¿Todavía haces yoga?

2026-02-10

Andando por las calles de este pueblo, donde llevo viviendo hace más de tres décadas, me encuentro con alumnos que pasaron por el centro de yoga, con los que puedo hablar de temas diversos. Alguna vez me preguntan: ¿Todavía haces yoga? Escribe Ramon Marpons.

yoga

Foto de Yan Krukau: https://www.pexels.com/es-es/foto/hombre-fuerza-fitnes-fitness-8436688/

En mi caso “hacer yoga” tiene dos respuestas. La primera se refiere a si todavía doy clases, después que me jubilé hace tiempo; les digo que sí, cuando me lo piden, pues me siento bien dirigiendo alguna sesión o participando en algún seminario relacionado con la práctica del yoga.

La segunda respuesta hace referencia a si mantengo el hábito de una sadhana personal, y ahí la respuesta es que necesito dedicarle un tiempo al hatha-yoga, varias veces por semana; sin olvidar los tiempos de silencio, la meditación.

Los profesores deberíamos transmitir a los alumnos que el yoga es un sistema para la transformación personal, que ofrece multitud de técnicas y se adapta a las necesidades de cada uno. Creo que cualquier practicante que lo haya sido por varios años, podrá reconocer que, gracias al yoga, ha mejorado en algunos aspectos, tanto en lo físico como en lo mental, siendo más conscientes de sus límites y capacidades.

Qué difícil, aceptar nuestras limitaciones

Cuando empecé mis prácticas de yoga padecía de dolores de espalda crónicos, jaquecas, un nivel de estrés altísimo, cansancio, problemas con el sueño… Un día por la tarde, antes de una reunión, tomé un café para estar despejado y me dio un temblor en todo el cuerpo que no podía controlar; me asusté. Me hablaron del yoga, en una época en que se iban conociendo en nuestro país algunas prácticas orientales muy atractivas, aunque a veces se mezclaban con otras occidentales.

Encontré un centro donde practicar. Cada sesión de hatha-yoga me hacía más consciente de que algo iba mal en mi vida, de que me costaba cada vez más mantener el ritmo de trabajo, aunque no parecía afectar a algunos de mis compañeros (escuela de primaria). Tenemos capacidades diferentes, pero no hemos aprendido a aceptar nuestras limitaciones; se nos dice aquello de: “si quieres, puedes”; y muchas veces no es cierto.

De la práctica valoré inmediatamente los ejercicios de relajación, pues con ellos recuperaba energía de forma sorprendente. Con los desbloqueos articulares que provocan ciertas asanas y el estiramiento mantenido de ciertos músculos, los dolores de espalda iban cediendo; con la respiración consciente y profunda conseguía dormir mejor. Parecía un milagro: iba por la tarde, después del trabajo, agotado; salía con ganas de andar, me sentía ligero, sentía mi cuerpo más vivo…

Lo que me ayudó desde el principio

Otros temas que profundizamos y que me ayudaron desde el principio, son:

– La respiración.
Cuando nacemos ya respiramos de forma espontánea, pero las tensiones del día a día interfieren en el proceso y podemos acabar con sensación de ahogo, de bloqueo (está aquel comentario divertido, cuando alguien te dice que quiere “aprender a respirar”).

Investigando resulta que, en la respiración consciente, los tiempos no son dos, sino que pueden ser tres o cuatro, si se incluyen retenciones (kumbhaka); se pueden alargar los tiempos, por ejemplo andando muy despacio (inspirar levantando una pierna y espirar pisando fuerte y desplazando el peso)…

Para relajarnos estirados de espalda, podemos poner las manos en el abdomen y sentir el movimiento del diafragma; o llevar las manos detrás de la cabeza. observando la respiración costal y clavicular… En fin, hay mil posibilidades, que pueden ayudar a ser más conscientes y mejorar la función respiratoria.

– La toma de conciencia del cuerpo en el espacio, quieto o en movimiento.
Practicamos posturas de yoga de pie, otras sentados, también en el suelo boca abajo o boca arriba. Ello permite sentir la presión que ejerce el cuerpo sobre el suelo: con los pies, con la espalda, con el abdomen, con la cabeza; y sus efectos sobre los órganos internos o la respiración.

– El equilibrio (descalzos, para sentir bien los pies).
De pie, buscamos el centro de gravedad, también inclinando el cuerpo adelante; mantenemos el equilibrio sobre una pierna con la práctica de algún asana, por ejemplo Natarajasana; también otros asanas en el suelo. Si practicamos en pareja hay distintas posibilidades: uno ayuda al equilibrio del otro, o los dos se ayudan a la vez.

–  La toma de conciencia visual y auditiva.
a) Ejercicios para mejorar la visión: mirando lejos/cerca o dibujando círculos, parpadeos rápidos, etc; palmeo, tapando los ojos varios minutos con la palma de las manos, para relajarlos.

b) Visión panorámica, viendo todo lo que está delante de nosotros, o visión focalizada, mirando algo concreto. Caminando nos daremos cuenta de que pasamos constantemente de una forma a la otra: de ver toda la calle a ver solo una persona u objeto. Si abusamos de la visión panorámica nos perdemos muchos detalles, pero si abusamos de la visión focalizada nos perdemos el conjunto; conviene no distraerse, estar en el presente para salvar los obstáculos.

c) Toma de conciencia auditiva: aprender a protegerse de los ruidos fuertes, observando sus efectos sobre nuestras emociones y estado de ánimo; practicar el silencio, en lugares adecuados; observar el efecto de la música en cada uno; o sentir la vibración positiva del OM.

–  Cambiar algunos hábitos.
Atender a las necesidades de descanso. Investigar sobre la forma de alimentarnos: lo que comemos y también las formas de comer. Posibilidad de sentarse en el suelo, sobre un cojín y con las piernas cruzadas (o no), pero manteniendo la columna vertical. Darse cuenta de que sentados en el sofá perdemos la verticalidad del tronco, pero también con las sillas que nos dejan caer hacia atrás, bloqueando la respiración abdominal.

–  Meditación.
También los tiempos de silencio estuvieron presentes desde el principio, con la incomodidad que representa estar quietos mucho rato, observando los procesos de la mente, nuestros condicionamientos, nuestros miedos; pero con voluntad de superarlos, de ser más libres.

Estos aprendizajes me llevaron a participar en seminarios de fin de semana, o más largos en verano; y más tarde a los cursos de formación, con los programas que incluyen estudios teóricos sobre el yoga, reconocido como una de las seis Darsanas (1) de la India; los distintos yogas; el Yogasutra de Patanjali…

Por entonces, André Van Lysebeth era una autoridad reconocida, con sus libros sobre yoga (2) y sus seminarios por toda Europa, pues tenía una gran capacidad didáctica y la voluntad de facilitar la práctica a los occidentales, sin imposiciones, respetando la filosofía de cada uno. Con Gérard Blitz fueron los promotores de la Unión Europea de Yoga (UEY) en 1971, que por muchos años promocionó los encuentros de verano en Zinal (Suiza), con representantes de las federaciones europeas de yoga…

Como ya he dicho, poco a poco fui valorando el yoga, un sistema que me ayudaba a mejorar mi salud, a atender mejor a los demás, sin desconectarme del mundo. Los resultados siempre requieren tiempo, no hay secretos, se trata de practicar, practicar y practicar. Sabiendo que el objetivo último es llegar al samadhi: contemplación, éxtasis, no dualidad… El camino es largo, ánimo.

(1) Escuelas filosóficas reconocidas.
(2) Aprendo yoga y Perfecciono mi yoga (1968), Pranayama (1971), Mi sesión de yoga (1977).

Ramon Marpons. profesor de yoga.