Los frutos de la meditación: El viaje del yogui hacia Anandamaya (el estado de dicha)

2026-10-07

Con constancia, atención y silencio, muchos yoguis han alcanzado durante la meditación estados de profunda paz y gozo. Estas experiencias suelen ser transitorias y, en ocasiones, fugaces. Cuando surgen, podemos relacionarlas con anandamaya, la dimensión de dicha o bienaventuranza descrita por la tradición yóguica. Escribe Pedro López Pereda.

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Es una experiencia poco frecuente, pero no por ello excepcional. Puede aparecer de forma espontánea durante una práctica regular y constante de meditación y, paradójicamente, suele hacerlo cuando menos la buscamos.

Cuando conseguimos liberar progresivamente la mente de pensamientos erráticos y emociones perturbadoras, la meditación puede conducirnos hacia un estado de armonía que nos permite conectar con nuestro verdadero Ser. En ese proceso, nuestra identificación con las distintas envolturas se va debilitando gradualmente, hasta acercarnos a la más sutil de todas ellas: Anandamaya Kosha.

Las envolturas (koshas) del Ser en el proceso de meditación pasan por los siguientes pasos:

– Annamaya Kosha (el cuerpo físico)

Es la envoltura más densa y material. Durante la meditación, el cuerpo entra progresivamente en un estado de relajación profunda y disminuye nuestra identificación con las sensaciones corporales. El cuerpo permanece presente, pero deja de ocupar el primer plano de la conciencia.

–  Pranamaya Kosha (el cuerpo energético)

Es la envoltura relacionada con la fuerza vital o prana y, según la tradición yóguica, con el sistema de canales energéticos (nadis) y los chakras. Durante la meditación, esta dimensión continúa activa y puede adquirir un especial protagonismo, particularmente en aquellas prácticas que trabajan conscientemente con la respiración, el prana y los centros energéticos.

– Manomaya Kosha (la mente)

Se corresponde con la actividad mental, las emociones y el sistema sensorial mediante el cual procesamos las percepciones procedentes del entorno. Durante la meditación, su actividad y sus fluctuaciones se van aquietando. De esta forma, la mente pierde progresivamente el protagonismo que habitualmente posee en nuestra vida cotidiana.

– Vijnanamaya Kosha (la envoltura de la sabiduría)

Vinculada al discernimiento, la comprensión y el conocimiento interior, representa la unión entre el Ser y las otras envolturas. En la meditación profunda puede manifestarse con mayor claridad, permitiendo que la sabiduría y el discernimiento impregnen progresivamente nuestra experiencia.

–Anandamaya Kosha (la envoltura  de dicha o bienaventuranza)

Es la más sutil de las cinco envolturas y se relaciona con un estado de profunda paz, plenitud y dicha. Cuando las capas más externas se aquietan y dejan de dominar nuestra conciencia, puede emerger esta experiencia de felicidad interior, que parece no depender de ningún estímulo externo.

Acceder a Anandamaya Kosha puede considerarse uno de los frutos de la meditación, pero no necesariamente su objetivo último. Para la mayoría de los practicantes es un viaje de ida y vuelta: la experiencia surge, permanece durante un tiempo y finalmente desaparece.

La tradición, sin embargo, atribuye a algunos grandes maestros la capacidad de permanecer durante largos periodos en estados de profunda dicha e incluso de integrar esa experiencia en su vida cotidiana.

En la literatura del yoga y del Vedanta encontramos testimonios de maestros que describen estados de intensa dicha, paz y plenitud, mantenidos durante periodos prolongados.

Algunos ejemplos especialmente interesantes:

1.Ramana Maharshi: la dicha como estado estable

Ramana Maharshi constituye uno de los ejemplos más conocidos. Desde muy joven experimentó espontáneamente estados de profunda absorción interior. Con el tiempo, la paz y la dicha dejaron de ser únicamente experiencias transitorias para convertirse, según sus enseñanzas, en el trasfondo estable de su conciencia.

Aquí aparece un matiz fundamental: para Ramana, la culminación espiritual no consiste simplemente en permanecer indefinidamente en trance o apartado del mundo. La verdadera realización supone que esa paz interior permanezca también mientras se habla, se camina o se realizan las actividades ordinarias de la vida.

La dicha deja entonces de ser una experiencia extraordinaria para convertirse en el fondo silencioso de la existencia cotidiana.

2. Ramakrishna: episodios observados por numerosas personas

En el caso de Ramakrishna encontramos testimonios especialmente interesantes, porque no proceden únicamente de sus propios relatos, sino también de discípulos y visitantes que presenciaron algunos de sus estados de absorción.

Ramakrishna relató una experiencia espiritual ocurrida durante su infancia. Mientras caminaba por unos arrozales, contempló una bandada de garzas blancas que volaba bajo unas oscuras nubes de tormenta. La belleza de aquella escena le produjo una profunda absorción. Según su relato, experimentó una alegría indescriptible y perdió temporalmente la conciencia de su cuerpo y de cuanto le rodeaba.

Experiencias semejantes se repetirían posteriormente a lo largo de su vida.

3. Vivekananda: la disolución del yo

Vivekananda, discípulo de Ramakrishna, dejó también descripciones de experiencias meditativas profundas. Durante una de ellas perdió prácticamente toda conciencia de su cuerpo y experimentó la sensación de que el espacio, el tiempo y el mundo fenoménico se disolvían en una realidad única.

La experiencia se aproximaba a la disipación de la separación entre el «yo» individual y Brahman.

Pero existe un detalle especialmente significativo. Según los relatos tradicionales sobre su relación con Ramakrishna, Vivekananda no debía permanecer absorbido indefinidamente en aquel estado, pues todavía tenía una tarea que realizar en el mundo.

Esta enseñanza introduce una cuestión esencial: la dicha meditativa no debería convertirse en una forma de evasión que nos aparte de nuestra responsabilidad y de nuestra labor en la vida.

4. Paramahansa Yogananda: la experiencia de un «océano de dicha»

En Autobiografía de un yogui, Paramahansa Yogananda relata experiencias en las que la conciencia física parece trascender sus límites habituales y expandirse hacia una realidad mucho más amplia, acompañada de una profunda sensación de dicha.

En algunos de sus relatos, el regreso a la conciencia ordinaria se produce después de un periodo prolongado de absorción.

Sus discípulos también describieron momentos en los que Yogananda interrumpía su actividad y permanecía inmóvil y profundamente absorto. Estos episodios fueron interpretados por quienes le rodeaban como estados de intensa comunión espiritual, acompañados de una profunda sensación de paz, amor y elevación.

5. Anandamayi Ma: un estado de plenitud y dicha constante

Anandamayi Ma reconoció explícitamente que durante la meditación puede aparecer un estado de dicha muy intenso. Dijo: «Existe una etapa en la meditación en la que se siente una dicha intensa, como si uno estuviera sumergido en ella.»

Pero inmediatamente introdujo una distinción muy interesante. A la pregunta qué es aquello que queda sumergido en esa dicha, respondió: la mente. Y advierte que incluso esa experiencia extraordinariamente gozosa puede convertirse en un obstáculo si el meditador se apega a ella, porque puede quedar detenido en ese nivel sin alcanzar lo que ella denomina la «Esencia de las cosas».

Recapitulando sobre los frutos de la meditación y anandamaya: Anandamayi Ma no niega en absoluto el gozo meditativo; al contrario, afirma que existe una fase en la que la dicha puede llegar a ser absorbente, pero considera que todavía no es la realización última.

Todo lo dicho podría condensarse en una sencilla analogía: «Meditar es como cultivar una planta: la atención es la semilla; la constancia, el agua; la dicha, la sensación que nos produce ver la floración y la “realización última” es el fruto maduro».