Blanca San Román conversa en esta ocasión con Naren Herrero sobre los llamados manuales mediavales del yoga, como el Hatha Yoga Pradipika, y lo que nos enseñan. Y de ahí, al gran tema de la prevalencia hoy día de las posturas: «Eso lo hicieron autores indios», dice Naren, que también se refiere a la idealización del yoga puro e intocable: «El yoga se medicalizó en India antes que en Occidente».

Naren Herrero se crió en el seno de una familia que practicaba yoga y los principios espirituales del hinduismo. Actualmente imparte historia, filosofía y mitología del yoga en diversos países y, además, es fundador de la web hijodevecino.net y, junto a su compañera Hansika, de la escuela online satsangacampus.com.
Personalmente tenía muchas ganas de mantener esta conversación con Naren, ya que me interesa mucho su visión práctica y accesible, pero a la vez muy profunda y abierta al debate, de la filosofía del yoga. Hablamos hoy sobre los manuales medievales y sus enseñanzas.
Blanca San Román: ¿Cuál es el contexto de los llamados textos medievales sobre Hatha Yoga?
Naren Herrero: Existen estos manuales desde el siglo X al XIX d. C., más o menos, porque lo que se llama “medieval” en la India es más amplio que la Edad Media europea. Sin número exacto, sí hay dos o tres que son los más difundidos: el Hatha Yoga Pradipika, el Gheranda Samhita y el Shiva Samhita. De lejos, el Hatha Yoga Pradipika es el más conocido; quizás el Gheranda Samhita sería el segundo.
Sin embargo, hay muchos otros anteriores. Las investigaciones académicas han registrado escritos previos, y tenemos una situación curiosa: tradicionalmente el Hatha Pradipika sería el más usado, pero a nivel académico se da más relevancia a textos anteriores, de los siglos XI o XII, porque son pioneros. Parece ser que en el Hatha Pradipika el 50 % del contenido está directamente tomado de textos anteriores.
B. S. R.: Sí, muchos textos de relevancia en realidad son compilaciones de textos anteriores. Es interesante, ya que esos textos no compilados a veces pertenecen a un momento histórico y geográfico puntual que no es trasladable a tiempos posteriores.
N. H.: Claro. Hay que entender que, a diferencia de textos que son más de revelación y cuyo autor se desconoce, los manuales pertenecen a un linaje o a un maestro específico, y están limitados por una época y una geografía. Por eso encontramos que hay una postura que tiene más de un nombre o que un nombre se refiere a distintas posturas, porque no era una enseñanza sistemática unitaria, sino vinculada a la geografía.
Eso pasa hoy con los estilos de yoga: dependiendo de la línea que se siga, hablando de posturas –que es lo más conocido–, cambia el nombre o la forma de la postura. Uno se pregunta por qué, y es simplemente porque provienen de distintas fuentes.
B. S. R.: A la hora de estudiar los textos hay que tener mucha apertura mental y saber que provienen de fuentes muy distintas, porque la India es un continente, hay muy distintas geografías e influencias. Por eso el contexto histórico es muy importante.
N. H.: Sí, es fundamental, tanto el contexto histórico como filosófico. La enseñanza va a depender del fondo filosófico de cada escuela: si es más shivaita, vishnuita, tántrica o más ascética. Es normal que, si uno toma manuales sueltos sin comentarios, parezca que hay contradicciones e incluso visiones opuestas.
B. S. R.: Es fácil liarse porque parece que los textos que se contradicen, pero si se mira de forma más amplia, no es así; en todo caso, utilizan herramientas del yoga con distintos objetivos.
N. H.: El verdadero propósito siempre es el mismo, aunque las técnicas y los nombres puedan cambiar. Para llegar al mismo lugar se pueden seguir rutas diferentes y nombrarlas de distintas maneras. En el destino no hay contradicción, pero en el camino puede haberla, y es real en el mundo relativo.
B .S. R.: Me llama la atención por qué en la enseñanza occidental del yoga tienen más relevancia unos textos, mientras se relegan a un segundo plano los de origen desconocido o mítico.
N. H.: Yo no he notado eso, la verdad. El Mahabharata es muy respetado aunque esté escrito por (el dios) Ganesha. El Bhagavad Gita también lo es, aunque algunos digan que Krishna no existe. Los Yoga Sutras también, aunque no sepamos nada de Patanjali… Es un proceso curioso que tiene que ver con la visión materialista de Occidente, que se queda con la enseñanza pero niega lo demás.
Por ejemplo, se dice que Krishna es un invento, lo que va en contra de toda una civilización milenaria. Eso tiene que ver con el mundo moderno: me quedo con lo que me sirve; o sea, no con todo, sino que elijo a la carta. El academicismo del siglo XIX también lo hace: estudia la filosofía india y se fascina con el sánscrito, pero a sus creadores se les considera unos bárbaros supersticiosos. Es una disociación cognitiva que tiene con frecuencia el académico occidental.
B. S. R: Quizás por esto hay académicos de filosofía occidental que infravaloran las filosofías orientales, que encuentran teñidas de esoterismo extraño. Ya el hecho de que el origen y la autoría vengan de una fuente no personalizada es demasiado para una mente cartesiana.
N. H.: Sí, es el paradigma opuesto al oriental. Por ejemplo, se busca la autoridad de un nombre: “Arthur Schopenhauer escribió…”. Pero resulta que Schopenhauer era un ser humano imperfecto, que sufrió toda su vida y que no alcanzó la felicidad completa. Como Nietzsche y otros filósofos… En los textos clásicos de la India tenemos otro modelo sin autor fijo, que nos presenta un texto que se va puliendo, mejorando y confirmando a lo largo de los siglos. Y la prueba de que lo importante no es quién lo escribió es que se ha mantenido.
Copiar textos antiguos no significa que no se tenga capacidad de crear algo nuevo, sino que lo antiguo parece tan válido que se quiere mantener. Es diferente a la visión moderna, que es romper lo antiguo y crear algo nuevo. Eso sucede principalmente desde el siglo XIX con el psicoanálisis: hay que matar al padre y a la madre, mientras que en la India se honra el linaje familiar. A mí me llaman la atención algunos hijos de famosos, como el de Bob Dylan, que en lugar de estar en un linaje prestigioso y triunfar, arrastra la losa enorme de su padre. O el hijo de Pelé, el mítico jugador de fútbol, que se suicidó por que no podía vivir con el peso de la figura del suyo. En cambio, en India es al revés; si naces en un linaje de prestigio, ya lo tienes todo dado con mantenerlo.
B. S. R.: Me parece muy interesante esta visión del psicoanálisis como inicio de una visión de ruptura con el pasado.
N. H.: El marxismo, en el siglo XIX, reduce el mundo al reparto del capital. Luego Freud reduce el mundo a una pulsión sexual. Todo esto es reduccionista comparado con la filosofía india, que plantea varias dimensiones: artha, el propósito material; kama, el propósito sensual; a diferencia de dharma y moksa, que son el propósito espiritual. Nosotros desde el siglo XIX o antes con Descartes, o todo es material, o todo es sexual, o social, o cultural, pero no hay nada espiritual.
B. S. R.: ¿Qué plantean estos textos que has elegido sobre Hatha Yoga que no se planteen en otros?
N. H.: En un famoso un verso del Hatha Yoga Pradipika se ofrecen todos los sinónimos de Samadhi: que es lo mismo que Raja Yoga, Jivan Mukti, Advaita, Turiya… Depende desde dónde lo veas, unas filosofías lo llaman de una manera u otra. Es más, se nombra a Shunia Ashunia, que es un término budista. El objetivo es el mismo; lo novedoso es la metodología; esto es kriya, asana, pranayama y bandha, por simplificarl –no hay muchos manuales medievales que hablen de mantra–. Presentan, pues, un sistema que es físico y energético.
B. S. R.: Claramente entran más en Pranamaya Kosha.
N. H.: Sí, y eso es novedoso porque derivan del Tantra, pero son más específicos En el Tantra se utiliza un ritual que puede ser externo o interno, el mantra permanentemente, la visualización, y por supuesto los chakras y nadis, que son de sistematización tántrica. Pero cómo usarlos es lo que presentan estos manuales de los siglos X y XI. El Hatha Yoga que practicamos hoy, aunque modificado, deriva de ahí. Son manuales de práctica, no tratados filosóficos ni textos inspiracionales.
B. S. R.: ¿Hay algo que quieras haya impactado en tu enseñanza o en tu aprendizaje?
N. H.: Como practicante de Hatha Yoga moderno, tienes una idea preconcebida de lo que es el Hatha Yoga. Y luego ves que en los manuales no hay asana hasta el siglo XV, sólo dos o tres posturas sentadas para meditar. Te criaste pensando que había un solo método, el de Patanjali, por citar el más conocido, que indica ocho pasos, y descubres que hay otros métodos, incluso manuales que no tienen pasos y te presentan todo más desordenado. Eso me llamó la curiosidad .
En el Hatha Yoga Pradipika la mitad del texto es “copia y pega”, pero no en el sentido negativo de plagio, porque es un compendio de al menos veinte manuales distintos. En el Pradipika se sabe que se seleccionó lo mejor de otros manuales, como honrando lo más exitoso. Y trae algo novedoso, por que habla del uso del sonido, no del mantra, sino del sonido como en Brahmari Pranayama. Usa ese tipo de técnicas para buscar la quietud mental .
B. S. R.: Mi maestro Desikachar decía que los occidentales necesitamos hacer asana porque nuestra mente materialista quiere resultados que podamos medir. Aunque a medida que avanzamos en la práctica nos damos cuenta de la importancia de otros aspectos, parece que nos sigue costando cambiar este patrón de priorizar las posturas.
N. H.: Tienes razón en que nuestra mente materialista busca algo tangible, la parte física. Pero, atención, porque este movimiento empieza en la India. El Gheranda Samhita, del siglo XVIII, es un manual enciclopédico de cantidad de posturas. La postura tomó prevalencia en detrimento de, por ejemplo, el pranayama o mudra, y eso lo hicieron autores indios hasta el siglo XIV. Es verdad que ya tenían la influencia anglosajona, pero el yoga se medicalizó en India antes que en Occidente. Tenemos los ejemplos de los grandes maestros de Kaivalyadhama como Swami Kuvalayananda, o el mismo Vivekananda, que cuando fue a Chicago hablaba de Hatha Yoga desde el ángulo de tener un cuerpo sano, porque la India se fue volviendo más materialista.
La Biomecánica, una ciencia nueva en la que todo se puede medir, ha hecho una nueva religión del asana, pero no es una corrupción de Occidente; empezó en la India como una necesidad de reivindicar el yoga a nivel popular. Los indios no están todos meditando como a veces nos imaginamos; son gente rajásica, y como asana lo pueden hacer todos, tuvo más éxito.
B. S. R.: Como lo maman desde pequeños, para ellos también es más fácil el aspecto devocional.
N. H.: Pero la dominación inglesa en el XIX les inculca la idea de que su cultura es supersticiosa y va en contra del progreso mundial; entonces, los indios de clase media empiezan a renegar de su propia religión. Hacer ejercicio se convierte en algo natural, y más si es propio, si es vernáculo. Hay estudios que explican cómo la gimnasia europea hace que el yoga se desarrolle, no la parte energética, sino la física.
B. S. R.: En el caso de Krishnamacharya, conocido como el padre del yoga moderno, se dice que adaptó muchos elementos de la gimnasia sueca… Hay mucho debate sobre eso.
N. H.: Uno mira los manuales del Hatha Yoga y la postura del Triángulo no está en ninguno, y no aparece hasta el siglo XX. Lo que dicen muchos maestros es que si el yoga lo supo adaptar a su propio método, no pierde legitimidad. Está estudiado que sobre las posturas de pie, especialmente, hay muy pocas referencias en los manuales. Pero ¿qué problema hay? Hay quien se ofende porque quiere hacer un yoga milenario; pues hay muchas cosas que hacer ahí, pero no el Triángulo o la Media luna.
B. S. R: En la India es hay muchas prácticas que han influido en el yoga: la danza Bharatanatyam o la lucha Kalaripayattu o el Vyayam, que influye mucho en Vinyasa.
N. H.: Uno quiere que el Hatha Yoga sea puro pero, como la música o cualquier otra disciplina, ha sido influenciado por su cultura, su época, su lugar y por todas esas otras disciplinas del mismo momento histórico. Es curiosa esa idealización orientalista de que en la India todo tiene que ser muy puro e idílico, y que nadie toque el yoga porque se cae un ídolo. Si lo que quiero es estar sano, tener la mente en calma, etc., mientras cumpla ese propósito con la metodología adecuada, es válido. Puedo elegir otra cosa, pero hay pocas disciplinas que abarquen tanto.
Blanca San Román está formada en la tradición de T. Krishnamacharya. Estudia en el KYM (Krishnamacharya Yoga Mandiram) en la India, donde se forma en Viniyoga y Chikitsa Krama. Es durante sus estudios en Chennai donde conoce al Srivatsa Ramaswami y comienza a formarse con él en Vinyasa Krama. Es pionera en la enseñanza de Vinyasa Krama en España, donde imparte sus cclases y cursos. Colabora en diversas formaciones en Madrid, Barcelona y Amsterdam.
Actualmente dirige el Centro de Yoga Dhara en Madrid.
