Repensar el yoga (5): Las narrativas del yoga

2026-04-06

Algunas personas no tienen problema en soportar el dolor de la práctica y sin embargo son incapaces de sostener una conversación difícil. Confrontar incomoda, pero revela las incongruencias del discurso de la positividad extrema. Las narrativas del amor universal no suelen admitir de buen grado el desacuerdo, la disidencia ni lo salvaje. Escribe José Manuel Vázquez.

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Muchas comunidades de practicantes prefieren la cohesión superficial al diálogo real; y es lícito, pero insostenible en el tiempo. Muchos profesores evitan posicionarse para no perder alumnos y es perfectamente comprensible, pero a costa de qué.

Las técnicas de yoga pueden regular el sistema nervioso, pero no necesariamente fortalecen la capacidad de confrontación ética. En muchas salas de yoga se puede llorar, pero no disentir. Quizás el yoga del futuro necesite conversaciones incómodas sostenidas con presencia. Hay clases donde se privilegia la voz suave antes que la verdad. Queremos crecer, pero a veces se nos habla como a niños pequeños.

Enfatizar el silencio, la aceptación y la ecuanimidad tiene la noble intención de señalar lo deseable y sanador. Sin embargo, en ocasiones, se puede convertir en una forma sutil de represión emocional. Parece común confundir inhibición con regulación, callar con integrar. Cuando se necesita expresar lo que se siente, la imposición del silencio puede funcionar como una forma sutil de control. Ser ecuánime cuando la balanza está desequilibrada puede blanquear el peligro e incapacitar para la acción.

No siempre estamos en disposición de habitar el silencio, la armonía ni la calma. Ser ecuánime es el resultado de una larga reflexión sobre las dinámicas relacionales fallidas. Aceptar no es tragar; más bien señala la acción de hacer espacio a lo que no ha podido ser metabolizado. El silencio interior es consecuencia de haber hecho las paces con demonios y fantasmas del pasado. El cuerpo que calla no integra; el cuerpo que deja de sentir se pierde. Hay silencios que congelan la sangre y otros que son fértiles en revelaciones. Entre ambos hay un abismo.

En otros contextos también sucede que se busca la intensidad de la catarsis y se idealizan las experiencias pico. Retiro tras retiro el chute de dopamina se puede disfrazar de búsqueda espiritual. No siempre es fácil integrar con salud la potencia de los cuerpos y cuesta cambiar las conductas adictivas. A veces el síntoma protege, da soporte a una identidad que necesita del conflicto para sentirse viva. La senda de la mejora pasa en ocasiones por un desierto que no queremos cruzar.

El yoga no nos hace mejores que los demás; la espiritualidad dignifica cuando no se utiliza como huida. Quizás la narrativa actual del yoga nos devuelve una imagen que no siempre nos gusta. El yoga contemporáneo ofrece tal variedad de experiencias que no pueden resumirse en un solo aforismo. El consenso permanente produce cohesión aparente, pero también calla verdades. La positividad continua genera fatiga. El relato de armonía perpetua invisibiliza tensiones reales como la precariedad laboral o el uso indiscriminado de las narrativas del yoga. Cuestionar no destruye a la comunidad, sino que la fortalece.

José Manuel Vázquez Díez.Formador de profesores de yoga, psicólogo y autor de ‘Yoga Orgánico’