Pedagogia da Yoga 6: A postura invisível

Todos sabemos que a jornada espiritual é percorrida um a passo sozinho, com grande humildade e, certamente, com muita paciência. Não adianta, a propósito, que outros pensem que você está chegando ao cume quando, na verdade, você pode ter perdido há muito tempo em uma caminhada ao longo da estrada. Escreve Julian Peragón Arjuna.

A postura

A grandeza que se vive através dos outros prefere adicionar pedras a um processo interno que, muito pelo contrário, precisa Nu. A tentação da imposição não nos move um milímetro de onde estávamos; é impossível sair da nossa realidade, sempre nos assombra. Se alguém quer ganhar a batalha ele deve saber onde seus exércitos estão e quais são seus pontos fortes, mas também os fracos. Isso nos lembra do Tao Te Ching que "quem está de pé em seus dedos não se levanta firmemente. Quem correr não vai longe. Qualquer um que tente brilhar observa sua própria luz.

No caminho do yoga, a partir de qualquer disciplina profunda, uma pose pode nos levar muito longe como uma estratégia de poder, mas também longe de quem somos, e isso se chama auto-traição. Uma Sana é uma postura, e não devemos esquecer que é fundamentalmente uma postura antes da vida. Como enfrentamos o Sana é como enfrentamos as circunstâncias; a tensão em um é simétrico para rigidez no outro, você só tem que trocar músculoe ação, e, quão curioso, precisamente os músculos são a gasolina das ações. Mas é claro que posturas podem levar a poses. De acordo com o dicionário a pose é uma postura não natural, e podemos acrescentar que, por essa mesma razão, não é feita com a naturalidade do seu sentimento, não faz parte da sua verdade. Enquanto em um eixo está em "como me sinto", o outro favorece o "como eles olham para mim". Em suma, a diferença entre postura e pose está em algo tão íntimo como o coração e muitas vezes é invisível para os olhos.

É curioso perceber que, com uma postura idêntica, há aqueles que ostensivamente inflam seu ego porque conseguem falar de você com limites, numa falsa percepção de que a verdadeira alquimia está em uma complicada permutação de pernas e braços. Por outro lado, com essa mesma postura, dissolvesecretamente sua importância pessoal porque reconhecem seus próprios limites e entendem que o corpo não é uma imagem social pesada, mas a mesma evolução fez carne, uma sabedoria orquestrada por genes e hábitos que são manifesto em estática harmônica. A verdadeira encruzilhada é usar âsana como herramienta neutra para disolver mi prepotencia y no para engordarla, para fundirme con la totalidad y no para crear más separación, para aterrizar en la presencia de lo cotidiano y no para despegar hacia experiencias extraordinarias.

El pozo de la carencia

La línea que separa la inflación del ego de su disolución es bien delgada como insinuábamos. Una flexión notable, una resistencia relevante, una ejecución impecable, una inmovilidad bien controlada, una respiración amplísima mientras practicamos yoga y ya tenemos la tentación de colocarnos delante del precipicio de nuestras carencias. Es tan grande el pozo carencial de autoestima que nos agarramos a cualquier experiencia extraordinaria o a cualquier arrebato de domino del cuerpo o control de la mente para proclamar, siempre modestamente, que somos especiales. Hay una lucha secreta por conseguir más miradas, más aplausos, más reconocimiento, más éxito, en definitiva, más poder. El ser carencial que llevamos dentro lo traduce a su manera; si soy más, si soy especial, si tengo poder entonces me querrán más.

Âsana no es una pose: es un proceso. En ese proceso -que lo hacemos con todo nuestro cuerpo pero también con nuestra mente, utilizando las neuronas además de las entrañas- repasamos cada músculo y cada articulación, cada centro energético y cada víscera para disolver las tensiones inútiles. La atención en âsana reside en reajustar el (sobre) esfuerzo constantemente. La idea es bien clara: se trata de hacer el esfuerzo justo, el necesario para tal acción, ni más ni menos, entonces habrá armonía. En âsana como laboratorio de la experiencia podemos ver ese esfuerzo innecesario con más claridad, pues la complejidad de la vida a menudo ofrece una resistencia excepcional para ver eso mismo.

Pongamos algunos ejemplos. Llegar excesivamente pronto a una cita es una pérdida de tiempo, como bien sabemos todos, pero llegar tarde, fuera de toda medida, es una fuente de conflicto. Practicar âsana como metáfora de la vida cotidiana consiste en disolver los miedos que nos hacen llegar excesivamente pronto y aminorar la dispersión o el descontrol que nos hacen llegar demasiado tarde; en todo caso, quitar aquello que molesta, aquello que es fuente de sufrimiento.

Reajuste de esfuerzos

Durante un día, desde que nos levantamos hasta que nos acostamos, tenemos la oportunidad de hacer este reajuste de nuestros esfuerzos. Es cierto que hay un tiempo para trabajar y otro para descansar, uno para el ocio, para las relaciones, para cuidar del hogar, etc. A menudos saltamos de un espacio a otro de forma compulsiva, casi por reacción, y al final del día llegamos bien con la lengua fuera o con el humor agrio. Es aquí donde debemos aplicar toda nuestra sabiduría yóguica.

Los âsanas nunca van solas sino engranadas en una serie, lo mismo que las acciones dentro de un día. Si nos fijamos exclusivamente en un âsana, perdiendo de vista la dinámica de la serie, con seguridad que acabaremos a trompicones. El músico sabe que el compás es sólo una parte de la pieza musical. Por tanto, ya tenemos el primer malabarismo del yoga: estar presente en el detalle de la postura sin perder la globalidad de la serie, que por cierto está enfocada con un objetivo preciso.

Comunicación íntima

Hemos dicho que âsana es un proceso en el que el esfuerzo es reajustado constantemente con la intención de disolver las tensiones innecesarias. Todo esto con un objetivo mucho más profundo y a veces inesperado: mantener la conciencia clara. A veces pienso, si he de poner otro ejemplo, que âsana es como una comunicación contigo mismo, con lo otro que habita en ti, tu cuerpo, tus emociones, tu respiración, tu flujo mental o tus motivaciones internas.

Lo mismo que ocurre con la comunicación informal con un buen amigo: hay momentos para expresar, para escuchar, para ir de lo concreto a lo general o viceversa, momentos para el silencio, para la risa, para la complicidad. Hay un flujo en esa comunicación en el que nos vamos liberando de los protocolos sociales, de lo anecdótico y vamos entrando hasta ser el que somos. Nuestro cuerpo, nuestra emoción y nuestra mente van al unísono, somos un danza en armonía con el movimiento psíquico del otro, se desvelan hasta nuestros propios misterios. En los raros momentos en que se da esa comunicación, no hay palabras para describir la profunda sensación de bienestar que se siente. Relajar las tensiones innecesarias en âsana nos debe servir para mantener la vigilancia.

Resistencia y calma natural

Además hay un elemento práctico: una práctica constante nos lleva poco a poco a una fortaleza interna, a una resistencia natural delante de las situaciones extremas. El frío y el calor, el hambre y la sed, el sueño y el cansancio, el ruido o el caos de la vida presionan produciendo incomodidad. Pero también el éxito o el fracaso, la alabanza o el desprecio, la soledad o las compañías ingratas nos pueden llevar a un nivel elevado de sufrimiento. Un cuerpo fuerte y una mente estable, desarrollados con una práctica adecuada, hacen que afrontemos esas circunstancias con una mayor capacidad de aguante y con una mayor relajación de la tensiones internas. Si el cuerpo está relajado y la mente está en calma podremos reaccionar ante los sucesos inesperados con una mayor libertad.

El yoga nos ayuda a comprender que no tiene sentido las prisas y el agobio pues lo que nos interesa es poder observar el flujo de la vida y para ello necesitamos la calma. Nosotros formamos parte de ese flujo, la vida está para ser contemplada, para ser vivida y para ser celebrada. A nadie se le ocurre pagar una entrada cara en la ópera para dormirse o para rumiar lo que va a hacer al día siguiente; vamos para fundirnos con el arte operístico.

Patanjali cuando nos habla de âsana nos habla de infinito, de eterno e ilimitado; nos habla también de absorción y concentración profunda. Entonces ya tenemos todas las piezas del puzzle. Âsana tiene que ver con sentarse sin esfuerzo para la contemplación del infinito. Ese infinito está dentro y está fuera, siempre ha estado y siempre estará. No podemos definirlo pero sí señalarlo, no podemos verlo pero sí intuirlo en su reflejo, en su manifestación. No podemos ver sus contornos porque no tiene límites, no podemos darle cualidades porque no es una cosa, no es ninguna experiencia pero sí lo que soporta la experiencia. No nos confundamos: el yoga es una práctica, una filosofía pero sobre todo es un vuelo místico. Âsana es un buen trampolín, pero depende de nosotros saltar al vacío y zambullirnos en el océano infinito del espíritu.

Arjuna (foto: Guirostudio 2013)Quem é

Julian Peragón, Arjuna, Formador de professores, dirige a escola de síntese de Yoga em Barcelona.

Em breve vai oferecer dois encontros interessantes: meditação de síntese e formação de Yoga em uma cadeira de rodas: Ver http://www.yogaiabcn.org/ca/tallers/

http://www.yogasintesis.com

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Por • 21 Nov, 2013 • Sección: Assinaturas