Yoga Sūtra / La acción (karma), por Martyn Neal (4ª parte)

2026-01-23
yoga sutra

La permanente inestabilidad, tanto interna como en el mundo que nos rodea. Foto de GEORGE DESIPRIS

¿Son las causas de nuestros padecimientos únicamente imputables a la presencia de esta mafia interna? Patañjali pinta un cuadro no muy feliz en el sūtra II.15 de aquello que contribuye a nuestros sufrimientos. Los cambios, los deseos ardientes, los hábitos, así como la permanente inestabilidad –interna y en el mundo a nuestro alrededor– hacen que la persona que busca la claridad considere que todo es potencialmente fuente de padecimiento (II.15 parināma tāpa samskāradukhaih gunavrttivirodhācca duhkhameva sarvam vivekinah).

¡Esto me recuerda la primera vez que intenté practicar windsurf! Primero había que tratar de ponerse de pie sobre la tabla cerca de la orilla, mientras que las olas iban cambiando incesantemente los apoyos… Luego era cuestión de quitar el agua de la vela para poner el mástil vertical. Iba inclinando el torso fuertemente hacia atrás para ganar fuerza y vaciar el agua de la vela que, por eso, iba pesando menos y ¡pluf, me caigo hacia atrás! Y una vez que ya logré poner el mástil vertical y agarré a ese demonio de “wishbone” (¡¡que significa “hueso de los deseos”!!) el viento se precipita hacia la vela desplegada, me hace avanzar de repente sobre las olas que hallan un placer malicioso en volver más difícil el equilibrio y ¡estoy de nuevo en el agua!

La palabra clave de este sūtra es duhkham, el sufrimiento, un espacio (kham) reducido, desagradable (duh). Esa opresión que sentimos en el pecho cuando las cosas andan mal. La palabra aparece dos veces en este sūtra. La primera vez en relación con el sufrimiento proveniente de tres cosas. Primero, nuestra naturaleza cambiante (parināma) en la que por la mañana reina el optimismo y por la tarde el pesimismo ensombrece el cielo interior, en la que un día la salud está en su mejor momento y al día siguiente la enfermedad nos carcome, etc. En segundo lugar, la sed y los deseos devoradores (tāpa) que nos impulsan a buscar siempre más… Y en tercer lugar, los poderosos condicionamientos (samskāra) que hacen que repitamos sin cesar los mismos esquemas de comportamiento, como el disco de vinilo que, una vez rayado, hace que la aguja permanezca en el mismo surco… Y (ca) la segunda vez que duhkham se emplea concierne al sufrimiento que proviene de la inestabilidad (virodhāt) del funcionamiento (vrtti) del mundo material con sus cualidades y energías fundamentales (guna). Una catástrofe natural, el vecino que da una fiesta cada noche hasta las dos de la madrugada, un hijo que corta los lazos con sus padres, tu plaza de aparcamiento ocupada por alguien, la elección de un o una dirigente político/a que no nos gusta… ¡La única certidumbre con el mundo manifiesto es que jamás permanecerá igual!

Es por esto que el buscador de claridad (vivekinah) se contenta con reconocer que todo (sarvam) es con seguridad (eva) una potencial fuente de sufrimiento (duhkham).

Entonces, ¿qué hacer? ¡¡¡Tened cuidado!!! El yoga de Patañjali se basa fundamentalmente en el desarrollo de la claridad mediante la disminución de la confusión y su “mafia” interna, que es klesha. Abre los ojos, sé cauto, constituye un lema muy apropiado. Desikachar me contó que, cuando creó en los años 70 el Krishnamacharya Yoga Mandiram (KYM) para difundir la enseñanza de su padre, le preguntó a este qué escribir sobre la puerta de entrada. Su padre le dijo: “heyam duhkham anāgatam”: evitar el dolor futuro. Este sūtra II.16 está pleno de sentido común y de sabiduría. El sufrimiento (duhkham) que no ha sido todavía causado (anāgatam) ha de evitarse (heyam).

Yo tengo una amiga que era una apasionada del tenis, pero una profunda inquietud la ponía en tensión extrema cuando veía un partido por televisión. ¡Le llevaba un día recuperarse! Renunció a ver los partidos para evitar sufrir. Fue por prevención. Pero el mandato de Patañjali va más allá de la anticipación. Si hay una cosa de la cual podamos estar seguros, es de que todavía nos quedan eventos y experiencias por venir que serán portadores de sufrimiento. Así que podemos cultivar un espíritu de aceptación. Cuando rechazamos el sufrimiento, nos estamos infligiendo una doble condena…

Finalmente, queda ese trabajo esencial que consiste en desarrollar la capacidad de meditar acerca de los actos y sus consecuencias como medio de salir de un círculo vicioso influenciado por la “mafia” interna para crear un círculo virtuoso dotado de claridad. Y aún más eficaz, si tenemos éxito, es el estado meditativo en el corazón de la acción para disponer de la posibilidad de validar o invalidar en tiempo real una acción naciente. ¡Se trata de las cumbres del “heyam duhkham anāgatam”!

Las oportunidades de observar en lo cotidiano todos estos aspectos presentes en este tratado bimilenario y siempre actual son incontables.

¡Os deseo buena suerte teniendo cuidado…!

• Martyn Neal fue alumno de T. K. V. Desikachar a partir de 1983 y continuó su profundo aprendizaje del yoga con él mediante visitas regulares a Chennai (India) hasta 2014, dieciocho meses antes del fallecimiento de Desikachar, quien abandonó este mundo el 8 de agosto de 2016. Neal hacía a menudo de traductor de Desikachar cuando este viajaba a Francia a impartir sus cursos. Además, entre muchas otras cosas, ha participado en varios libros sobre yoga inspirados en las enseñanzas de T. K. V. Desikachar.

•  Ilde Leyda empezó a practicar yoga en 2001. Durante más de diez años fue alumno de Cristina Sáenz de Ynestrillas, alumna de Claude Maréchal y de T. K. V. Desikachar. Comenzó ya a dar clases en 2003. Y, desde 2019, prosigue su formación con Martyn Neal. Imparte clases de grupo y particulares, así como talleres dirigidos a quienes quieran profundizar cada vez un poco más en este método milenario de cuidado, conocimiento y mejora personales.

Ha traducido al castellano la tan bella como profundamente inspiradora obra Yoga, Viaje al Corazón de T.K.V. Desikachar y Martyn Neal.
Puedes contactar con él a través de ildeyoga@gmail.com y/o del número 653379095.