Citta, Vrittis y Nirodha: el Yoga de la Mente como retorno a la transparencia esencial

2026-05-14

Aproximándonos a los Yoga Sutras de Patañjali desde la experiencia y la fuente clásica veremos que esta filosofía milenaria ofrece herramientas concretas para comprender por qué sufrimos cuando nos identificamos con nuestros pensamientos y cómo es posible recuperar una mirada más clara, estable y compasiva sobre la realidad. Escribe Isabel Ward.

Citta

¿Alguna vez has sentido que el silencio de alguien te duele como un rechazo, mientras que otra persona lo vive como una caricia? ¿Ha notado que las mismas palabras pueden herirte o aliviarte según el día? Eso no es una anomalía ni un defecto personal; es, sencillamente, un rasgo constitutivo de la condición humana. Todos miramos la vida a través del tamiz de lo que hemos vivido. No hay una realidad a la que accedamos de forma directa; siempre lo hacemos a través de la mente que lo procesa.

Este artículo propone una inmersión en los fundamentos de la psicología del yoga clásico tal como los expone Patañjali en sus Yoga Sutras. Lejos de tratarse de una especulación abstracta, esta filosofía milenaria ofrece herramientas concretas para comprender por qué sufrimos cuando nos identificamos con nuestros pensamientos y cómo es posible recuperar una mirada más clara, estable y compasiva sobre la realidad.

1.Citta: el campo de la conciencia como lago interior

En la tradición del yoga, la mente no es una «cosa» sino, más bien, un proceso, un campo dinámico que los textos sánscritos denominan Citta. Este término suele traducirse como «conciencia total» o «campo de la experiencia mental», y abarca tres funciones diferenciadas [1]:

  • Manas: el procesador sensorial, la «grabadora» que registra las impresiones del mundo exterior.
  • Buddhi: el intelecto discriminativo, la «brújula» que discierne, que sabe qué conviene y qué no.
  • Ahamkara: el ego, el «yo» que se apropia de las experiencias y construye un relato identitario.

Patañjali compara este Citta con un lago de montaña. El agua en sí misma es pura conciencia, transparente por naturaleza. Pero según lo que hayamos ido depositando en ese lago a lo largo de los años —recuerdos, heridas, creencias, condicionamientos—, el agua puede estar más o menos turbia, más o menos agitada, más o menos desbordada. Y es desde esa claridad o esa turbulencia interior como proyectamos nuestra visión al exterior: más o menos nítida, más o menos amable, más o menos verdadera.

«La mente es como un espejo; si está cubierto de polvo (pensamientos), no puede reflejar la luz del Ser.» — Tradición advaita (comentario al Sutra I.3) [2]

2.Vrittis: las olas que agitan la superficie

Si el Citta es el lago, los Vritti son las olas. Patañjali define este término en el segundo sutra del primer capítulo (Samadhi Pada): «Yogaś citta vṛtti nirodhaḥ» — el Yoga es el cese de la identificación con las fluctuaciones de la mente [3].

Estas fluctuaciones Vritti se clasifican en cinco tipos (Yoga Sutra I.5-I.11):

  • Pramāṇa, percepción válida: «El fuego quema».
  • Viparyaya, error o percepción falsa: Ver una cuerda y creer que es una serpiente.
  • Vikalpa, fantasía o construcción imaginaria:«¿Y si llego tarde?», «¿Y si me despido?».
  • Nidrā, sueño (ausencia de objetos mentales): El estado onírico, que también es un vritti.
  • Smṛti, memoria: el pasado que regresa a teñir el presente.

De todos ellos, dos resultan especialmente relevantes para la vida cotidiana: Vikalpa (la ansiedad proyectada hacia el futuro) y Smṛti (la rumiación anclada en el pasado). El sufrimiento, enseñaba Patañjali, no nace de lo que sucede, sino de la identificación con la ola que ese suceso genera en nosotros [4].

«Estoy enfadado» no es una verdad última. «Hay un enfado pasando» es una descripción más precisa. La diferencia entre ambas formulaciones es la distancia entre ser arrastrado por el remolino y observarlo desde la orilla.

3. Nirodha: el arte de no luchar contra las olas

Uno de los malentendidos más frecuentes acerca del yoga consiste en creer que nirodhaḥ significa «vaciar la mente» o «suprimir los pensamientos». Nada más lejos de la intención de Patañjali.

Si luchamos contra una ola, la ola nos revuelca. Si intentamos detener el agua con las manos, generamos más ondas. Nirodha no es represión, sino sedimentación. Es el proceso por el cual la arena que enturbiaba el agua cae al fondo por su propio peso cuando dejamos de agitarla con nuestro juicio y nuestra resistencia [5].

El comentarista Vyāsa (siglo V d. C.) explica que nirodha no implica la aniquilación de la mente, sino la noidentificación con sus movimientos. La mente sigue funcionando —piensa, recuerda, proyecta— pero ya no nos secuestra. Es como mirar una película sabiendo que no somos los personajes sino el espectador en la butaca.

«No se trata de no pensar, sino de no creerse todos los pensamientos.» — Anónimo del yoga contemporáneo, eco del Sutra I.2.

4.Drashtar: el testigo que nunca se agita

Cuando las olas se calman, sucede lo que Patañjali describe en el Sūtra I.3: tadā draṣṭuḥ svarūpe ‘vasthānam — entonces, el Observador descansa en su propia naturaleza [6].

Este Observador, el draṣṭṛ, es la conciencia pura: el fondo del lago que permanece inalterado, tanto si la superficie está en calma como si se ve sacudida por la tormenta. No es el ego (ahaṃkāra), que cambia constantemente según las circunstancias. Es aquello que puede observar al ego, a los pensamientos y a las emociones sin confundirse con ellos.

El Observador no se fabrica, no se entrena, no se conquista. Ya está ahí. El camino del yoga consiste, más bien, en descubrirlo: retirar las capas de identificación errónea que lo velan y dejar al descubierto lo que siempre ha estado presente. Como afirma T. K. V. Desikachar, el yoga no nos da nada nuevo; nos ayuda a recordar lo que siempre hemos sido [7]..

5. Implicaciones prácticas: más allá de la esterilla

Lo expuesto hasta aquí no es una especulación teórica. Cada uno de estos conceptos puede traducirse en una práctica concreta:

→Observación de los vrittis (micro‑Nirodha).

Tres veces al día, detenerse sin cerrar los ojos y nombrar la ola dominante: «planificación», «recuerdo», «preocupación». El solo hecho de nombrarla desactiva parte de su poder de arrastre.

→El ritual del vaso de agua (sedimentación visual).

En momentos de confusión mental, llenar un vaso transparente, echar una pizca de sal y observar cómo cae al fondo mientras se repite: «Como el agua, mi mente sabe volver a su transparencia si dejo de agitarla».

→Ayuno digital como higiene del Citta.

El bombardeo informativo continuo actúa como un ventilador que no permite que la arena se pose. Una hora diaria sin pantallas –especialmente al inicio o al final del día– crea el espacio necesario para que el testigo emerja.

→Conclusión: la libertad de mirarse con suavidad

Libertad, desde la perspectiva de los Yoga Sutras, no consiste en recomponer la vida pieza a pieza como un rompecabezas. Es algo más sencillo y, a la vez, más valiente: aprender a mirar la propia vida con la misma suavidad con la que miraríamos a un amigo cansado.

Esa mirada no nace de ignorar el dolor, sino de haberlo mirado de frente, en silencio, sin juzgarlo. El yoga no borra las huellas del pasado; enseña a habitarlas sin que duelan al caminar. El lago puede agitarse en la superficie, pero quien ha conocido el fondo sabe que la paz no está en las olas, sino en la profundidad que las sostiene.

De la palabra a la experiencia

Te invitamos no a creerte este artículo, sino a comprobarlo por ti mismo. La próxima vez que te sientes a meditar, aunque sean solo tres minutos, observa si sus pensamientos son la realidad o son ecos. Si algo de lo leído aquí te ha resonado, este encuentro está pensado para ti.

Cada uno de los conceptos –Citta, Vrittis, Nirodha, Drashtar– está concebido como una herramienta viva, cuya comprensión plena solo se completa en la práctica. Por ese motivo, los encuentros presenciales «Corazón del Yoga: Encuentros de Filosofía y Yoga Nidra» ofrecen un espacio para encarnar estas enseñanzas en la propia piel y en la propia respiración.

El cuarto encuentro de este ciclo lleva por título «El Yoga de la Mente: Patañjali y el arte de aquietar el Citta». Se celebrará el sábado 23 de mayo de 11:30 a 13:30 en Anandamaya (presencial). En él, además de la filosofía y la enseñanza de Patañjali, compartiremos āsana suave, té consciente, prāṇāyāma y Yoga Nidra.

Los encuentros «Corazón del Yoga» se celebran con periodicidad mensual. Las fechas y temas de cada sesión se anuncian en los canales habituales (web y redes). Para más información, https://www.yogaanandamaya.com/

Isabel Ward es fundadora y directora de Yoga Anandamaya, un espacio dedicado a la enseñanza del yoga como sendero de autoconocimiento y transformación. Combina la tradición clásica de los Yoga Sutras con una aproximación experiencial y psicológica, adaptando la sabiduría milenaria a las necesidades de la vida contemporánea. Colaboradora habitual de Yoga en Red, imparte encuentros presenciales mensuales bajo el título «Corazón del Yoga: Encuentros de Filosofía y Yoga Nidra» y «Viernes de Presencia».

Notas 

[1]: Patañjali, Yoga Sūtra, I.2-I.4. La tripartición de Citta en manas, buddhi y ahamkara no aparece explícitamente en los sutras, sino en la tradición comentarial posterior, especialmente en Vyāsa y Vācaspati Miśra. Cfr. “Yoga Bhāṣya” I.6.
[2]: Esta imagen del espejo y el polvo es recurrente en la literatura advaita. Se encuentra por ejemplo en Śaṅkara, Upadeśasāhasrī (Las Mil Enseñanzas), cap. XVI.
[3]: Patañjali, Yoga Sūtra I.2. La traducción de nirodha como «cese de la identificación» sigue la interpretación de T. K. V. Desikachar (El corazón del yoga, 1995), que prefiere «controlar» en el sentido de «dirigir la atención sin dispersión».
[4]: Sobre la causalidad del sufrimiento (duḥkha) en función de la identificación con los vrittis, véase Yoga Sūtra II.3-II.9 (las cinco aflicciones o kleśas).
[5]: La metáfora de la arena y el agua no es canónica en los textos clásicos, pero se utiliza en la tradición oral del yoga para ilustrar nirodha. Una versión similar aparece en el Haṭha Yoga Pradīpikā (IV.30) referida a la estabilidad mental.
[6]: Yoga Sūtra I.3. Iyengar, en La luz del Yoga, (1977), traduce: «Entonces el vidente (el Ser) permanece en su propia naturaleza».
[7]: Desikachar, T.K.V. (1995). El corazón del yoga. Barcelona: Editorial Kairós, p. 42. «El yoga no consiste en creer, sino en experimentar. El maestro no da nada nuevo; ayuda a quitar lo que sobra.»

Bibliografía recomendada

  • Patañjali. Yoga Sūtras. Con comentario de Vyāsa (Yoga Bhāṣya). Edición de Swami Prabhavananda y Christopher Isherwood, How to Know God, Hollywood: Vedanta Press, 1953.
  • Desikachar, T.K.V. (1995). El corazón del yoga. Barcelona: Kairós. Especialmente cap. I: «Definición del yoga».
  • Iyengar, B.K.S. (1977). La luz del yoga. Barcelona: Kairós. Introducción y comentarios a los primeros sutras.
  • Bryant, Edwin F. (2009). The Yoga Sūtras of Patañjali: A New Edition, Translation, and Commentary. Nueva York: North Point Press.
  • Foessel, Michaël (2017). La filosofía del yogui. Madrid: Errata Naturae. (Una mirada contemporánea a la subjetividad en el yoga).