El psoas y el sistema nervioso: el puente anatómico hacia la verdadera calma en tu práctica

2026-07-20

En el mundo del yoga, solemos referirnos a ciertas posturas como «abridores de caderas» o «liberadores de tensión». Sin embargo, la anatomía occidental moderna está empezando a respaldar lo que los antiguos yoguis ya intuían: el cuerpo físico y el cuerpo emocional son dos caras de la misma moneda. Y en el centro de esta unión se encuentra un músculo fascinante: el psoas mayor. Escribe Soraya Rada.

Conocido en diversas tradiciones orientales como el «músculo del alma», el psoas no es solo un flexor de la cadera; es un sensor biológico de nuestro estado de alerta y bienestar.

El músculo de «lucha o huida»

​Desde el punto de vista del sistema nervioso, el psoas está directamente conectado al sistema nervioso simpático. Cuando experimentamos estrés, miedo o ansiedad, la respuesta evolutiva de nuestro cuerpo es encogerse para proteger los órganos vitales (la posición fetal).

​El psoas es el primer músculo en contraerse ante una amenaza. ¿El problema en el siglo XXI? Que el estrés ya no es un tigre dientes de sable que aparece y desaparece; es un correo electrónico a las once de la noche, el tráfico o la prisa crónica.

La base científica

Este fenómeno se explica a través de la Teoría Polivagal (Porges, S. W., The Polyvagal Theory: Neurophysiological Foundations of Emotions, Attachment, Communication, and Self-regulation). Las investigaciones demuestran que el sistema nervioso autónomo evalúa constantemente los riesgos del entorno (neurocepción). Si detecta peligro de forma crónica, mantiene los músculos flexores del núcleo central —como el psoas— en un estado de hipertonía defensiva.

​Un psoas crónicamente acortado envía señales de alarma constantes al cerebro: «Estamos en peligro». Esto altera la respiración (haciéndola clavicular y superficial), aumenta el cortisol y cronifica la ansiedad.

El enfoque del yoga: de la tensión a la liberación

​En una clase de yoga orientada al bienestar real, el psoas no debe ser «estirado» a la fuerza, sino invitado a soltarse. Cuando forzamos un músculo asustado, se defiende tensándose más.

​Aquí tres claves para trabajarlo en tu práctica:

​1. Asanas de xxtensión pasiva y consciencia

​Posturas como Anjaneyasana (Postura de la Luna Creciente) o Setu Bandha Sarvangasana (El Puente) con soporte bajo el sacro, son ideales. La clave no es la intensidad del arco, sino la permanencia y la gravedad. Al sostener la postura sin esfuerzo muscular activo, la fascia del psoas comienza a hidratarse y a relajarse.

​2. La respiración diafragmática como llave

​Dado que el psoas y el diafragma son «vecinos de sangre», no puedes relajar uno sin el otro. Iniciar la práctica con pranayama o respiración abdominal consciente suaviza el psoas antes de mover el cuerpo.

​3. El enfoque somático

​Prácticas como el Yin Yoga o el Yoga Terapéutico, donde el objetivo no es «alinear a la perfección» sino «sentir desde dentro», permiten que el sistema nervioso transite del estado simpático (alerta) al parasimpático (descanso y digestión).

Beneficios de un psoas equilibrado: más allá del tapiz

​Cuando dejamos de exigirle rendimiento al psoas y empezamos a facilitarle su liberación, los efectos positivos se ramifican por todo nuestro mapa corporal y mental:

​– Liberación del dolor lumbar crónico: Al conectarse directamente con las vértebras lumbares, un psoas relajado reduce la tracción excesiva sobre la columna de manera inmediata. Esto alivia la compresión discal y devuelve la pelvis a su posición neutra, corrigiendo la hiperlordosis.

​​– Espacio para una respiración plena: Al soltar la tensión del psoas, el diafragma recupera su rango completo de movimiento. La respiración se vuelve más profunda, orgánica y abdominal, lo que activa instantáneamente el nervio vago y el sistema nervioso parasimpático.

​​– Desbloqueo de la energía vital (prana): En la anatomía sutil, la zona del psoas coincide con los tres primeros chakras (raíz, creatividad y poder personal). Un psoas flexible y asentado disuelve los bloqueos energéticos en esta región, transformando el miedo en una profunda sensación de enraizamiento y seguridad interna.

Mas alla de la flexibilidad, resiliencia emocional frente al estrés

Al romper el bucle físico de la respuesta de «lucha o huida», enviamos una señal clara al cerebro de que el peligro ha pasado. Esto reduce los niveles circulantes de cortisol y ayuda a gestionar mejor la ansiedad cotidiana.

Hacer yoga para el psoas no va de volverse más flexible para lograr una «postura fotogénica». Va de aprender a escuchar los susurros de tensión acumulada en el centro de nuestro ser. Cuando le damos al psoas el espacio y el tiempo para soltarse, no solo liberamos la cadera: le estamos diciendo a nuestro sistema nervioso que, finalmente, está a salvo.

​¿Cómo abordas el trabajo del psoas en tus clases o en tu práctica personal: prefieres los estiramientos dinámicos o la quietud del Yin Yoga?

* Referencia bibliográfica: ​Porges, S. W. (2011). The Polyvagal Theory: Neurophysiological Foundations of Emotions, Attachment, Communication, and Self-regulation. W. W. Norton & Company