Dormir no siempre significa descansar. A veces amanecemos cansados aunque llevemos muchas horas de cama, y a veces la mente continúa acelerada cuando por fin llegamos casa tras el trabajo. La razón es que el descanso profundo no depende solo de detener la actividad, sino de que el organismo pueda cambiar de estado y activar sus mecanismos de recuperación. Escribe Zahara Noguera.

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En una sociedad marcada por la prisa, la hiperconexión y el exceso de estímulos, la ciencia estudia cada vez más qué ocurre en el cuerpo cuando conseguimos relajarnos de verdad. Y sus conclusiones coinciden en muchos aspectos con una idea que el yoga lleva siglos defendiendo: el equilibrio aparece cuando aprendemos a crear espacios de calma.
Del estado de alerta al estado de recuperación
El cuerpo humano está preparado para responder ante situaciones de peligro. Cuando percibimos una amenaza, el sistema nervioso simpático activa la conocida respuesta de «lucha o huida»: aumenta la frecuencia cardíaca, acelera la respiración y libera hormonas como el cortisol y la adrenalina para prepararnos para actuar.
Esta respuesta es necesaria y nos permite reaccionar ante los desafíos. El problema aparece cuando se mantiene activada durante demasiado tiempo. Las preocupaciones constantes, la sobrecarga laboral o la exposición continua a estímulos digitales pueden mantener al organismo en un estado de alerta que dificulta la recuperación.
El descanso profundo implica justo lo contrario: activar el sistema nervioso parasimpático, responsable de las funciones de reposo, reparación y conservación de energía.
Qué sucede cuando nos relajamos
Cuando el organismo entra en un estado de calma comienzan a producirse cambios físicos y mentales. La respiración se vuelve más lenta, disminuye la frecuencia cardíaca y la musculatura libera parte de la tensión acumulada. El sistema digestivo recupera su actividad normal y el cuerpo puede dedicar más recursos a procesos como la reparación celular, la regulación inmunitaria y el equilibrio hormonal.
También el cerebro se beneficia de estos momentos. La reducción del estado de alerta favorece la concentración, la memoria y una mejor gestión de las emociones.
Descansar, por tanto, no es simplemente «no hacer nada». Es permitir que el organismo realice funciones esenciales que no puede desarrollar cuando permanece sometido a una activación constante.
No todo descanso recupera
Uno de los grandes retos actuales es diferenciar entre entretenimiento y verdadera recuperación. Pasar tiempo con el teléfono móvil, revisar redes sociales o consumir información de forma continua puede parecer una pausa, pero el cerebro sigue recibiendo estímulos y procesando datos.
Frente a ello, actividades como caminar en la naturaleza, meditar, leer sin interrupciones o practicar yoga ofrecen un descanso más profundo porque reducen la carga sensorial y favorecen la atención plena.
El descanso de calidad no consiste únicamente en cambiar de actividad, sino en permitir que la mente deje de responder constantemente a nuevos estímulos.
Una pequeña secuencia antes de ir a dormir
Muchas de las herramientas que hoy estudia la neurociencia forman parte de la tradición del yoga desde hace miles de años. La respiración consciente ayuda a reducir el ritmo interno y favorece un estado de mayor calma. La meditación entrena la capacidad de observar los pensamientos sin quedar atrapados en ellos. El movimiento lento y coordinado con la respiración ayuda a liberar tensión y mejora la conexión con el cuerpo.
En Yoga Sutra II.46, Patañjali define asana como «sthira sukham asanam»: la postura debe ser estable (sthira) y confortable (sukha). Esta idea resulta especialmente interesante cuando la práctica tiene como finalidad preparar el cuerpo y la mente para el descanso.
El descanso yóguico surge cuando encontramos una estabilidad suficientemente segura como para poder soltar aquello que ya no necesitamos sostener.
Posturas preparatorias
1. Balasana — postura del niño. Es una de las mejores transiciones hacia el descanso.
Sthira: el cuerpo encuentra apoyo en las piernas y el suelo. / Sukha: permite soltar progresivamente espalda, hombros y rostro.
Invita a disminuir el ritmo respiratorio y dirigir la atención hacia dentro.
2. Supta Baddha Konasana — postura del ángulo reclinada.
Una postura especialmente apropiada para cultivar sukha. Con almohada o cojín bajo las rodillas y, si se desea, bajo la cabeza, puede convertirse en una posición profundamente restaurativa.
Sthira: el suelo sostiene todo el cuerpo. Sukha: apertura suave del pecho y relajación de la pelvis y las piernas.
3. Apanasana.
Tumbado boca arriba, llevar las rodillas hacia el pecho y abrazarlas suavemente. Favorece una sensación de recogimiento y contacto con el propio cuerpo. Es una buena preparación para abandonar progresivamente la actividad muscular.
4. Setu Bandha Sarvangasana suave — puente restaurativo
Puede realizarse colocando un soporte bajo el sacro, evitando el esfuerzo.
Aquí aparece de manera interesante la relación entre sthira y sukha: existe una estructura y una cierta apertura corporal, pero sin necesidad de mantener tensión muscular.
5. Viparita Karani.
Con las piernas apoyadas en una pared o sobre un soporte. Es una excelente postura de transición hacia el reposo porque combina quietud corporal y sensación de sostén. La musculatura puede dejar de trabajar y la atención se vuelve más receptiva.
Especialmente las prácticas restaurativas y la relajación final (Savasana) representan un momento de pausa profunda en el que el organismo puede integrar los beneficios de la práctica. No se trata solo de descansar los músculos, sino de ofrecer al sistema nervioso una señal de seguridad: no hay nada que resolver durante unos instantes, solo estar presente.
Recuperar el arte de parar
La cultura actual suele asociar el descanso con la falta de productividad, como si detenerse fuera perder el tiempo. Sin embargo, la ciencia muestra que descansar es una necesidad biológica, no un lujo.
Crear pequeños espacios de calma durante el día —respirar conscientemente, guardar unos minutos de silencio, practicar yoga o simplemente reducir el ritmo— permite al cuerpo recuperar un equilibrio que el estrés cotidiano puede alterar.
Quizá una de las grandes enseñanzas del yoga sea precisamente esta: no siempre necesitamos hacer más para sentirnos mejor. A veces, el primer paso hacia el bienestar consiste en aprender a parar.
Zahara Noguera es profesora de yoga y especialista en desarrollo personal, compromiso social y espiritualidad, acompañando a personas en su crecimiento integral y conexión con su propósito. Su trabajo integra conciencia y acción para transformar vidas y comunidades. @z_noguere.
