Hablar yoga con acento extranjero (y 2)

2026-07-06

En este mundo globalizado hemos considerado que los símbolos se consumen: Mandalas, malas, dioses hindúes, Budas… todo se convierte en «decoración» casi siempre por desconocimiento. Ser practicante de yoga implica acercarse con humildad a la lengua espiritual que le dio origen. Educarse en el significado de sus símbolos es uno de los primeros gestos de respeto hacia esa tradición. Escribe Ana Canelada.

Conocer otra lengua espiritual puede provocar rechazo, resistencia o miedo. Porque amenaza estructuras internas muy profundas: ideas sobre el sufrimiento, el sacrificio, el yo o las categorías de lo divino. ¿Podemos quienes no somos “hablantes espirituales maternos” del yoga llegar a comprender esa lengua igual que quien ha crecido dentro de esa tradición Sinceramente, creo que no del todo.

Pero también puede provocar fascinación, expansión y refugio. Puede poner palabras a experiencias que nunca habíamos sabido nombrar. Incluso puede reconciliarnos con nuestra propia lengua espiritual materna. Porque muchas veces lo único que necesitamos es que las cosas nos sean contadas de otra manera. Porque, en el fondo, la base siempre es la misma, como explicaba Vivekananda de muchas maneras.

¿Podemos quienes no somos “hablantes espirituales maternos” del Yoga llegar a comprender esa lengua igual que quien ha crecido dentro de esa tradición?

Sinceramente, creo que no del todo.

Porque una lengua siempre está unida a una cultura, a una historia y a una forma de vivir. Hay conceptos espirituales pertenecientes a determinadas tradiciones —en este caso, la India— que probablemente nunca podremos experimentar de manera completamente “materna”.

Pero sí podemos acercarnos. Aprender. Escuchar. Afinar el oído. Como quien aprende una nueva lengua sabiendo que siempre conservará el eco de la primera, de la suya, donde creció.

El lenguaje de los símbolos

Conocer otras lenguas espirituales no nos aleja de la nuestra, sino que nos enseña a escucharla de otra manera, generando aceptación, apertura, humildad y reconocimiento de aquello que une a todas las tradiciones espirituales.

Pero ¿qué pasa con los símbolos pertenecientes a una determinada lengua espiritual?

Del mismo modo que las palabras no son simples sonidos, los símbolos no son simples objetos decorativos. Son portadores de significado dentro de una comunidad que comparte esa lengua. Su significado solo puede comprenderse plenamente dentro de la lengua espiritual a la que pertenecen.

Por ejemplo, en esta parte del mundo no solemos utilizar un crucifijo como adorno de jardín o un cáliz para servir cerveza, porque pertenecen a un lenguaje compartido en el que tiene un significado concreto.

Con una imagen de Ganesha, una representación de Krishna, o una imagen de Buda ocurre algo parecido. Fuera de esa lengua espiritual pueden parecer simplemente figuras bonitas. Sin embargo, dentro de ella forman parte de un universo de significados, prácticas, afectos y formas de relacionarse con lo sagrado y de vivir la práctica espiritual.

¿Qué ocurre cuando extraemos una palabra de una lengua que no conocemos y la utilizamos porque nos parece bonita?

Aprendemos la pronunciación de una palabra, recitamos un mantra por su melodía, pero desconocemos el mundo al que pertenece… Con los símbolos ocurre igual.

¿Por qué alguien que jamás colocaría una imagen de la Virgen del Pilar como tope para una puerta considera normal utilizar una figura de Ganesha para decorar un cuarto de baño?

Probablemente no se trate de una falta de respeto consciente. Lo que ocurre es que esa imagen pertenece a una lengua espiritual que esa persona no reconoce, y la identifica como elemento estético desligado de su contexto.

En un mundo globalizado hemos considerado que los símbolos se consumen: Mandalas, malas, dioses hindúes, Budas… todo se convierte en un diseño gráfico y en su mayor parte es por desconocimiento. El desconocimiento explica en gran medida este fenómeno. Precisamente por eso, la educación y el conocimiento son tan importantes cuando decidimos acercarnos a otra tradición espiritual.

La importancia de conocer lo ajeno para respetarlo

Cuando desconocemos una lengua, las palabras dejan de ser palabras y pasan a ser sonidos. Cuando desconocemos una tradición, los símbolos dejan de ser símbolos y pasan a ser decoración.

En un idioma, una palabra tiene significado dentro de una gramática. Un símbolo, adquiere significado dentro de una cosmovisión: una determinada comprensión del mundo, unos relatos, unas prácticas devocionales y una filosofía.

Por eso resulta tan importante la prudencia cuando nos acercamos a culturas y lenguas espirituales diferentes a la nuestra. Y por eso resulta todavía más importante la educación y el conocimiento para el practicante de yoga.

Educación no consiste únicamente en aprender algunos datos sobre otra tradición. Consiste en aprender también a leer sus símbolos. En comprender que el significado realmente no reside en el símbolo en sí, sino en el sistema de pensamiento al que pertenece.

Aprender una nueva lengua espiritual no comienza con pronunciar correctamente un mantra. Empieza respetando el simbolismo asociado a ella. No utilizándolos como mera decoración. No usando una cabeza de Buda como maceta. No usando la imagen de Ganesha en una esterilla donde luego pondrás los pies. Ahí comienza el respeto por la tradición y cultura de la que el yoga procede. Con la prudencia, con el reconocimiento de que aún no comprendemos del todo lo que significa cada símbolo perteneciente a una conversación que lleva siglos desarrollándose; con el reconocimiento de que no conocemos las emociones que evocan.

Comprender el significado de los símbolos

En Occidente nadie utilizaría una página de una Biblia antigua para hacer origami porque reconoce que esas palabras pertenecen a un lenguaje sagrado para millones de personas. No hace falta compartir esa fe para comprender que el objeto tiene un significado que trasciende el papel.

Imaginemos que alguien decide tatuarse varios caracteres japoneses porque «quedan bonitos». O que decora el salón con ideogramas chinos simplemente porque le gusta su estética. Lo más probable es que antes pregunte qué significan. Porque todos intuimos que esos signos pertenecen a una lengua. Sabemos que cada trazo forma parte de un sistema de escritura y que, aunque nosotros no sepamos leerlo, alguien sí lo hace. Nadie diría: «No importa lo que signifique; me gusta la forma de las letras».

Sin embargo, con los símbolos espirituales no siempre actuamos igual. Y un símbolo puede condensar, en una sola imagen, siglos de pensamiento, relatos, filosofía y experiencia espiritual.

Cuando reconocemos que algo pertenece a una lengua, a otra cultura, sentimos la necesidad de conocer su significado. Cuando lo olvidamos, solo vemos un dibujo y corremos el riesgo de tratarlo como un simple adorno, cuando en realidad son elementos de una tradición viva.

Ser practicante de yoga implica acercarse con humildad a la lengua espiritual que le dio origen. Educarse en el significado de sus símbolos y utilizarlos con conocimiento y prudencia es uno de los primeros gestos de respeto hacia esa tradición.

Ana Canelada es educadora de yoga y divulgadora de su tradición filosófica. Profesora de yoga certificada y facilitadora de meditación; formada en Filosofía, Historia del Yoga y textos yóguicos en Yoga Prasad Institute (India), continúa su estudio de manera constante bajo la guía de su maestro.
www.anacanelada.com / IG @anacaneladayoga