Repensar el yoga (2): ¿Es el yoga para todos?

2026-03-16

Quizás el yoga no sea para todos, y no pasa nada. Su mensaje aspira a ser universal y generoso, pero su práctica se encarna en cuerpos, historias y momentos vitales concretos. No todos estamos preparados por igual para una introspección sostenida, una activación respiratoria intensa o un entrenamiento atencional profundo. Escribe José Manuel Vázquez. 

No siempre es el momento o el lugar adecuado. Los cuerpos cansados se lesionan con más facilidad. Una relajación profunda puede abrir espacios emocionales que hay que saber acompañar. Es honesto reconocer que el yoga puede movilizar procesos físicos y psicológicos reales. ¿Estamos preparados para asumir esta responsabilidad? ¿Es necesario que toda práctica aspire a ir más allá del estiramiento y la música relajante?

Lo que en principio es un maravilloso mensaje de aceptación y bienvenida a la práctica del yoga, no siempre se cumple. La inclusión no sólo es una cuestión técnica o personal sino también social. Ni todos los alumnos encajan en cualquier clase, ni todos los profesores están preparados para sostener cualquier proceso. Esto no es necesariamente negativo. Hay un lugar para todos; según la escuela, el estilo, la experiencia, el ideario o los objetivos.

Cuando afirmamos que el yoga es para todos, sin distinguir contextos ni procesos, corremos el riesgo de que alguien se culpabilice cuando no encaja. Los practicantes nos cansamos de sentirnos fuera de lugar cuando las técnicas no parecen funcionar en nosotros. Responsabilizar al alumno parece sensato, sobre todo cuando en la sala se concentran treinta personas. Pero también hay una responsabilidad pedagógica cuando se proponen técnicas de introspección de forma impersonal o se ejecutan movimientos concretos como si fuesen universalmente válidos. No todo cuerpo necesita lo mismo ni toda psique responde por igual. ¿Qué pasa cuando se producen lesiones o se han tocado fibras sensibles y no se ha reparado en ellas?

Incluir no es homogeneizar

Comúnmente se ve el lado negativo de la práctica superficial; sin embargo, gracias a ello, muchas personas han podido acceder a sus beneficios. Los centros de las ciudades colapsan cuando se celebra el Día del Yoga. Muchos practican sin haber tocado la experiencia cumbre prometida, pero tampoco la sima del abismo; y menos mal. La inmensa mayoría no desean pasar por el trance de hacerse cargo de experiencias de tal calado. Hay quien practica yoga porque le deja de doler la espalda durante unos días o le calma la ansiedad unas horas; y eso es legítimo y comprensible. No todos ni siempre deseamos atravesar procesos transformadores intensos.

La verdadera inclusión quizás no consista en afirmar que todo es para todos, sino en ofrecer contextos adecuados para cada proceso. Incluir no es homogeneizar. Hay quien sólo pretende aliviar sus aflicciones o mejorar su postura. A veces se requiere estructura para poder explorarse por dentro. Hay heridas que antes requieren andamiaje psicológico para ser aceptadas.

El yoga se nos transmite como inocuo y neutro, pero no lo es. Simplificar sus beneficios lo hace comprensible y accesible, pero también puede diluir su profundidad. Reconocer su complejidad no excluye; protege. Quizás la cuestión no sea si el yoga es para todos, sino si estamos dispuestos a asumir la responsabilidad de lo que implica afirmarlo y hacerlo realidad.

José Manuel Vázquez Díez. Formador de profesores de yoga, psicólogo y autor de Yoga Orgánico, Los valores terapéuticos del Yoga y Manual de Yoga Integral para occidentales.