Vivimos en una época en la que detenerse parece un lujo. Todo nos invita a avanzar, producir, responder con rapidez y mantenernos permanentemente disponibles. Hemos aprendido a medir el tiempo por aquello que hacemos, pero pocas veces por la calidad con la que lo vivimos. Quizás por eso la palabra ‘retiro’ puede resultar extraña. Escribe Marta Bort.

Foto de RIshikesh Yoga Valley School
Algunas personas la relacionan con alejarse del mundo. Otras la entienden como unas vacaciones diferentes. Sin embargo, desde la tradición del yoga, retirarse nunca ha significado escapar de la vida.
Ha significado aprender a mirarla con mayor claridad. Porque existe una diferencia profunda entre alejarse y tomar distancia.
Alejarse nace muchas veces del rechazo. Tomar distancia nace del deseo de comprender.
Cuando nos retiramos durante unos días no dejamos de vivir. Al contrario. Empezamos a vivir con una atención que el ritmo cotidiano pocas veces nos permite. En los Yoga Sūtra de Patañjali encontramos una invitación constante a observar el funcionamiento de la mente. Esa observación requiere práctica, pero también necesita unas condiciones determinadas. Es difícil escuchar el movimiento interno cuando todo nuestro entorno nos empuja hacia fuera.
Por eso todas las grandes tradiciones contemplativas han creado espacios de retiro: bosques, montañas, ashrams, monasterios.
No porque esos lugares posean un poder especial, sino porque ofrecen algo cada vez más escaso: silencio. Y el silencio no es únicamente ausencia de ruido. Es un espacio donde empezamos a escuchar aquello que normalmente pasa desapercibido. Escuchamos la respiración, el cuerpo, el cansancio acumulado. También escuchamos las emociones que llevaban tiempo esperando ser atendidas.
Regálate tiempo
Muchas personas descubren durante un retiro algo muy sencillo y, al mismo tiempo, muy transformador: hacía mucho tiempo que no se regalaban tiempo. Un tiempo para respirar sin mirar el reloj, para comer despacio, para caminar sin un destino y contemplar. También un tiempo para la práctica del yoga, la meditación, la respiración consciente o, simplemente, para permanecer en silencio, sin la necesidad constante de producir o de ser útiles
Es en ese momento cuando sucede algo curioso. La respiración recupera poco a poco su amplitud y su calma. Y con ella, la mente deja de reaccionar constantemente a todo lo que sucede. El cuerpo recupera un ritmo más natural ya que la práctica del yoga deja de limitarse al tiempo que permanecemos sobre la esterilla. Nos regalamos un tiempo para sentir el asana, para escuchar y comprender nuestro cuerpo y ayudarlo a liberar tensiones y bloqueos.
Empieza a impregnar la forma en que miramos, hablamos, escuchamos y habitamos el día. Quizás esa sea la verdadera esencia de un retiro. No vivir experiencias extraordinarias, sino volver a descubrir la extraordinaria profundidad de lo cotidiano.
Porque retirarse no consiste en convertirse en otra persona. Consiste, muchas veces, en dejar de alejarnos de quienes realmente somos.
Una invitación al silencio
Esta es la filosofía que inspira los retiros que acompaño: crear un espacio donde la práctica del yoga, la respiración, la meditación y el silencio ayuden a regresar a lo esencial. Este verano compartiré esa experiencia en el Monestir de les Avellanes (Lleida), un lugar cuya historia, su silencio y su atmósfera invitan de forma natural al recogimiento, la contemplación y la práctica consciente.
Marta Bort Matas. Profesora y formadora de Yoga · Especialista en Ayurveda
Formación de Profesores de Yoga avalada por la AEPY
