Flores del Árbol de la Meditación (2)

2026-04-22

Ahora que la primavera brota en su esplendor, os ofrecemos algunas “flores” de mi último libro El Árbol de la Meditación, publicado por la editorial Acanto e ilustrado a todo color por un gran artista que es Pep Carrió, cuya poesía visual nos sumerge en el espíritu de la meditación apoyado en la belleza de la naturaleza. Es un libro breve, hecho de esencias, inspirador e intimista que invita a generar un espacio meditativo de reparación y autodescubrimiento. Escribe Julián Peragón.

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(Ver entrega anterior)

Aprovecho el rico simbolismo de un árbol, desde la semilla a las raíces, a través del tronco y las ramas, para abrirnos a la belleza de las flores y los frutos.

Valgan estas frases inspiradoras del libro (recomendamos leer reposadamente) para mostrar el perfume que reside en el interior de la meditación. Empiezo recordando a mis alumnos qué puede ser la meditación:

Cuando a veces nos invade la confusión:
“La vida puede ser maravillosa pero es inocente considerar que ese pastel tan apetitoso que nos comemos, ese viaje a la antípodas tan ansiado o ese perfume caro que nos ponemos van a resolver una carencia que es de otra índole. Como es evidente, buscar allá fuera una gratificación inmediata, una felicidad perenne, un placer inagotable, un poder extraordinario, una imagen sin fisuras, una seguridad a prueba de balas o un confort sin efectos indeseables es, cuanto menos, vivir en lo ilusorio, atrapados en un laberinto de espejos que escamotea lo real. El problema tal vez no sea el mundo sino nuestra relación con él”.
Entonces podemos entender de lleno el objetivo profundo de la meditación:
“La meditación se vuelve tan relevante porque, en su tiempo dilatado, nos permite regurgitar lo vivido y discernir lo meramente anecdótico de lo esencial. Nos transmutamos en alquimistas para convertir el plomo de nuestra estulticia en el oro de nuestra lucidez. Y dejar así de vivir una vida hueca para llenarla de sentido”.
Y no hay meditación sin práctica:
“Pero la práctica es mucho más de lo que vemos a simple vista: movemos toneladas de un pasado que se ha ido enquistando en un temperamento, reconectamos los circuitos deshilachados entre el cuerpo y la mente, sensibilizamos zonas que perdieron su voz y han olvidado cómo expresarse de nuevo y soltamos los tensores de una represión social que se ha solidificado en la estructura rígida de nuestra musculatura”.
Queremos comprender lo que ocurre en nuestro interior:
“Abrazar nuestra interioridad desde una profunda comprensión de las causas y consecuencias que producen los actos realizados azuzados por nuestras intenciones nos vuelve un poco más sabios. Convertir el malestar existencial en fuente de conocimiento se convierte en la clave de un gran despertar. Por eso el espacio meditativo es tremendamente cuestionador porque nos impele a dejar de quejarnos infructuosamente y a arremangarnos para ordenar el trastero intransitable de nuestros apegos”.
La batalla interior está servida:
“Y no es de extrañar que en nuestro interior choquen las olas de las sensaciones que nos habitan contra las rocas de las ideas fijas y se estrelle en ellas lo que verdaderamente sentimos contra lo que deberíamos sentir”.
El proceso meditativo está lleno de paradojas:
“Vivimos en un mundo finito, en un cuerpo limitado, con una mente imperfecta pero nadie nos impide reírnos a carcajadas”.
Cuando la meditación nos asoma a lo que verdaderamente somos:
“Más allá de nuestra naturaleza esencial nada puede decirse con propiedad. Es el abismo en caída libre donde no hay asideros. Solo infinitud y eternidad, vacuidad y totalidad. Baile de esencias y formas, juego entre energía y consciencia, estallido de luz y beatitud. Todo y nada en un vacío fértil. Ahora y siempre”.
Julián Peragón es antropólogo, escritor y formador en Yoga y Meditación. Director de la Escuela Yoga Síntesis.
Entre sus obras está ‘Meditación Síntesis’ y  ‘La Síntesis del Yoga’, de Acanto, y ‘Estar en el mundo, la necesidad de la meditación’, de Kairós. Su último libro: ‘El Árbol de la Meditación’.