Torpedos entfernt! Yoga-Piraten-Interview mit Víctor M. Flores

"Man muss einen sehr domestizierten Geist haben, oder man glaubt am Ende, was man nicht ist. Deshalb sind Yogalehrer sehr egomanisch und eitel", sagt Victor M. Flores. Er ist nicht irgendein Charakter oder ein gewöhnlicher Interviewer. Zwei grüne Hunde von Angesicht zu Angesicht? Beurteilen Sie selbst... Oder besser noch, nein; Lassen Sie sich einfach vom Genuss mitreißen. Es ist ein nicht-formales Interview mit Roberto Rodriguez Nogueira.

Victor Flores

Stellt Victor M. Flores vor, eine Person in seinem Team Yoga Institut, Belinda Christensen (Lesen Sie Victor/Senge Dorjes Biographie Hier).

"2008 nahm ich als ein weiterer Yoga-Praktizierende am SECOND Yoga Congress der Costa del Sol in Marbella teil. Die erste Klasse wurde vom Promoter victor M. Flores unterrichtet. Mein Gefühl war, zu Weihnachten nach Hause zu kommen. Dieser Herr sagte, er glaube nicht an Gurus und er praktizierte Yoga, nur um Ordnung in sein chaotisches Leben zu bringen. Was? Gibt es andere wie mich?", fragte ich mich. Wow, ein grüner Hund, der nicht weiß trug...

Am letzten Tag kam ich, um ihm zu danken, und zu allem Überstand wirkte er wie ein enger Mensch. Seitdem hat meine Bewunderung weiter zugenommen, während sich eine Freundschaft gefestigt hat, auf die ich sehr stolz bin.

Victor hat alle Tugenden und Fehler eines Genies. Er ist leidenschaftlich, irascible, extrem intelligent, unberechenbar, aufmerksam und (manchmal... vielleicht die meisten...) süß unerträglich. Es kann die Routine nicht aushalten und es ist innovativ, ein echter Suchender."

Das Interview

Was lässt Sie denken, dass Sie Yoga-Unterricht unterrichten können?
Ich unterrichte nicht, aber ich teile meine Erfahrungen und schlage meinen Mitschülern vor, dass sie ihre Grenzen finden, und ich tue es mit ihnen. Normalerweise unterrichte ich viele Haltungen, die ich nicht machen kann, weil ich mich nicht auf meine Grenzen verlassen kann, dass ich sie habe. Ich unterrichte nur in einem Wellness-Center, O2, wo ich seit sieben Jahren bin und wo viele meiner Studenten weitermachen, also haben wir ein paralleles Wachstum gehabt. Ich trainiere einfach mehr als sie, aber es ist sehr befriedigend zu sehen, wie sie mit dir gewachsen und entwickelt wurden.

Zuerst, als ich anfing, war mein Ego riesig und mein Unterricht war genauso egoistisch, das heißt, eine Menge Geister und der Glaube, dass ich mit denen mithalten könnte, die meine Lehrer gewesen waren. Dann fand ich einen eigenen Stil, befreite mich von einer Rolle zu sein, wer ich wirklich war, nicht nur zeigt den "virtuellen und know-it-all" Aspekt, den theoretisch jeder Lehrer ausgestattet hat.

Antes, cuando me pedían consejo sobre esto o lo otro, respondía académicamente tipo “observa y déjalo pasar”. Luego aprendí a sincerarme y a decir: “A mí me pasa lo mismo. No tengo respuestas a tu problema”. Es decir, asumí y comprendí por qué estaba en el yoga, y era porque estaba perdido. Una persona perdida en un bosque no puede ayudar a otra persona perdida, pero ambos si pueden encontrar juntos la salida.

¿Necesitas ser original y transgresor? ¿Es tu ego o tu esencia? ¿Dónde encuentras la humildad como profesor?
No necesito ser trasgresor. La provocación sólo está en el otro, no en uno mismo. Una persona trasgresora lo es porque los demás lo ven como tal. Muchos piensan de mí que lo soy porque, simplemente, me etiquetan. Les guía su prejuicio. Si tú me ves en un restaurante de lujo pensarás: “Vaya profesor de yoga”, y si me ves en clase pensarás: “Este hombre se pasa el día meditando”. Ni una cosa ni la otra; neti neti, como se dice en el habla de los antiguos.

El yoga desde luego no te da humildad. Al contrario: te da un ego exacerbado. ¿Qué trabajo conoces en el que 40 pares de ojos están fijos en ti, sienten admiración, amor, te toman como modelo y al terminar te aplauden? ¡Y además cobras por ello! Hay que tener la mente muy domesticada o te terminas creyendo lo que no eres. De ahí que mayoritariamente los profesores de yoga seamos muy ególatras y vanidosos.

Hay que buscar y encontrar la humildad. Se reconoce a un maestro porque su frente es baja, dado que la puerta de la sabiduría es pequeña. Mi referencia son siempre los más grandes, que son los más humildes y sencillos. Los pequeños son dioses de barrio que hablan de su prestigio porque carecen de éste.

¿Cuál es la responsabilidad que asumes como profesor?
En abrir la caja de herramientas y buscar la más adecuada para hacer añicos la mente. Para ello intento que mi clase sea siempre nueva, un reinvento, que nunca sepan mis compañeros qué es lo que vamos a hacer hoy y que ningún movimiento sea automático. Busco confundir a la mente, que es astuta, y convertir el trabajo físico en una montaña rusa continua. Llegar al clímax en un movimiento para acto seguido resetear todo el cuerpo derrumbándolo en otra asana opuesta. No entiendo una clase de yoga basada en construir asanas. Mi concepto de yoga físico es una asana en continuo proceso: una postura da paso a la siguiente hasta que ambas se confunden y no sabemos cuál es alfa y cual es omega. Y en base a esto, hacer recordar al cuerpo nuestro potencial.

La mente se destruye entonces por sí sola y sientes una explosión de felicidad, de plenitud, como si el pecho pudiera fundir un glaciar. Es similar a un orgasmo.

Ahí acaba mi trabajo. Luego llega el gran trabajo de todos mis compañeros, que es prolongar esos 50 minutos de plenitud al resto del día. Ahí comienza el yoga y termina la caja de herramientas.

Y ahora un libro con Ramiro Calle. El defensor del “auténtico yoga” y tú en las mismas páginas. Explícamelo, por favor.
Respecto a Ramiro, bueno, es un ser complejo, crea filias y fobias con gran rapidez. Hay que conocerle para dejase seducir por su mente, que es única, súbita y esclarecida. Y es un hombre libre: dice lo que piensa, con razón o no, e insiste tercamente en ello porque, simplemente, no tiene nada que perder… Llama la atención nuestra amistad porque él es un ortodoxo clásico y a mí todo me vale, que dicen en México.

¿Qué aporta el libro Donde meditan los árboles en una estantería tan saturada? ¿Por qué es indispensable tenerlo? ¿Por qué lo tendrías tú?
Indispensable solo es Yoga, libertad e inmortalidad, de Mircea Eliade, y las novelas de Marguerite Yourcenar, la poesía de Ángel González o Neruda. Una estantería saturada es un adorno; los libros están para leerlos, subrayarlos y releerlos, y posiblemente luego perderlos en una cafetería, en el vagón de un tren o el banco de un parque.

Yo lo tendría porque aparecen las brillantes respuestas de Ramiro a mis inquietudes, que son las de un practicante de yoga. Es una autobiografía que arranca desde el momento en que Ramiro enferma y se me anuncia su muerte inminente hasta el día en que nos conocimos. Entre capítulo y capítulo se van desgranando muchos aspectos personales que me hicieron entrar en el mundo del yoga, la decepción que tuve con los distintos gurús que se cruzaron en mi camino y algunas correspondencias por sms y mail con el mismo Ramiro. Entre todas esas páginas de flash-back surgen multitud de preguntas que hago a Ramiro y él desgrana , y ese es la verdadero espíritu de Donde meditan los árboles. Es un diálogo largo al estilo del mantenido entre Bhrigu y Viasa en los Shiva Purana, pero cuya temática es la libertad frente a la liberación, la sexualidad profana y divina, la vida inmersa en la confusión, el hombre-masa…

Tus alumnos son brillantes, muchos de ellos son excelentes profesores, otros podrían serlo y todos te respetan y te quieren. Se respira un ambiente de crecimiento en libertad, sin fronteras, como en toda buena secta de este siglo XXI que se precie ¿Te has convertido en lo que rechazas?
No sé cuánto hay de libertad en una secta. Has hecho una descripción perfecta de mis compañeros, o puedo considerarlos alumnos pues creo que el que más aprende soy yo. La selección de mis profesores procuro que sea muy delicada. Todos son bilingües, pues por el área en el que trabajamos, la Costa del Sol, convivimos con multitud de nacionalidades. Tenemos profesoras finlandesas como Lori Sjomella, suecas como Petra Lindros o danesas como la directora pedagógica, Belinda Christensen.

En cada fin de semana que tenemos formación al menos participan tres profesores y cada uno de ellos es de un linaje distinto. Provienen de Anusara, de Iyengar, de Ashtanga… Creo que existe un yoga por cada practicante y que su estilo ha de ser personal. Me limito a desplegarles una gran variedad de estilos y que ellos integren lo que más vibre en ellos. Yo enseño, no convenzo.
Respecto a convertirme en lo que rechazo es difícil: deberías ver el carácter que tiene mi equipo…

De tus aciertos: ¿cuál es tu marca de fábrica, lo que te gustaría transmitir a tus alumnos?
Que no hay verdad absoluta y que el maestro es bastón pero no pies.

De tus errores: ¿Cuál muestras más para que tus alumnos no lo comentan? Tu mejor error es…
Justo lo contrario de lo anterior. Cuando pensé que era dueño de la verdad absoluta y permití que otros anduvieran por mí esta senda que se recorre en soledad.

Píntame, por favor, una imagen bella. En palabras de Clint Eastwood, “Alégrame el día”.
El mundo está lleno de estampas hermosas. Recuerdo una en especial, un encuentro cósmico, trascendente, irrepetible y muy personal…

Había pasado cerca de 15 horas en el Shiva Ganga Express, el tren que divide en dos la distancia entre la muy anglófila Delhi y la ciudad habitada más vieja del planeta, Varanassi. Los 758 kilómetros no son espaciales, sino temporales. Se trata de viajar desde la decadencia orgullosamente colonial a una ciudad que no ha cambiado desde su fundación, y rodeada por pueblos que aún viven en el neolítico.

Llegué a la guest house de mi amigo Rama. Llevaba ya 20 días en India y estaba cubierto de roña, apestaba a sudor y curry rojo y el andar descalzo sobre estiércol no me causaba ya ningún reparo. Mis sentidos estaban embotados y la embriaguez continua de la India se había apoderado de mí.

GangesComí, compre ropa nueva y sobre las nueve, después de cenar decidí embriagarme con sardai, un lassi mezclado con almendras, hinojo, pimienta, cardamomo y cannabis. La mezcla del bhanga con el cansancio me impidió volver a la guest house. Desperté al amanecer, en el Munsi ghat, como si hubiera dormido un millón de años y al lado de un macho cabrío que me observaba con cierta curiosidad. No era nuevo ese momento. Quiero decir que ya había visto el amanecer, ya había dormido en las calles de Varanassi en más de una ocasión (algunas de ellas al lado del sadhu Baba Sivananda, ya descarnado) y ya había probado los efectos del bhanga. Pero sentía que era la primera vez que observaba el amanecer del mundo sobre el Ganges. El cielo es plomizo, denso, espectacularmente turbio, como si a las lenguas de fuego de Surya le costara traspasar el velo de tinieblas de una noche que se resistía a retirarse. Las aguas eran doradas y los primeros creyentes se sumergían en el río para sus abluciones, ritos y arrojar flores y frutos. Lo había visto muchas veces pero sentía que nunca había visto esa esfera perfecta de fuego que convertía el espejismo en selva, en manglar, en costa y que, paradójicamente, acababa con todo lo que no fuera su extraordinaria visión.

Tomé esta fotografía que, cuando la veo, me remite una y otra vez al momento en que descubrí como fue el primer amanecer que observara el hombre.

Von Roberto Rodríguez Nogueira

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Von • 23. Mai 2013 • Abschnitt: Interview