Las trampas que nos alejan de la verdad sobre el yoga

Solo la verdad es liberadora del miedo a la vida. Monserrat Simón nos lo recordaba hace poco en un excelente artículo sobre las diez trampas que nos alejan de satya, la honestidad, sin lo cual la esencia del yoga se pierde irremisiblemente porque nos desvia de su finalidad, que es el autoconocimiento. Escribe Pepa Castro.

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Entre estos diez obstáculos citados en el interesante artículo de Montserrar Simón, «Recuperar la sabiduría inherente al yoga»,  que nos salen al paso en el camino del yoga, unos son más conocidos y tratados, como la práctica automatizada, la banalización de las enseñanzas, el dogmatismo rígido y moralista, la idealización

Pero hay otras ilusiones más sutiles (y costosas de admitir) que acechan a los buscadores avanzados, esos que ya han alejado de sí el cáliz de los apegos mundanos mientras caen, casi sin darse cuenta, en otra red que se va tejiendo en el reverso de su ego aparentemente doblegado. Son la arrogancia espiritual (bhrantidarsana de los Yoga sutras), es decir, la ilusión de creernos íntimamente mejores, más despiertos, evolucionados o sabios que el resto de los mortales; y su consecuencia inmediata: la identificación con un modelo espiritual irreconciliable con la realidad material, que lleva a la desconexión o pérdida de interés hacia todo lo externo (material o no), que no sea la propia torre de marfil. Como si más allá de la vivencia individual subjetiva no hubiera más vida ni más luz… Como si la esencia, el ser espiritual que está en cada uno de nosotros, solo pudiera brillar en algunos…

Satya, el faro

Para detectar estas desviaciones en el camino de la búsqueda de la verdad, satya, contamos con herramientas de observación como la atención plena y la meditación indagadora. Satya nos hace aterrizar de vuelta a la realidad cuando estamos tentados de permanecer en el bucle interior, recordándonos que la vida exterior mancha, ensordece, confunde y destruye para poder seguir creando plenitud, silencio, belleza, armonía y fraternidad.

La indagación que lleva al autoconocimiento, propósito de todos los caminos del yoga, es también la vía de la conquista de la autoaceptación, el final de la lucha contra el miedo. Es el valor para mirarnos en el espejo de la realidad despojados de la protección de poses, roles, apariencias e imposturas… Para poder amarnos y para poder amar al otro.

La huída del otro siempre es la huída de aquello que no se acepta de uno mismo.

Dicen que cada uno es, en cierto modo, la historia no de sus encuentros, sino de sus huídas. Huída del desamor, de los complejos, de las dudas, de la incomodidad, de los fantasmas, del dolor… Satya es valor para afrontar la verdad de quienes somos, la lupa para buscar en el interior, ver lo que no queremos ver y acogerlo como propio en su imperfección. Quizás solo así se puede abrazar la vida de verdad en su totalidad, con sus luces y sus sombras.

Para acabar, quiero compartir unas reflexiones que me han gustado mucho. Son de Jose Carballal, gran profesor de ashtanga yoga de Mysore House Madrid, en su instagram, a raíz del Curso sobre Yamas y Niyamas que viene desarrollando:

«Hay muchos aspectos que trabajar con satya, y como siempre, el trabajo comienza con localizar la falta de honestidad en nuestras vidas. Y para reconocer esto, ya hace falta una buena dosis de honestidad: ¡así se arranca el motor! Luego hay que entender por qué esto afecta negativamente en nuestra vida, para no seguir principios como robots: para practicar con entrega este principio, hay que entender su necesidad.

Para mí, uno de los aspectos más importantes con este trabajo ha tenido que ver con irme atreviendo, poco a poco, a mostrarme como realmente soy.
Y esto es mucho más difícil de lo que parece, porque solemos vivir la vida mostrando a cada uno la cara que creemos que quiere ver, o que mejor aceptará, y esto supone pequeñas traiciones hacia nosotros mismos, que hacen tambalear el primer principio de esta práctica: la no violencia (En este caso, hacia nosotros)

En esta sociedad de insta-felicidad y de apariencias perfectas, poder vivir y mostrar nuestra humanidad completa es duro y asusta… pero es muy liberador. La falsa perfección aprisiona y nos empequeñece por dentro… y nos separa de l@s demás, y de nuestra esencia.
Me queda un largo camino, en este aspecto y en todos… y eso también es verdad. Pero ir mostrando mis heridas, mis oscuridades, mis limitaciones y mis contradicciones ha sido y sigue siendo parte importante de mi práctica de satya. La honestidad empieza por un@ mism@.»

Muchas gracias a Montserrat Simon y a Jose Carballal por sus trabajos en busca de la honestidad.

Pepa Castro es codirectora de YogaenRed.

 

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Por • 30 Nov, 2020 • Sección: Firmas, Pepa Castro