Condensan el arte de unir cuerpo, respiración y mente para la transformación interior, sin embargo son mal conocidos. Aunque comparten con el yoga indio una profunda atención al cuerpo, la respiración y la mente, poseen un lenguaje, una historia y un propósito propios. Escribe Segundo Rego.

Cuando pensamos en yoga, nuestra imaginación suele transportarnos de inmediato a la India: ásanas, pranayama, textos sánscritos y una tradición milenaria que se ha extendido por todo el planeta. Sin embargo, en las altas mesetas del Tíbet se desarrollaron también sistemas de práctica que, aunque comparten con el yoga indio una profunda atención al cuerpo, la respiración y la mente, poseen un lenguaje, una historia y un propósito propios.
El concepto de yoga tibetano no designa una única disciplina homogénea. Bajo esta denominación encontramos una rica confluencia de linajes y métodos vinculados principalmente al budismo, la medicina tradicional tibetana y al chamanismo originario Bön. Entre ellos destacan: Trul Khor (conocido como la «rueda mágica»), las prácticas de Tsa Lung (trabajo con los canales y vientos sutiles), así como Kum Nye, Nejang, Yantra Yoga o Lujong entre otros. Lejos de formar una jerarquía piramidal, estas prácticas funcionan como diferentes familias de métodos que comparten una visión energética común del ser humano.
Una tradición nacida del encuentro
La historia del yoga tibetano está íntimamente ligada a la transmisión de las enseñanzas budistas y tántricas de la India al Tíbet, especialmente entre los siglos VIII y XII. Maestros, traductores y practicantes viajaron entre ambos territorios, dando lugar a un rico diálogo histórico. Por este motivo, no podemos hablar de un yoga tibetano aislado de toda influencia, del mismo modo que sería erróneo considerarlo una variante del yoga indio.
Ambas corrientes evolucionaron en contextos culturales y filosóficos singulares y distintos. Recordemos que el yoga tibetano también tiene unas profundas raíces en la tradición Bön, que es anterior a la llegada de estas influencias que provenían de la India y de otros territorios como Grecia, Persia o China.
En el Tíbet, estas disciplinas se integraron en el marco del budismo Vajrayana. Mientras que en Occidente algunos yogas contemporáneos tienden a enfocarse predominantemente en la dimensión física y postural, en los yogas tibetanos la forma externa no es el centro, sino el vehículo. Nuestro cuerpo se convierte en una puerta de acceso directa para conocer y transformar nuestra mente.
Las tres puertas: Cuerpo, palabra y mente
Una de las claves fundamentales para comprender la profundidad de esta vía es la enseñanza de las tres sílabas fundamentales: Om, Ah y Hum, que tradicionalmente representan las tres puertas de nuestra experiencia: cuerpo, palabra (o energía) y mente.
Estas tres dimensiones no se entienden como elementos separados. La práctica busca precisamente aprovechar la relación constante que existe entre ellas. Lo que sucede en el cuerpo modifica nuestra respiración y nuestro estado mental; la respiración puede influir en nuestra energía y en nuestra capacidad de atención; y la mente, a su vez, determina la manera en que experimentamos el cuerpo y aquello que sucede a nuestro alrededor.
En propuestas como las de Jamyang Yoga©, fundado por Javier Akerman (Sangye Dorje) en Vigo y asentado en una rica confluencia de linajes, se trabaja con estas tres dimensiones de manera simultánea. Esto significa que mientras el cuerpo se mueve a través de series de ejercicios acompañadas de una respiración específica, la energía sutil se regula. Al mismo tiempo, la mente no se limita a vigilar la ejecución biomecánica del ejercicio, sino que permanece orientada hacia el simbolismo y la intención de la práctica.
De este modo, el movimiento deja de ser únicamente movimiento. La respiración deja de ser simplemente una función fisiológica. Y la atención deja de ser un esfuerzo añadido para convertirse en el hilo conductor que integra toda la experiencia.
Esta danza entrelazada hace del movimiento una auténtica «coreografía del dharma», impulsando una transformación rápida y profunda que trasciende los límites de la esterilla. Es entonces cuando la práctica nos prepara para acompañar y aliviar a través de la compasión el sufrimiento ajeno, cultivando la mente de la iluminación o bodichita y apoyándonos en Tong Len, piedra angular del yoga tibetano.
Transformar los venenos de la mente
Toda esta estructura tiene una dirección muy concreta dentro de la filosofía budista tibetana: la disolución de los tres venenos de la mente (la ignorancia, el apego y la ira o aversión).
Tomemos como ejemplo series específicas como La Conciencia del Guerrero (Nga Mag Nam She) perteneciente al linaje Jamyang Yoga©. Lejos de estigmatizar el enfado como algo puramente negativo, la práctica nos invita a observar de frente esta poderosa energía, la energía del guerrero, que si se descontrola nos puede destruir haciendo que surja la ira o por el contrario, si mengua demasiado, nos podemos convertir en seres apocados y temerosos: ¿dónde se manifiesta en el cuerpo?, ¿cómo altera la respiración?, ¿qué pensamientos la acompañan?
Al aprender a reconocerla, contenerla y equilibrarla, descubrimos un valioso espacio entre el estímulo y la respuesta. Es en ese preciso instante donde recuperamos la libertad de elegir. Entonces, la práctica deja de ser algo que ocurre sobre la esterilla para generar una transformación que impregna nuestra vida.
Este principio puede aplicarse a muchas otras experiencias cotidianas. La práctica no consiste en evitar aquello que nos incomoda, sino en desarrollar una mayor capacidad para reconocer lo que sucede en nuestro interior antes de reaccionar automáticamente. El cuerpo y la respiración se convierten así en herramientas de observación que nos permiten descubrir nuestros patrones y relacionarnos con ellos de una manera diferente.
Profundizar no significa hacer más
Vivimos en la época de lo inmediato donde es fácil acumular técnicas, posturas y secuencias sin detenernos en la esencia. Sin embargo, los yogas tibetanos nos recuerdan que profundizar no consiste en coleccionar ejercicios más complejos, sino en afinar la capacidad de autoobservación.
Cuando el cuerpo se aquieta, la respiración se dirige y la atención se estabiliza, la práctica nos lleva a reconocer nuestro verdadero ser. El cuerpo deja de ser un objetivo estético o de rendimiento para convertirse en un laboratorio de atención y autoconocimiento.
Desde esta perspectiva, aprender yoga tibetano es familiarizarnos con una forma diferente de observar nuestra experiencia y de comprender la relación entre cuerpo, energía y mente. Es un proceso que requiere tiempo, constancia y una transmisión adecuada, porque detrás de cada movimiento, cada respiración y cada secuencia existe un contexto y una intención que dan sentido a la práctica.
Por eso, la enseñanza adquiere una importancia fundamental. Recibir las herramientas de un linaje y aprender a utilizarlas de manera consciente permite que la práctica no se reduzca a una repetición mecánica de formas, sino que conserve su dimensión transformadora.
El yoga tibetano nos invita, en definitiva, a formularnos una pregunta de plena vigencia: ¿qué ocurre si dejamos de habitar nuestro cuerpo de forma automática y aprendemos a escuchar su lenguaje sutil para, a través de él, comenzar a indagar y a desvelar la naturaleza de nuestra mente?
Segundo Rego, también conocido como Trapa Dorje, es fundador y director de Tibet Yoga Studio®, centro especializado en Yoga Tibetano y Meditación en A Coruña y delegación del Instituto Internacional de Yoga Tibetano Jamyang Yoga©. Forma parte del equipo docente y de la Comisión de Enseñanza del Instituto, participando en la formación de instructores y profesores y en la difusión de estas enseñanzas.
Su labor se centra en la transmisión del Yoga Tibetano y la Meditación, integrando el conocimiento de la tradición y su filosofía con la práctica y la experiencia personal. Imparte formaciones y programas de meditación, tanto presenciales como online, dirigidos a quienes desean profundizar en su camino interior y a quienes sienten la vocación de enseñar.
A finales de septiembre de 2026 dará comienzo la XV edición de la Formación de Yoga Tibetano y Meditación, un recorrido de transformación y autoconocimiento a través de la esencia de los yogas tibetanos, profundizando en su filosofía, el trabajo con la energía y la meditación, y que se desarrollará hasta junio de 2027.
Más información: +34 609 233 964 · info@tibetyoga.es
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