Miramos afuera, todo fuera: cómo tenemos la piel, cómo vamos vestidos, lo que vemos, lo que olemos, lo que tocamos. Todo fuera. Así, en el yoga nos perdimos en las formas, en imágenes atribuidas como ideales en otros cuerpos y no en los nuestros. Escribe Ana Canelada.
La vista nos arrastra a las formas. La mente y las creencias las convierten en válidas o no, en esperadas, perfectas, incorrectas, mejorables.
Yoga, vivido por humanos, no se libra de las formas. Āsana no se libra de las formas esperadas, perfectas, incorrectas, mejorables.
Pero nos perdimos en las formas, cuando yoga no entiende ni de formas ni de palabras. Nos perdimos en imágenes inventadas como ideales en otros cuerpos y no en los nuestros. Nos perdimos en instrucciones físicas ejecutables en distintos grados según nuestros cuerpos –genéticamente diferentes, maleables y ajustables según nuestra constancia y trabajo en el gesto y la acción.
Nos perdimos en las formas cuando asumimos que lo importante es lo que se ve y no lo que pasa por dentro.
Y es al revés: el cuerpo está al servicio de lo que ocurre dentro, cuando lo usamos a favor del crecimiento espiritual y personal, y no como un objeto de contemplación.
Yoga no es lo que se ve, sino lo que sucede por dentro.
Una determinada postura será diferente en un cuerpo o en otro, incluso aplicando las mismas acciones, porque nada ni nadie es idéntico ni repetible.
Por tanto, una postura nunca “está hecha”: está haciéndose, ejecutándose, ajustándose.
Y en ese tiempo en el que la postura va tomando formas distintas en cada respiración, en cada relajación, puede que pasemos de las formas a las āsanas.
Y en āsana, ya no hay forma correcta ni incorrecta, sino estabilidad, firmeza y comodidad (Y.S. II.46 Sthira sukhamāsanam).
Hay una intención de acercamiento, de inspiración en los maestros y maestras, en quienes la estabilidad y la comodidad permiten la introspección: la meditación en acción. Son los pasos de preparación de las capas más externas para la posterior meditación.
Yoga no son formas con el cuerpo.
El cuerpo es el templo, que resguarda lo más importante y nos permite vivir esta experiencia terrenal.
Como buen practicante, aspira a āsana, no a las formas. Aplica las acciones y gestos indicados, moldea tu cuerpo según su capacidad, libéralo de restricciones, hazlo un cuerpo libre y sano, con menos fluctuaciones en la mente.
Convierte tu cuerpo en una herramienta a tu favor.
Y olvídate de las formas.

