Entrevista con José Carballal, ciudadano yogui (2ª parte)

2026-05-28

¿Qué está pasando con la enseñanza del yoga en España? ¿Qué se puede hacer para seguir despertando el interés por la práctica del yoga, en una sociedad que está perdiendo capacidad de atención y reflexión y prefiere desconectar de la realidad? Atención a la gran paradoja: lo que más necesitamos hoy día es lo que menos queremos, porque nos asusta el proceso largo y esforzado de mirar hacia dentro. Seguimos conversando Jose Carballal y Pepa Castro.

Jose 2

(Ver primera parte)

P: Parece que se estuviera decayendo la popularidad del yoga en España, al tiempo que la estructura de la docencia está cambiando. Escuelas independientes que cierran, generaciones de profesores que se jubilan o se reciclan porque no quieren o no pueden competir con ese otro modo de entender el yoga moderno, más comercial, más basado en la práctica corporal y en la industria del bienestar. ¿Cómo lo ves tú?

J: Yo desde luego noto todo eso que describes. No tengo tan claro que la razón sea el yoga moderno porque lo que se entiende como tal lleva funcionando mucho tiempo y muy bien (aunque habría que definir exactamente qué es eso del yoga moderno). Yo creo que tiene más que ver con que la propia estructura del yoga, que ya no se sostiene tan bien socialmente como antes. Las perspectivas verticales, por ejemplo: el maestro ahí arriba y el alumno aquí abajo, esto ya no se sostiene, y puede ser necesario y  positivo. Pero hay otros aspectos negativos también; por ejemplo, no se sostienen los procesos largos, la concentración, no se sostiene la paciencia…

Creo que eso tiene muchísimo que ver con las redes sociales: estamos empezando a notar ahora los estragos que ha causado el scrolling, el salto de un vídeo a otro. Ya hay muchísimos estudios que demuestran cómo la cultura de la inmediatez ha reducido la capacidad de concentración, de paciencia, de atención, la capacidad reflexiva… en fin, todo lo que implica conexión, escucha, perseverancia…

Esta es la gran paradoja: es el momento en que más necesitamos una práctica como el yoga, pero al mismo tiempo es el momento en que menos lo queremos, porque no nos sentimos capaces de sostener un proceso largo que requiera paciencia, que no tenga prisa, que pida conexión, mirar hacia adentro. Y a la vez, a nivel social, a nivel humano, nunca lo hemos necesitado tanto.

P: Lo que dices es muy cierto: ahora, que urge recuperar la conexión con uno mismo, con la propia resiliencia para no darte por vencido ante lo que ves, es cuando estamos superficializando más nuestro pensamiento, nuestras emociones y nuestro corazón.

J: Todo tiende a lo superficial y las redes también van mucho por ahí: la imagen. No me voy a esforzar en expresar cómo me siento porque lo que importa es cómo se me ve.

P: Y hemos caído en la trampa, José, que es lo peor. Una trampa perfectamente pensada y organizada. Estamos siendo tan manipulados que hasta nos han convencido de que con el yoga comercial del bienestar podemos sentirnos mejor y olvidarnos de las causas que originan las crisis. Ve a tu clase de yoga que vas a salir flotando, y aunque la vida se vaya complicando a tu alrededor, ni siquiera querrás saber la verdad, porque tu opinión ya está formateada por las redes, lo cual es muy cómodo.

J: Sí, individualidad, individualidad. Eso es.

P: ¿Qué podríamos aportar desde el yoga a las nuevas generaciones? ¿Cómo hacerles recuperar la esperanza en un mundo más equilibrado, más ilusionante? ¿Cómo recuperar los ideales que dan sentido a la vida: la unión, la fraternidad, la integridad, los derechos humanos, el rechazo de la injusticia y de la violencia?

J: Muy difícil… Yo me lo pregunto mucho también. Nos veo tan, tan perdidos, tan polarizados con esa historia de los buenos y los malos, ellos y nosotros, los rojos y los fachas… Me agota. Desde el yoga, lo que trato de hacer es poner al servicio lo que puedo, mis puntos de vista y la mucha o poca conciencia que he podido desarrollar. Quizás con un porcentaje de incoherencia, no lo sé, desde mi rinconcito de las propias redes (con las que soy súper crítico pero que uso) intento revertir un poco esto. Y trato de usarlas como una extensión de mi práctica de servicio: la reflexión, la capacidad de validación de muchas cosas, la capacidad de resonancia. Aunque considero que las redes en sí son muy tóxicas, desde mi perfil trato de generar un espacio de salud, de sanación, de reflexión, que creo que es lo que más nos falta. Porque es que hemos perdido la capacidad de reflexionar…

Y trato de salir todo lo posible de lo literal para poder llegar a más gente, salir del personaje del yogui que no tiene sentido porque no lo soy. A mí me sale mucho hablar de mí como de ciudadano yogui. Insisto, no vivo en los Himalayas, ni he renunciado ni quiero renunciar. No tengo una vida de yogui. Soy un ciudadano que se ayuda del yoga, que el yoga me inspira, creo que me hace mejor persona. Pero pago impuestos, las leyes que se aprueban me afectan, las que se derogan también, las políticas que se hacen me afectan, lo que les pasa a los demás me afecta.

Y ahí estoy, como todo el mundo, incluidos los que me dicen: «¡tú que eres yogui, no puedes hablar de esto o aquello!».  Peo no conozco a nadie que me haya dicho “como yogui no tendrías que hablar” que no piense lo contrario a lo que yo expreso. Es decir, no me piden que me calle por ser yogui; me piden que me calle porque no les gusta lo que digo.

Sé que hay gente que se asusta cuando ve a un practicante de yoga hablar de temas sociales, y que me tachan de político como si fuera un insulto. Pero yo distingo dos cosas muy diferentes. Una es identificarte cerradamente con un partido, ver a los demás como enemigos, dejarte llevar por esa carga egoica. Yo no me siento ahí. Otra cosa es ser político en el sentido de que lo que ocurre en la sociedad te importe, de querer un mundo más justo. Para mí el yoga no solo no está reñido con eso: el yoga te lleva a eso. Pero para mí es absolutamente coherente practicar yoga y pronunciarme socialmente para denunciar lo que creo que es injusto, más o menos acertadamente. Lo que es incoherente es ser practicante de yoga, vivir en una sociedad y pretender que no vives en esa sociedad. Es una desconexión de la realidad. ¿Dónde queda Satya ahí?

Me llama la atención que muchas veces esa justificación llegue apoyada en los textos tradicionales, usados de forma literal. Entiendo el respeto por la tradición, lo comparto. Pero esos textos fueron escritos hace miles de años, en sociedades con estructuras radicalmente distintas a la nuestra, para hombres de castas específicas, en un contexto que no es el nuestro. Aplicarlos literalmente para definir lo que un practicante puede o no puede hacer hoy, me parece que dice más sobre la necesidad de un refugio cómodo que sobre fidelidad real a la tradición. La propia Iglesia Católica ha tenido que reinterpretar sus textos continuamente para seguir siendo útil a las personas reales. Los retos espirituales, sociales y psicológicos de hoy no están en esos textos. No pueden estarlo.

P: Eso yo lo llamaría creerte el papel, identificarte con el hábito que llevas. Por eso te admiro y te sigo, José, porque lo necesito para creer, necesito sentir que hay coherencia detrás de las palabras, que hay intención de buscar la verdad. Porque si percibo eso, me cuesta creerme nada.

J: Recordando siempre que no existe la coherencia absoluta, que todos tenemos un grado de incoherencia y a veces llegamos a un punto en el que dices, madre mía, cuánto trabajo me queda todavía. Para mí la coherencia tiene que ver sobre todo con la intención de hacer cada día un trabajo real para alcanzarla.

P: Puede que al yoga le esté debilitando toda esa falta de profundidad que fomentan las redes. Puede que, de algún modo, la gente está percibiendo esto. Quizás los jóvenes están leyendo ese doble lenguaje, ese mundo paralelo que no es coherente con lo que está pasando en el mundo real. Y entre algo que no llegas a creerte del todo y pilates, te vas a pilates, que al menos te ayuda con el dolor de espalda.

J: Claro, y además te va a poner el cuerpo que validan las redes y no te hace pensar mucho. En el mundo va creciendo el nivel de miedo, de paranoia, de ansiedad, de dificultades de salud mental, y con la inteligencia artificial estos aspectos van a empeorar, la paranoia va a seguir creciendo porque ya ni siquiera podemos confiar en si lo que vemos es real o no.

Un mundo menos seguro llevado por líderes que obviamente no están muy bien de la cabeza. Y, claro, con todas estas sensaciones inquietantes, hacer algo como el yoga, que te ayuda a entender o a enterarte mejor de lo que te pasa, también es amenazante. Hay mucha necesidad de desconectarse… Una actividad física que te haga sudar pero no mirar hacia adentro, ahora mismo atrae más.

Pero para resolver lo que me pasa, primero tengo que enterarme de lo que me pasa; si no, todo eso me sigue controlando. Tengo que tomar conciencia de lo que me pasa y ocuparme de trabajarlo. Eso lo puedo alcanzar practicando yoga.  Y de nuevo la paradoja: lo que más necesito es lo que menos quiero, porque quiero sentirme mejor, pero me asusta el proceso que tendré que atravesar para conseguirlo.

P: Es muy cierto, Jose. Esa es una frase que resume muy bien el momento en que nos encontramos. Gracias por tus semillas de honestidad y por hacernos reflexionar sobre lo que de verdad importa.

 Seguiremos escuchándote en tu instragram @soyjosecarballal