El Yogasutra de Patanjali es en la actualidad uno de los principales textos de referencia del yoga. Las enseñanzas que ofrece son valiosas e inspiradoras. Sin embargo, un fenómeno tan plural y complejo como el yoga, difícilmente puede reducirse a una única doctrina sin preguntarnos: ¿Cómo una obra que enseña la renuncia radical a cualquier acción, incluso la del pensamiento, se convierte en referente para el practicante actual? Escribe Savitri.

La literatura sobre yoga es extensa y diversa. A simple vista podría parecer que las prácticas de yoga actuales se inspiran en uno o dos textos; no es así. El Yogasutra es una de esas referencias que tiene, entre otras cosas, el mérito de haberse convertido en una suerte de biblia para los yogas corporales, a pesar de ser un tratado de meditación.
El yoga moderno vive una paradoja; por una parte, hay una clara tendencia a corporeizar los objetivos de su práctica, mientras que por otra reivindica su carácter de vía de desarrollo espiritual. Los practicantes demandan recetas sencillas y resultados inmediatos, pero profundizar en el yoga y sus enseñanzas nos lleva a hacernos preguntas.
¿Cómo una obra que enseña la renuncia radical a cualquier acción incluso la del pensamiento, se convierte en referente para el practicante actual? Es un misterio de la historia del yoga. La respuesta quizás se encuentra en la aceptación generalizada de los ocho pasos del yoga que propone Patanjali.
De un texto con tanto reconocimiento e historia, como este, podemos encontrar una larga lista de comentarios de todas las épocas. Cada comentarista versiona el libro original según su propia visión. Algo que es enriquecedor de por sí, pero que conviene tener en cuenta para asumir la diversidad de sensibilidades y no caer en síndromes de autoridad que limiten el pensamiento crítico.
En mi opinión las lecturas que acompañan al practicante de yoga deben ayudarnos a pensar con y más allá de lo que se nos propone. En mi caso comparto algunas cosas en las que me ha hecho reflexionar este texto.
Lo primero que destacaría es el método que utiliza Patanjali para abordar la cuestión del yoga. Más allá de sus conclusiones hay un método con el que se aproxima al tema, que consiste en definir claramente el problema y aportar una solución. Ese problema es muy cercano para todos nosotros: se trata de que os seres humanos sufrimos, y por tanto la cuestión es saber la causa y cómo trascenderla. La causa que propone el Yogasutra es el funcionamiento de la mente, y el medio para la trascendencia es una forma específica de práctica meditativa.
Este abordaje es de agradecer, porque fácilmente podemos conectar con la cuestión que plantea Patanjali. Tenemos la experiencia reconocible de que nuestros pensamientos crean escenarios no reales. Y nos gustaría dejar de estar tiranizados por las diversas desviaciones perceptivas que tantos padecimientos nos traen.
La propuesta de Patanjali es muy clara, la forma de trascender la agitación mental es llevando la atención de fuera hacia dentro. En esto se basa la meditación, en un proceso de interiorización. Y los principios que apoyan el método son fundamentalmente tres: concentración, esfuerzo sostenido y desapego.
El método queda bien definido por los ocho pasos que facilitan el tránsito de las actividades externas a las internas. Hay una clarividencia en la visión de que para alcanzar el estado meditativo conocido como samadhi, se necesita esforzarse en ciertas condiciones relacionadas con los valores personales y éticos, el cuerpo, la respiración y los sentidos físicos. En sus propios términos: yama, niyama, asana, pranayama y pratyahara son imprescindibles para dharana, dhyana y samadhi.
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Así es como nuestras actividades externas y cotidianas comunes son vinculadas a los logros que podemos alcanzar en la experiencia interna. Esto es lo que hay en el centro del texto como guía práctica. Esto es el yoga con Patanjali, pero también hay yoga más allá del Yogasutra.
Elevar la vida en vez de rechazarla
En lo relativo a la finalidad del yoga esta obra sigue una ideología centrada en la liberación radical del mundo. Dicho, en otros términos, esto significa que la experiencia ordinaria de la vida es una ilusión, y el noble objetivo del yoga es en última instancia disolverse en la vacuidad de la no experiencia. Este ideal es lo que se conoce como liberación, y plantea muchas preguntas. La primera: ¿es esta la única alternativa y, en último término, es posible? Y, como he escuchado plantearse en varias conferencias a la filósofa y estudiosa de textos de yoga Raquel Ferrández, ¿no hay una contradicción entre vivir queriendo huir de la propia vida? Entonces, ¿podría el yoga formular un nuevo ideal que consista en elevar la vida en vez de rechazarla?
Para terminar, dejo aquí unas reflexiones de Sri Aurobindo, que invitan a tomar lo esencial de la tradición yóguica, pero sin abandonarnos a la comodidad de no cuestionarnos nada: “Nos encontramos en una época repleta de angustias propias de un parto en las que todas las formas de pensamiento y actividad, que ocultan en sí mismas algún vigoroso poder de utilidad o alguna secreta virtud de persistencia, están siendo sometidas a una prueba suprema ofreciéndoles la oportunidad de renacer. El mundo de hoy presenta el aspecto de una enorme caldera de Medea en la que son arrojadas todas las cosas, desmenuzadas en pedazos, experimentadas, combinadas y recombinadas, sea para perecer y servir de materiales dispersos en formas nuevas o para emerger rejuvenecidas y cambiadas, listas para un nuevo periodo de existencia”.
–Patanjali. Yoga Sutras. Diversas ediciones y traducciones.
–Sri Aurobindo. El renacimiento de la India y otros ensayos sobre la cultura india.
Savitri. Formadora de Profesores de Yoga Integral en la Escuela Mahashakti.
