Pedagogia da Yoga 3: três níveis de diretrizes no yoga

Quando realizamos nossa própria prática ou quando estamos em uma classe, seja individual ou grupal, os professores nos dão diretrizes para executar corretamente posturas e exercícios respiratórios ou de concentração. Muitas vezes, o professor inexperiente pode estar dando orientações excessivas ou talvez pobres para a compreensão do exercício. Por Julián Peragón (Arjuna).

Pedagogia Yoga

É verdade que as orientações têm de ser adaptadas ao nível do aluno, e devem ser progressivas. Portanto, é lógico pensar que primeiro teríamos que passar pelos padrões posturais que nos asseguram a estabilidade da postura e gradualmente introduzem outros mais sutis de experiência ou a mística da própria ioga.

Quando aprendemos a dirigir, primeiro aprendemos a coordenar a embreagem com a engrenagem correspondente. Mais tarde, ao longo dos anos, a aprendizagem básica tornou-se rotina e muitos aprenderam a desfrutar de condução. Os diferentes níveis de diretrizes nos ajudam a tornar nosso trabalho mais sutil e nos servir para ganhar presença.

Diretrizes posturais

O primeiro nível de diretrizes é definido por diretrizes básicas que afetam as bases posturais. Estas são diretrizes que capturam com precisão pontos de suporte postural, balanços, projeções e alinhamentos. É sempre uma questão dos diferentes segmentos do corpo sendo Alinhados para que haja menos sofrimento no nível articular ou muscular.

Também é indicado aqui, se a postura é feita dinamicamente, o ritmo e a coordenação do movimento com a respiração. É evidente que há posições de abertura que convidam a inspiração e outros de encerramento que favorecem a exalação.

Os meios regulamentares que ajustam a postura a nossos limites igualmente exigem tais directrizes precisas estabelecer a postura em uma maneira robusta. Estes meios de regulação pode ser interno, típico do nosso corpo, como dobrar as pernas ou retroversão com a pélvis, mas também externo, para ser capaz de lidar adequadamente com a fita, a almofada, o cobertor ou qualquer objeto que vai nos apoiar nossa prática.

Además de la estabilidad en la postura buscamos que no haya puntos de bloqueo y que la energía y la respiración fluyan adecuadamente. Cuando indicamos como profesores que tenemos que abrir las piernas, girar el pie derecho 45 grados, subir en antepulsión los brazos al inspirar y hacer una flexión hacia delante manteniendo la espalda recta, por ejemplo, estamos guiando a través de estas pautas posturales para que la persona no se haga daño y se concentre en el trabajo postural.

Pautas Vivenciales

Si nos quedáramos meramente en las pautas posturales, el yoga se convertiría en una gimnasia, suave o intensa, y los beneficios irían fundamentalmente a un nivel físico, saludable para el propio cuerpo. Pero no nos olvidemos que además de cuerpo también tenemos una mente.

Una vez tenemos la estructura, hay ahora que habitarla, tal como se haría con una casa: después del arquitecto tendrá que venir el interiorista. Una vez estamos instalados en la postura tenemos que sentirla, tenemos que escuchar qué ocurre en el interior de la misma. Por poner otro ejemplo, una cosa será llegar al bosque a través de las indicaciones que tenemos en el mapa y otra, muy diferente, sentir el bosque, la brisa, los sonidos, la luz tamizada a través de las hojas.

En este sentido, lo primero que tenemos que hacer son recorridos corporales para saber dónde están los puntos de tensión, los acortamientos, las zonas insensibles, las zonas que no “respiran” y los espacios donde no fluye la energía. A través de esta escucha profunda nos convertimos en topógrafos que trazan el mapa de tensiones.

Este mapa es nuestra realidad, nos guste o no nos guste, y es a partir de ahí que podemos caminar con total seguridad. Las pautas vivenciales nos ayudan a reconocer esta realidad y a aceptarla. Nuestro cuerpo absorbe nuestras tensiones, somatizamos las emociones y nuestra fijaciones mentales. Como esponja el cuerpo absorbe pacientemente y se adapta pero reserva la tensión parcial excesiva que no puede liberar.

¿Qué podemos hacer? Podemos respirar nuestras tensiones, llevar amorosamente nuestra atención y sensibilizar aquellas zonas que hemos negado desde nuestra actitud. Podemos reconocer nuestros límites y dialogar con ellos sin empujarlos violentamente y sin huir pavorosamente. Nuestros limites nos enseñan mucho acerca de nosotros mismos; nos dicen, por ejemplo, que necesitamos protección pero que demasiada nos encarcela y apaga la pasión de vida que llevamos dentro.

Estas pautas vivenciales nos ayudan a sentir y permiten una relajación profunda. Las pautas posturales nos aleccionan sobre el buen hacer, en este caso sobre el cuerpo; éstas, más vivenciales, nos ayudan a comprender el no-hacer, a saber soltar, abandonar y entregarse. Son el yang y el yin de la vida, complementarias como son la actitud masculina y la femenina.

Cuando nosotros como profesores indicamos que hay que encontrar el equilibrio sthita-sukha, tal como rezan los Yogasûtras, estamos desarrollando este tipo de pautas vivenciales. Indicar un recorrido corporal, enfocar una zona para sentirla, “respirar” el dolor connatural del estiramiento, aflojar una articulación desde el interior o relajar la musculatura que no interviene directamente en la postura serán pautas para profundizar en este sentir, en este nuevo descubrimiento de nuestro cuerpo.

Pautas de Trascendencia

Ahora bien, necesitamos dar un salto de nivel, ir más allá de lo estrictamente postural y conectar con el alma del yoga, cuyo objetivo fundamental es la elevación de la conciencia. Las pautas anteriores, la consecución de la estructura y el aumento de la sensibilidad, están basadas en conquistar más salud y energía, por un lado, y más escucha y maduración personal, por otro. Aquí debemos recordar que somos cuerpo y mente, pero también espíritu. Y que la integración cuerpo-mente tiene que dar paso a una de mayor calado: la integración del individuo en la totalidad, llámese como se llame donde, por cierto, aparece la comprensión de que el “yo” está envuelto en la ilusión.

Todo el yoga, de una manera u otra, busca presença. La verdadera presencia es espacio luminoso de la conciencia, es decir, sin límite. Esa presencia es la abolición de toda dualidad, por eso cuando estamos en la postura, hay un momento para sentir que estamos en una postura pero que somos también el aire que nos roza, el sonido que reverbera, el espacio que nos contiene, la luz que nos alumbra. Todo forma parte de una rueda que gira y nosotros, el ser que somos, está al fondo, en quietud, sin alteración, viendo las formas que cambian que en este momento y se concretan en Uttanâsana o Sarvangâsana.

Basta con recordar lo esencial, indicar que hay que escuchar el silencio, estar presente en cada instante, sentir la vida y la energía sin tener que conceptualizarlos con nuestro pensamiento. Los hindúes dirían satcitananda; nosotros, la expresión del ser que somos.

Arjuna (foto: Guirostudio 2013)Quem é

Julián Peragón, Arjuna, formador dos professores, direciona a síntese de Yoga escola em Barcelona

http://www.yogasintesis.com

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Por • 14 de outubro de 2013 • seção: Assinaturas, Prática