En un momento en que la ansiedad, la depresión, el sinsentido y la mercantilización de todo crecen a pasos agigantados, la necesidad de encontrar paz, sosiego y contento sostenido en uno mismo es imprescindible. Pero no olvidemos buscar la honestidad en aquellos que comparten enseñanzas espirituales, que prolifera el afán por hacer negocio. Escribe Eva Prema.

Foto de Magda Ehlers
Una vida sencilla, humilde, digna y a la vez extraordinaria se encuentra en algo tan cotidiano como observar una gota de rocío sobre una brizna de hierba, un rayo de sol colándose por la ventana, una flor creciendo en una grieta de asfalto, una mirada y una sonrisa de un desconocido: tesoros al alcance de todos. La vida siempre nos brinda motivos por los que sonreír y respirar profundamente satisfechos.
Este párrafo es para deciros con gran deleite y convicción: no hay nada que buscar, ni perseguir, todo ya está dentro de ti. Dedica tiempo a contemplar y a deleitarte en tu presencia.
Todo sabio, todo maestro verdadero comparte las enseñanzas para beneficio de los demás y no para beneficio de sí mismo, ni porque necesite ganar nada. Él o ella ya se siente completamente pleno en sí, en su presencia, y está más allá de todo deseo mundano y espiritual. Por supuesto que necesitará usar dinero para comprarse ropa, necesitará comer, dormir, usará un coche o un avión para transportarse… pero dentro de sí se encontrará en regocijo en su Presencia, en su Ser. Con plena conciencia de que todo lo que sucede en el mundo, toda situación es transitoria y nunca podrá derivar de ella felicidad permanente.
Asimismo, también experimentará la irrealidad o transitoriedad de todo pensamiento y como agarrase a ellos tampoco aporta ninguna paz, ni dicha permanente. Podrá vivir en cualquier lugar y cualquier situación, y la mirada estará en su interior, en la Presencia, en el Ser, en Dios. Podrá interactuar con cualquiera, ser profundamente compasivo y amoroso, o estar totalmente solo en un bosque o una cueva y sentir el mismo regocijo, la misma presencia. Nunca dependerá su felicidad de los demás, ni de las experiencias, ni del estado de su cuerpo, ni de su mente. Esto es la realización del Ser.
Busca la honestidad entre la abrumante oferta
El sanatana dharma, traducido por algunos como la ‘eterna verdad’, apunta a esta verdad sublime. Los linajes de yogis, sabios y adeptos han tenido como propósito más elevado transmitir estás enseñanzas que nos acercan al regocijo de vivir en el Ser. Muchas prácticas tienen como «efecto secundario» proporcionar salud física, mental y energética, pero el objetivo más elevado es la realización del Ser. Nunca han querido comercializar, ni vender la espiritualidad.
Aún así, la sed imparable de encontrar paz y felicidad es tan abrumante en la actualidad que la cantidad de retiros, viajes, sendas espiritualidad y esotéricas crecen exponencialmente. Los peligros pueden ser varios: pérdida de dinero, tiempo y equilibrio interior. Seguir dependiendo de experiencias para encontrar momentos efímeros de pseudotranquilidad y/o éxtasis. Confusión, no tener claridad de cómo, ni dónde encontrar aquello que el alma tanto anhela,…
Si la persona que transmite las enseñanzas es genuina, los aprendizajes pueden ser muchos, aunque no sean maestros realizados. Y si el anhelo de la persona que busca esa paz, ese autoconocimiento es profundo y verdadero, hallará al maestro en el momento adecuado.
Yo misma, comparto retiros, peregrinajes, talleres y cursos sobre las enseñanzas del sanatana dharma y la ciencia del yoga, y no soy una maestra realizada. ¿No me estoy tirando piedras sobre mi propio tejado? He contemplado y reflexionado sobre estas cuestiones repetidas veces y procuro vivir en verdad y coherencia. No vendo nada. Simplemente comparto el camino de vida que con perseverancia y gran dicha trazo cada día.
Compartir espiritualidad no puede ser negocio
Los retiros, peregrinaciones, cursos y talleres nacieron del deseo de servir al poder cósmico que algunos llamamos Dios, a la humanidad, y al planeta. Mi anhelo de compartir es que otras personas encuentren la sonrisa serena que estás prácticas transmitidas por mi Maestra me han proporcionado. Mi deseo es que la gente emprenda el camino de retorno a su templo interior. Que experimenten paz duradera y alegría serena y continúa. No hago negocio, ni busco enriquecerme. Tampoco es mi profesión, ni mi modo de generar ingresos. Otras personas puede que sí que hagan de ello su profesión y su medio de subsistencia, lo cual es muy honrado y loable si tienen la actitud y la humildad necesaria de ser meros instrumentos de la energía cósmica.
Me asombro cuando veo un retiro de fin de semana por 500, 700 e incluso 1000€. Y me hace lanzar oraciones para que las personas que transmiten la espiritualidad dejen de hacer un negocio y que todo buscador sincero pueda emprender este camino. Que los buscadores sinceros encuentren a los maestros e instructores verdaderos.
¿Qué distingue a un maestro verdadero? Un maestro verdadero es la personificación del amor y la ecuanimidad. Está libre de deseos, y si se agarra por su propia voluntad a un deseo es porque este es beneficioso. Si nace un deseo personal en su mente, como querer un helado o una camisa nueva, este se desvanece con la misma rapidez y nunca es atado, ni su ser menguado por dichos pensamientos pasajeros. Según el grado que observes en ti de amor, ecuanimidad, libertad y pureza, podrás intuir que tanto estás avanzando en tu camino hacia la plenitud y la liberación.
Mantra de la sabiduría y el conocimiento directo
No tengas prisa, mejor tener claridad. No te satures de información, mejor tener sabiduría y conocimiento nacidos de la experiencia. No te juzgues, ni exijas lo imposible, disfruta lo que ya eres.
Este mantra es recitado a diario en India y en muchos lugares del planeta para obtener esta claridad, sabiduría y conocimiento directo. Puedes incorporarlo a tu práctica diaria, y recitarlo con fe y propósito:
Om asatoma sad gamaya Tamasoma jyotir gamaya Mrityorma amritam gamaya Om shanti shanti shanti
“Guianos de la mentira a la verdad, de la oscuridad a la luz, de la muerte a la inmortalidad. Om, paz, paz, paz».
Eva Prema es profesora de yoga y seguidora de Amma.
