo, que danzaban como ofrenda a los dioses, y a las que podemos considerar las madres de las ásanas.
Un rasgo característico de esta danza, además de las poses corporales, las posiciones de la cabeza y los movimientos oculares, era el empleo de mudras. Mediante un sinfín de posiciones de las manos, las devadasi pretendían comunicar diferentes ideas y transmitir conceptos sin necesidad de utilizar palabras. De hecho, se considera que este sistema de mudras es el primer antecedente de la actual lengua de signos utilizado por las personas con sordera.
Los antiguos tratados, como el Natya Shastra, atribuido al sabio Bharata Muni, describen sus fundamentos: posturas corporales, gestos simbólicos, emociones, ritmos, expresión espiritual, devoción y conciencia.
Durante siglos estuvo profundamente unido al culto de Shiva Nataraja, “el Señor de la Danza Cósmica”.
