Especial ‘Yoga en tiempos de covid’ 2/ ¿Volveremos al yoga artesano?

¿Cómo están afrontando los profesionales del Yoga esta emergencia sanitaria global? ¿Cómo ven el futuro? Un grupo de profesores y profesoras con mucha experiencia nos están ofreciendo generosamente sus reflexiones. Hoy contamos con las de Julián Peragón, en su nombre y como miembro de la junta directiva de la Federació Catalana de Ioga.

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Tal como anunciamos en la primera parte de este ‘Especial’ («Los recursos para sobrevivir a las salas vacías») este trabajo colectivo pretende ser una parada en el camino para reflexionar y ver cómo estamos y hacia dónde queremos ir. Agradecemos muy sinceramente las aportaciones que con tanta presteza y profundidad nos han enviado todos los profesionales del yoga invitados a participar (puedes ver los nombres en el artículo anterior). Es una gran aportación desde y para la comunidad del yoga.

Hoy escribe Julián Peragón, miembro de la junta directiva de la Federació Catalana de Ioga:

1. Recursos 

Esta pandemia tiene tantas aristas como un poliedro y nos afecta a nivel sanitario, económico, político, relacional y laboral. No me extraña que la complejidad de la situación nos deje con un gran poso de incertidumbre.

Con respecto a la profesión de Yoga, todo está patas arriba. Me llegan voces de que muchos centros han cerrado y que la normativa estricta sobre el aforo, la distancia de seguridad, las medidas higiénicas, entre otras, han desanimado a muchos practicantes. Bastantes de ellos han optado por acudir a las clases virtuales del mismo centro o de la gran variedad de ofertas, de pago y gratuitas, que reina en internet.

Sin embargo, a pesar de la maravilla de los soportes técnicos, algo esencial se ha perdido. El ambiente y la intimidad de una clase, el contacto y la comunicación de grupo, las correcciones y explicaciones prácticas de los monitores, han quedado suspendidos con las clases en red. No nos olvidemos que en casa donde nos conectamos a la clase online conviven, lo más probable, nuestros hijos, pareja o compañeros de piso y que no resulta fácil la concentración, el silencio o la soledad. En este sentido, tanto los profesores como los alumnos hemos de hacer un esfuerzo por conseguir las mejores condiciones de práctica.

No obstante, para ser justos, las clases virtuales también tienen algunas ventajas. El ahorro de tiempo y energía al no tener que trasladarse a un centro y llevar, por las medidas higiénicas, la esterilla, el cojín y hasta la manta; la comodidad de estar en casa con todos los servicios a nuestro alcance; la posibilidad de grabación de la sesión para poderla ejecutar más tarde; la ventaja de apuntarse a talleres que quedan muy lejos de la propia localidad; el abaratamiento de las clases al no tener que sufragar gastos de sala, y otras posibilidades que la tecnología nos va brindando.

Sin ninguna duda, creo que ambas propuestas, presencial y virtual, van a convivir durante muchos años, ya sea por separado o en conjunción. Cuanto antes nos quede claro, tanto mejor para salvar nuestra escuela de un naufragio.

En mi caso, como escuela enteramente formativa, los seminarios online se han adaptado bien a las expectativas de los alumnos. Hay mucho temario teórico tanto de filosofía o pedagogía, y prácticas de prânâyâma o meditación que se pueden dirigir muy bien a través de una pantalla, con la posibilidad de unificar grupos o poner varios horarios para que cada uno pueda elegir.

El acceso a las plataformas de videoconferencia no ha sido una disrupción en un sentido estricto. Hay que pensar que el consumo medio por persona delante de un teléfono inteligente, una tablet o un ordenador es de varias horas por día. Estamos acostumbrados a los contenidos digitales. Es la nueva cultura que nos tienta por un lado al ofrecernos contenidos interesantes muy rápidamente, pero que nos somete en actitudes de adicción, por otro.

2. Consejos

Poco a poco, los centros además de ofrecer clases online tendrán clases reducidas y acogedoras para que las personas que más valoran la calidad de presencia accedan a ellas. Habrá, por tanto, una selección forzada de centros que no se adapten a las nuevas exigencias.

Por otro lado, no tardará en aterrizar en nuestras pantallas, el fitness de lujo por una módica cuota al mes donde tendremos una variedad impresionante de actividades físicas, entre ellas el Yoga, a elegir entre decenas de estilos, con monitores simpáticos, fuertes, atractivos que nos hablarán en todos los idiomas. Lo mismo que pasa con las plataformas de ocio pasará con el Yoga físico. Y será muy difícil competir con ello.

Quizá esta presión nos haga reconsiderar a muchos profesionales cuál es el verdadero objetivo del Yoga. Por supuesto que hay lugar para un Yoga dinámico que potencia cualidades físicas como la flexibilidad, el equilibrio, la coordinación, la fuerza o la resistencia porque en la base de nuestra práctica está el mantenimiento de la salud. Aunque yo añadiría que no es suficiente con las posturas y que también está la alimentación, la higiene y un estilo de vida con menos estrés. Pero, además de la salud, el Yoga es un acicate para el autoconocimiento, para apostar por una ética fuerte, para vivir en armonía con la vida y la naturaleza, sin olvidar que, en lo más profundo de esta ciencia milenaria, hay un anhelo de trascendencia en busca de una plenitud que no depende de circunstancias externas.

Como sea, creo que hay que volver al Yoga artesano, sin artificios, hecho con naturalidad y desde el corazón. Priorizar, por encima de todo, sea en la sala o a través de una pantalla, el vínculo con el alumno para conocerlo y acompañarlo en el preciso punto de su proceso de aprendizaje. Y, sinceramente, creo que esto no lo van a poder ofrecer las grandes plataformas ni los centros que venden novedades de Yoga como si fuera un producto. Si los practicantes maduran, sabrán encontrar nuestros centros y distinguirán un Yoga que es una filosofía de vida.

3. El Yoga postcovid

En el fondo sigo siendo optimista. Esta crisis de dimensiones planetarias puede llevarnos a todos al desfiladero y a un abismo sin salida, pero bien que puede convertirse en una crisis de crecimiento. La ingenuidad ante la espiritualidad que nos ha llegado por oleadas desde todos los puntos cardinales tiene fecha de caducidad. La desilusión ante las promesas fáciles de conseguir salud e iluminación cayeron por fantasiosas. Ahora toca rehacer el propio camino de crecimiento personal con criterios propios y sólidos.

Nos toca, por así decir, afinar nuestro olfato y aumentar nuestra intuición. Sólo resiste al vendaval el árbol que tiene raíces fuertes. Om shanti. Paz a todos los seres.

Julián Peragón. Antropólogo y formador de profesores de Yoga.
Miembro de la junta directiva de la Federació Catalana de Ioga

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Por • 4 Feb, 2021 • Sección: General