El Dharma y la paz ante la injusticia (1)

2026-11-06

¿Es el budismo un camino alejado de cualquier compromiso de transformación social, una espiritualidad de «ojos cerrados» ante el sufrimiento, el abuso y la violencia? Un Dharma comprometido con una cultura de paz no guarda silencio ante la injusticia. Escribe Alejandro Torrealba.

Marcha por la paz

La Marcha por la Paz a Washington en octubre del 2025 (foto Dhammacetiva)

Si en unas jornadas dedicadas a la paz se habla de meditación, compasión, diálogo y transformación interior, pero no se habla de Derechos Humanos, justicia social, responsabilidad colectiva ni de las víctimas de la violencia, y cuando desde otros interlocutores se pregunta por esta omisión se responde con evasivas o sin abordar realmente la cuestión, podemos decir que en el budismo tenemos un problema.

Y un problema serio.

Porque esa ausencia, unida a la dificultad para responder cuando se pregunta por la dimensión social del Dharma, no hace sino alimentar la percepción del budismo como un camino alejado de cualquier compromiso de transformación social y ser una espiritualidad de «ojos cerrados», ensimismada en una pretendida transformación interior y, en buena medida, alienada de la realidad social y del sufrimiento concreto de quienes padecen la injusticia y la violencia.

Y esa percepción, para quienes escuchan las preguntas y las respuestas, queda lamentablemente confirmada.

Porque, sencillamente: ¿de qué paz estamos hablando?

La pregunta y lo que aquí planteamos no pretende descalificar a ninguna persona ni tradición, ni menos aún cuestionar el valor de una práctica contemplativa en la que también estamos inmersos.

Pretende algo más sencillo y quizá más incómodo: preguntarnos si una espiritualidad que habla de compasión puede permanecer indiferente ante el sufrimiento concreto de millones de seres humanos.

Cuando ante la injusticia, la violencia o las graves vulneraciones de los Derechos Humanos se guarda silencio, la espiritualidad corre el riesgo de convertirse en una forma de evasión. Y cuando ese silencio procede de quienes hablan sobre compasión y paz, resulta todavía más difícil de comprender.

La pregunta más incómoda

Por eso, sencillamente, un Dharma comprometido con la paz parte de una pregunta incómoda: ¿puede hablarse de compasión mientras permanecemos indiferentes ante las causas sociales, económicas, políticas y ambientales que producen sufrimiento?

Una espiritualidad que reduce el Dharma a meditación, serenidad interior y bienestar personal corre el riesgo de convertir la práctica en una burbuja frente al mundo, en lugar de hacer de ella una forma más lúcida de estar en el mundo.

El sufrimiento que contemplamos en la Primera Noble Verdad no es solamente psicológico. Hay sufrimiento producido por la pobreza, la guerra, la explotación, el racismo, la discriminación, la desigualdad, la violencia de género, la destrucción ambiental, el colonialismo, la persecución de pueblos y la vulneración de los Derechos Humanos.

Por eso, compadecer al ser humano que sufre exige también preguntarse por qué sufre y qué podemos hacer para que ese sufrimiento no continúe reproduciéndose.

El peligro de un «budismo» socialmente indiferente

Se puede ser profundamente riguroso en las prácticas meditativas y, sin embargo, permanecer socialmente indiferente.

Se puede hablar de karuṇā y no hablar de justicia. Hablar de mettā y no pronunciarse ante la violencia. Enseñar ahiṃsā y guardar silencio ante el genocidio y la guerra. Puede hablarse de interdependencia y no cuestionar un modelo económico que destruye ecosistemas y comunidades.

Puede enseñarse el desapego y utilizarlo, consciente o inconscientemente, como justificación para no implicarse.

Y puede hablarse de ecuanimidad confundiéndola con neutralidad ante la injusticia.

Pero la ecuanimidad del Dharma no significa que todo nos dé igual. Significa no quedar atrapados por el odio, el miedo y, menos aún, por la indiferencia, precisamente para poder responder con mayor claridad.

La interdependencia tiene consecuencias sociales

Si realmente tomamos en serio la enseñanza de la interdependencia, resulta difícil sostener que nuestro sufrimiento termina en los límites de nuestro cuerpo o de nuestra experiencia individual.

Lo que comemos, consumimos y producimos tiene consecuencias.
Lo que hacemos con el poder tiene consecuencias.
Lo que toleramos tiene consecuencias.
Lo que callamos también puede tener consecuencias.

Por eso, la práctica contemplativa debería conducir de manera natural a una ética de la responsabilidad.

No basta con transformar la mente si después contribuimos, por acción u omisión, a las mismas estructuras que generan sufrimiento.

Compasión no es neutralidad

Una de las cuestiones fundamentales del Dharma comprometido es recuperar el sentido activo de la compasión.

Compasión no significa simplemente sentir el dolor del otro. Significa dejar que ese reconocimiento transforme nuestra manera de actuar.

De ahí que el compromiso social no sea una añadidura política al Dharma. Puede ser entendido como una consecuencia de sus propios fundamentos.

Como bien dice Thich Nhat Hanh, «el budismo es socialmente comprometido desde sus orígenes». Quizás habría que volver la mirada a las fuentes mismas, como nos enseñaba Dhiravamsa.

Meditar para ver.
Ver para comprender.
Comprender para actuar.
Y actuar sin perder la capacidad de contemplar.

Y entonces surge una pregunta inevitable: ¿Qué consecuencias tiene mi práctica sobre la manera en que me relaciono con los demás y con el mundo?

Una espiritualidad que produce serenidad individual pero indiferencia ante el sufrimiento colectivo merece, al menos, ser examinada críticamente y preguntarse si ese es el Dharma enseñado por el Buda.

Los principios recogidos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos se encuentran profundamente imbricados con la ética de la compasión y la no violencia. Por eso, en el marco del Dharma, hablar de paz sin hablar de justicia social, derechos humanos y responsabilidad colectiva resulta insuficiente.

* (Próxima entrega de la segunda parte)

Alejandro Torrealba. Dharma Acharya.
https://www.facebook.com/alejandro.torrealbaalvarez/?locale=es_ES