Yoga para personas altamente sensibles

Curiosamente, las clases de yoga suelen estar llenas de personas altamente sensibles cuyas compuertas sensoriales se encuentran mucho más abiertas, por lo que interactuar con el entorno desensibilizado del mundo moderno resulta difícil y hasta insoportable en bastantes ocasiones. Escribe Zaira Leal.


(c) Can Stock Photo / fizkes

“Cuando era una niña pequeña me escondía en un armario para poder estar sola durante un rato”. Este tipo de testimonio es algo natural en personas con alta sensibilidad, pero la mujer que me contaba su historia lo hacía con el sentimiento de haber sido el bicho raro de la familia, constantemente afectada por el ruido creado a su alrededor por sus siete hermanos. A finales de los años noventa dos psicólogos acuñaron el concepto de personas altamente sensibles para apoyar la vida de quienes vivimos con mayor intensidad situaciones comunes del día a día que están relacionadas con el mundo sensorial tanto a nivel físico como psíquico.

La alta sensibilidad no es una enfermedad ni una condición psicológica que haya que reparar, tampoco es un nuevo “trend”, sino un rasgo que experimentan un 20% de la población, tanto humana como de otras especies animales. Su sistema nervioso está preparado para percibir más y con mayor intensidad de lo que en general la gente percibe. Digamos que si el nivel olfativo de una persona que no es altamente sensible se encuentra en un 7 (en una escala del 0 al 10), una persona que pertenece al grupo de los sensibles estaría en un 10, por lo que un acto tan simple como inhalar ante una lata de sardinas puede resultarle increíblemente penetrante y quizás desagradable. Es muy importante tener en cuenta que la alta sensibilidad no se reduce a los sentidos físicos (olfato, vista, gusto, oído y tacto), sino que también forma parte de ella la sensibilidad emocional y psíquica. Las personas altamente sensibles percibimos mucha información sensorial tanto cuando estamos en medio de grupos grandes de gente como cuando interactuamos de uno en uno.

Lo que el yoga puede aportar

Los órganos de los sentidos cuentan con un papel muy importante tanto en el yoga como en el ayurveda. En ayurveda recitamos una definición milenaria de la salud que dice que el estado natural de salud es aquel en el que gozamos, entre otras cosas, de un funcionamiento correcto de los órganos sensoriales y motores, así como de todos los aspectos de la mente y del alma: prasanna atmendriya manah.

 Esta atención prestada a la sensibilidad hace que muchas personas altamente sensibles encuentren en el yoga el refugio añorado que no les ha proporcionado ninguna otra disciplina. En la conversación que mantuve con esa mujer me comentó que el yoga le salvó la vida porque le hizo comprender que no le sucedía nada malo y que había más personas como ella que sentían y percibían detalles sutiles que pasaban desapercibidos para la mayoría. Curiosamente, las clases de yoga suelen estar llenas de personas como ella, cuyas compuertas sensoriales se encuentran mucho más abiertas, por lo que interactuar con el entorno desensibilizado del mundo moderno resulta difícil y hasta insoportable en bastantes ocasiones.

El yoga te hace más sensible, pero también te da las herramientas para moverte en este tipo de entorno.

Cuando llevas un tiempo practicando yoga te das cuenta de que percibes más no sólo a través de las cinco puertas de percepción física, sino también a través del sexto sentido. Tu intuición se ve enaltecida y tu capacidad empática te lleva a experimentar en tu propio cuerpo-mente-corazón lo que sienten otras personas. Además, puedes leer los mensajes de tu cuerpo, pues en todo momento te está hablando de los que te conviene y de lo que no o de lo que es bueno para ti y de lo que debes rechazar, a esto se le llama intuición somática. ¡Contar con este tipo de percepción es una suerte!

El problema, el estilo de vida actual

En realidad, no es que te hagas más sensible, sino que te despiertas; el yoga hace que tus sentidos florezcan tal y como la naturaleza los creó.

No sé si alguna vez has tenido la oportunidad de participar en un retiro de meditación en el cual te encuentras en silencio durante días. Una vivencia frecuente entre meditadores es que cuando vuelven a la cotidianidad de su día a día, el volumen de las cosas que escuchan les parece más alto que antes, los colores de las luces de los semáforos más intensos, los olores en el metro mucho más fuertes. Parece como si el mundo exterior se hubiera amplificado, pero en realidad es al revés: es su capacidad de sentir la que se ha enaltecido.

Aunque a primeras podría parecer que para una persona altamente sensible esto puede resultar abrumador, en realidad no lo es porque cuando tienes el conocimiento de lo que está pasando en ti, esa comprensión de cómo funcionan tu sistema nervioso y tu mente te da la paz de saber que la sensibilidad y los sentidos son algo muy bueno y te ayuda a regular a qué clase de entornos te expones. Entre otras cosas, empiezas a darte cuenta de que entornos con excesiva información sensorial artificial, como las ciudades, son los más difíciles de regular, mientras que los espacios naturales donde apenas ha influenciado la mano del hombre es donde mejor te encuentras.

Entonces te das cuenta de que el problema no es tuyo sino del sistema sociocultural y del estilo de vida actual.

Herramientas que ayudan

Dos herramientas muy valiosas para la persona altamente sensible son la práctica de pratyahara y el tiempo de silencio en soledad.

–Pratyahara es la retracción de los sentidos, y me gusta pensar en ella como si de un ayuno sensorial se tratase. A continuación, te propongo una manera sencilla de realizarla:

Túmbate en la posición para la relajación consciente y en un espacio cálido donde la luz sea tenue,

cúbrete con una manta,

cierra los canales auditivos poniéndote tapones suaves de algodón y

tapa tus ojos con una almohadita o con una toalla pequeña doblada.

Entonces céntrate en la respiración consciente. Inspira y espira suavemente durante diez o quince minutos.

Cuando haya transcurrido el tiempo deseado, mueve el cuerpo despacio, retira los tapones de las orejas, la almohada ocular y reconecta con el mundo externo. Permite que la transición a los quehaceres de lo cotidiano sea gradual.

–El tiempo de silencio nos lo proporciona el no hacer nada y el estar en soledad. El yoga ofrece numerosas oportunidades para estar en silencio: la meditación, la contemplación o los ejercicios de pranayama son grandes exponentes de ello. Una de las razones por las cuales es tan importante es que la alta sensibilidad hace que necesitemos más tiempo para procesar toda la información introducida en la mente a través de los sentidos.

La sabiduría del yoga nos permite participar del mundo creando un estilo de vida saludable para uno mismo, sean cuales sean nuestras características personales. Podemos dejar de sobreprotegernos y vivir libres y felices.

Zaira Leal es autora de Una fiesta para el alma y de Yoga en la cocina, Ed. Urano. Se considera yoguini desde la cuna y empezó a enseñar yoga en el año 2000. Imparte clases públicas y formaciones para profesores de yoga y meditación, programas de perfeccionamiento para profesores, así como talleres monográficos de salud y temas para la mujer. También trabaja como coach de salud y bienestar del estilo de vida ayurvédico.

Lingüista, es máster en enseñanza y está acreditada en diversos estilos de yoga, meditación y ayurveda.

Más información: zairalealyoga.com / www.facebook.com/zaira.leal.5 | ©zairaleal

 

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Por • 5 Nov, 2018 • Sección: Zaira Leal