Buscando el chakra del poder 5/ Los bodhisattvas y el Tercer Ojo

2025-12-15

El Tercer Ojo, ¿leyenda o realidad? Siguiendo el camino en los artículos anteriores, estamos llegando ahora al final de este enigma apasionante… En este apartado vamos a conocer en profundidad a estos desconocidos y elevados seres llamados bodhisattvas y su relación con el Tercer Ojo. Escribe Pedro López Pereda.

Bodhisattva Padmapani cave 1 Ajanta India

Bodhisattva Padmapani, Cueva 1 de Ajanta, s. V. Foto wikicommons

(Ver primera partesegunda parte, tercera parte y cuarta parte)

En el cuento mitológico sobre el origen del tercer ojo, Brahma les comentó a los devas que, con el fin de no dejarles solos en el plano físico, “crearía un santuario en el lugar donde se dividían las cuatro corrientes del Ganges. En él se asentarían unos seres muy evolucionados denominados bodhisattvas a los que podrían acudir a pedir consejo para su crecimiento espiritual y ayuda en algunos temas puntuales que concretó con ellos”.

En este apartado vamos a conocer en profundidad a estos desconocidos y elevados seres y su relación con el Tercer ojo.

 ¿Qué es un bodhisattva?

Un bodhisattva (término sánscrito que significa literalmente “ser del despertar” o “ser iluminado”) es un ente espiritual que ha alcanzado un alto nivel de crecimiento, pero que, impulsado por la fuerza de su amor, retrasa su propia evolución con el único fin de ayudar a que otros seres alcancen también la iluminación.

Su objetivo no es su propio crecimiento, sino el de todos los seres vivos, y el amor y el altruismo son las fuerzas principales que los mantienen en el plano físico.

Para entender mejor la misión del bodhisattva voy utilizar otra analogía que da continuidad a nuestro cuento mitológico:

La historia de Aniel

Cuentan que cuando los humanos habitaron el reino material, a cada una de las cuatro grandes corrientes del Ganges les llamaron Alegría, Tristeza, Miedo y Sufrimiento.

Los seres sintientes se acostumbraron a vivir entre estos grandes ríos y pasaban continuamente de la alegría a la tristeza y del miedo al sufrimiento.

En el santuario del Ganges se asentaron los bodhisattvas, a los que los humanos podían acudir a pedir consejo para su crecimiento espiritual y ayuda en algunos temas puntuales. Algunos les pedían asistencia para atravesar el río Tristeza y otros consejos para superar el torrente del Sufrimiento.

El problema surgió con el paso de los siglos, cuando a los humanos se les olvidó dónde moraban los bodhisattvas y su nombre quedó simplemente como una leyenda ancestral que habían inventado los antepasados.

Un día, un bodhisattva al que llamaban Aniel, preocupado por el olvido en el que habían entrado las personas, decidió recorrer el camino de la vida como ser humano. Pidió permiso a Brahma y se encarnó en la figura de un humilde y compasivo mortal.

En aquel tiempo, los hombres más sabios todavía recorrían el camino que une el reino de los mortales con el monte Meru. Pero, para llegar a Meru había que cruzar uno de los brazos más anchos y peligrosos del río Ganges, situado en el tramo al que los humanos habían llamado Sufrimiento.

Era un vasto torrente, caudaloso y rápido, que bajaba con mucha fuerza desde las altas cumbres. Cuando los seres de luz encarnados tenían que cruzarlo con sus humildes medios para volver a la cima del monte Meru, su lugar de origen, morían ahogados o arrastrados por las fuertes aguas, ya que esta travesía del río del Sufrimiento era muy peligrosa y estaba plagada de múltiples obstáculos y tribulaciones.

En la vida física de Aniel, el bodhisattva encarnado, llegó también el día en el que le tocó cruzar con su humilde balsa el agua del Sufrimiento y, gracias a su experiencia y pericia, llegó sin problemas a la otra orilla. Al pisar la arena se sintió totalmente liberado y feliz, pero al levantar la vista observó cómo otros humanos caían al agua, percibiendo su congoja y sintiendo la angustia de sus corazones. Así que no se lo pensó, volvió a tomar su balsa y regresó con decisión al río para auxiliar a todos los seres que le pedían ayuda.

Pasaron los años y Aniel siguió en su puesto, convirtiéndose para los humanos que cruzaban el río Sufrimiento en el ser que los ayudaba a:

  • Vencer sus miedos y resistencias internas de cruzar las peligrosas aguas.
  • Superar situaciones que les hacían dudar de su propio crecimiento personal y
  • Darles claridad mental y sabiduría en aquel difícil trance.

Aniel no solo les ayudaba, sino que también se convirtió en su consejero, ofreciéndoles:

  • Discernimiento para tomar decisiones correctas e
  • Inspiración espiritual

Su esencia y su energía siguen vivas en otros bodhisattvas que hoy nos siguen ayudando a abrir el ojo de la intuición superior. Por eso, a lo largo de los tiempos, muchos maestros han utilizado esa misma energía en momentos de estudio, meditación o investigación y aún continúan invocando a ese ente espiritual para que les aporte:

  • Calma en situaciones tensas y
  • Protección ante influencias negativas o cuando se sienten manipulados.

Actualmente, los grandes sabios declaran que, al cruzar el río del Sufrimiento, se sienten acompañados por Aniel, recibiendo su ayuda para recordar el propósito de su Ser en esta vida física. Sienten que su presencia favorece la alineación con la ley divina y el orden universal, y que les aporta una sensación de sentido y dirección en el camino hacia el monte Meru.

Otros bodhisattvas del santuario se empezaron a encarnar en humanos para ayudar a las innumerables personas que aún están luchando contra las aguas turbulentas de esos tres difíciles ríos de la vida.

Desde aquel tiempo, los sabios que alcanzan un alto nivel de conciencia saben que un bodhisattva es un ser altruista que está entre nosotros por amor, y que pospone su propia evolución y crecimiento para dedicarse al servicio incondicional de ayudar a los seres vivos.

Los diez grandes votos del bodhisattva

En el Sutra de la Guirnalda de Flores, uno de los Sutras Mahayana (género de escrituras budistas que se aceptan como «palabra de Buda”), encontramos los diez votos de la práctica altruista del bodhisattva. Los vamos a resumir para valorar el interés que en Oriente se ha dado a la misión de estos seres:

  1. Venerar a todos los Iluminados.
  2. Elogiar las grandes cualidades de los Budas.
  3. Hacer ofrendas.
  4. Purificar todas las acciones negativas (karma) cometidas en el pasado.
  5. Alegrarse sinceramente por las virtudes y los méritos de todos los seres.
  6. Solicitar al Buda que enseñe el Dharma.
  7. Suplicar a los Budas y a otros Bodhisattvas que no entren en el Nirvana, para que continúen beneficiando a todos los seres.
  8. Seguir las enseñanzas de todos los Budas hasta la iluminación.
  9. Servir a todos los seres sintientes en el universo, considerándolos como a un maestro.
  10. Dedicar todos los méritos acumulados a la iluminación de todos los vivos.

Relación entre los bodhisattvas y el Tercer Ojo

En muchas tradiciones orientales, el Tercer Ojo representa la capacidad de ver la realidad tal como es, más allá de las apariencias en todos los sentidos.

Los bodhisattvas son, por definición, seres que cultivan y encarnan la sabiduría, por lo que son un claro símbolo del Tercer Ojo.

En el arte budista, algunos bodhisattvas son representados con un punto, una espiral o un ojo entre las cejas llamado Urṇa, que simboliza la visión supramundana, penetrante y compasiva.

La Urna es uno de los 32 signos físicos (o marcas mayores) que identifican a un Mahāpuruṣa (gran ser). Simboliza un signo auspicioso y a menudo se interpreta como un mechón de pelo blanco que irradia luz, representando la iluminación y la gran sabiduría del Buda.

En los bodhisattvas encarnados con un nivel avanzado se representa el tercer ojo porque han desarrollado una forma de visión que trasciende la percepción física.

Estos seres avanzados cultivan la visión de la vacuidad (śūnyatā), que significa que nada existe de forma independiente y autosuficiente, sino que todo está interconectado y genera el despertar del “ojo interior”.

Algunos bodhisattvas puede percibir seres en distintos reinos, pueden ver vidas pasadas y sienten compasión al ver el sufrimiento de todos los seres mortales.

La relación entre los bodhisattvas y el Tercer Ojo no es solo iconográfica. El Tercer Ojo expresa la unión de la sabiduría y la compasión, las dos cualidades esenciales del camino del bodhisattva. Es una conexión profunda entre la intuición trascendental y la visión compasiva.

¿Qué es un bodhisattva desde la perspectiva científica?

Como ya hemos comentado en los párrafos previos, hay dos clases de bodhisattvas: los guías espirituales y los encarnados en seres humanos.

Como es lógico, la ciencia no evalúa a los guías espirituales, pero sí estudia los cambios cerebrales asociados a determinadas cualidades que tienen en común los bodhisattvas del Tibet que han sido objeto de estudio por parte de algunos científicos. Veamos los hallazgos más relevantes:

1.Un bodhisattva es alguien que ha cultivado la…

  • Compasión ilimitada.
  • Altruismo desinteresado.
  • Sabiduría.
  • Ecuanimidad frente al sufrimiento.
  • Conciencia expandida.

2. Cada bodhisattva se puede encarnar en un ser totalmente diferente, con un cuerpo, una mente o unas capacidades muy distintas. Muchos se han encarnan en personas con discapacidad para realizar mejor su labor en este plano. Por este motivo, la ciencia no estudia personas, estudia los cambios cerebrales que determinadas cualidades generan en las personas.

3. La compasión y el altruismo son las principales cualidades del cerebro “bodhisáttvico”.

Los estudios realizados dicen que las personas con cerebro bodhisáttvico tienen un aumento significativo de la actividad en la ínsula anterior, situada en el fondo de la cisura lateral del cerebro. Se trata de un surco profundo que separa el lóbulo temporal del lóbulo parietal y el lóbulo frontal, y juega un papel clave en la conciencia corporal, la regulación emocional y las interacciones sociales, además de ser fundamental para tener conciencia de sí mismo.

Y, sobre todo, se observa en ellos un aumento importante en la corteza prefrontal ventromedial.

La corteza prefrontal ventromedial es una región clave del cerebro humano, situada en la parte inferior y central de la corteza prefrontal, justo por encima de las órbitas oculares (no olvidemos que estamos tratando del tercer ojo). Es extraordinariamente importante, porque actúa como un centro de integración que conecta las regiones cerebrales responsables del pensamiento abstracto con las regiones responsables de las emociones.

Sus funciones más importantes son:

  1. Toma de decisiones emocionales basadas en el valor.
  2. Regula la emoción y la extinción del miedo.
  3. La conducta social y moral.

Mente y empatía: La corteza participa en la capacidad de comprender y procesar la información social, la empatía y la autoconciencia.

Juicio Moral: Es un área crítica involucrada en el procesamiento de dilemas morales, especialmente aquellos que requieren una respuesta basada en la emoción o en la ética personal.

Pedro López Pereda. Creador del centro Namaskar de yoga y autorrealización en la línea de Antonio Blay. Presidente de la Fundación Yoga y de la Asociación Yoga Meditativo. Miembro de la Asociación Nacional de Profesores de Yoga. Maestro de Reiki.

Ha publicado, entre otros libros: El mandala oculto (2017), El cuenco vacío (2018) y Las leyendas del Yoga. El origen mitológico de la meditación, el pranayama y las posturas de yoga (2021).