Artículos sobre ‘Naren Herrero’

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Consumismo, residuos y renuncia
Publicado el 30 Nov, 2017

"El sonado paso del Black Friday (con el apéndice del Cyber Monday para los más necesitados) me puso a escribir sobre un tema que está en el aire y que da vueltas por mi cabeza y muchas otras". Escribe Naren Herrero en su muy recomendable blog ‘Hijo de Vecino. Un diario de viaje espiritual’ que hoy compartimos. [1] En resumen: sabemos, cada día mejor, que nuestro modo de vida basado en el consumo, el progreso y el crecimiento material no es sostenible para el planeta ni para el bien común ni para nuestra propia felicidad y, sin embargo, damos pocos pasos para cambiarlo. Por supuesto, ya sé que en casa haces recolección selectiva de tu basura, pero en vista de los datos actuales decir que cuidamos el medioambiente porque reciclamos los envases de plástico es como decir que cuidamos de nuestra salud por el mero hecho de cepillarnos los dientes cada día. Quienes estamos preocupados por la situación medioambiental creemos, muchas veces, que “a través del consumismo ecológico podemos reconciliar el crecimiento perpetuo y la supervivencia del planeta”, pero como lo expresa el escritor y activista británico George Monbiot: “El verdadero problema es el crecimiento perpetuo en un planeta que no está creciendo”. En el mismo artículo [2], el autor ofrece datos para sonrojarnos: “Una serie de trabajos de investigación demuestran que no hay una diferencia significativa entre la huella ecológica de la gente que se preocupa y la que no. Un artículo reciente señala que aquellos que se identifican como consumidores comprometidos usan más energía y producen más emisiones que quieres no se preocupan por el medio ambiente. ¿Por qué? Porque la sensibilización medioambiental suele ser mayor entre personas adineradas. No son nuestras posturas las que impactan el medio ambiente, sino nuestros ingresos. Cuanto más ricos somos, más grande es nuestra huella ecológica, sin importar nuestras intenciones. Según muestra el estudio, los que se perciben como consumidores ecológicos se centran principalmente en comportamientos que tienen beneficios relativamente pequeños”. Efectivamente, un reciente estudio de una universidad sueca [3] dice que reciclar o cambiar las bombillas de casa a las de bajo consumo es mucho menos efectivo en reducir las emisiones de dióxido de carbono que seguir hábitos vitales como una dieta casi o totalmente vegetariana [4], evitar viajar en avión, no utilizar coche o tener familias más pequeñas (es decir, un hijo o ninguno). ¿Cuántos de nosotros estamos dispuestos a cambiar así nuestro estilo de vida? Incluso limitándonos al reciclaje hogareño, nuestro esfuerzo no suele ser tan profundo como creemos. La Fundación catalana para la prevención de residuos y el consumo responsable [5] ha hecho un experimento muy interesante poniendo a cinco familias (de muy diferente composición cada una) el reto de no generar residuos durante un mes. [6] Algunas de las pautas de consumo que da la Fundación en su decálogo son: Eliminar lo que no es reciclable o de un solo uso (bastoncillos para los oídos, hojas de afeitar, compresas, toallitas húmedas, tampones, pañales, pajitas de bebidas, monodosis, envases de pequeño formato…) Rechazar envoltorios de regalo, envoltorios de plástico, bolsas y embalajes innecesarios. Para la comida usar tápers, cantimploras y rechazar los alimentos precocinados envasados. Comprar a granel y llevarse los envases reutilizables de casa. Detergentes a granel y sin tóxicos. En la cocina usar paños de ropa, y eliminar el papel de cocina, de aluminio y de film transparente. Como se ve, una cosa es reciclar y otra es no generar residuos. Evidentemente, lo segundo requiere gran esfuerzo, mucha organización hogareña y, sin duda, una tremenda dosis de renuncia para modificar nuestros hábitos de consumo. Ahora ha sido el Black Friday pero pronto llegan las fiestas navideñas y ahí estaremos todos, muy ecologistas y yoguis, consumiendo. Por supuesto, una opción buena es regalar actividades y experiencias en lugar de cosas materiales; y si son objetos, que sean hechos por uno mismo, como propone esta campaña de Greenpeace. [7] De todos modos, por más responsable que sea nuestro consumo, el problema de base está en nuestra necesidad de consumir. En una entrevista todavía inédita que le hicimos para Puraka Project, el Dr. Sudhakar Powar, [8] médico ayurvédico indio, explica al respecto: “Nuestra mente es muy activa y actualmente el 95% de los problemas en mi área de atención médica provienen de la mente o de nuestro enfoque de la vida. Debido a muchos factores como por ejemplo falta de contentamiento, porque vivimos en un mundo manipulado por el consumismo. De esta forma nuestras mentes están manipuladas para vivir de forma no contenta, insatisfecha. Nadie es feliz con todo lo que tiene. Y ese es el terreno en que florece el consumismo. Porque si tú estuvieras feliz y satisfecho con lo que tienes no necesitarías nada y el mercado no crecería. El mercado solo crece si las personas quieren más. Entonces, en realidad existen ‘necesidades reales’ y ‘necesidades creadas’. Cuanto más se incrementan las ‘necesidades creadas’ más consumismo habrá, más crecerá el mercado y más beneficios económicos habrá”. Dicho de forma tan clara, no hay manera de rebatirlo, pero igualmente seguimos insatisfechos. Por eso también me ha gustado el planteamiento del maestro zen Dokushô Villalba [9] cuando escribe: “Si queremos detener y liberarnos del engranaje infernal del consumo desorbitado debemos asumir la responsabilidad individual de reducir conscientemente nuestros deseos: reduciendo nuestros deseos, la cantidad de poder adquisitivo que necesitaremos para satisfacerlos también se reduce. Al reducir la necesidad de poder adquisitivo, reducimos la necesidad de vender nuestro tiempo de vida (nuestro trabajo) a cambio de un salario. Reduciendo el uso de recursos naturales, reducimos la degradación ecológica”. Esta idea de “simplicidad voluntaria” está en total consonancia con el ideal yóguico que pregona el contento, la aceptación y la desaparición de los deseos. En un post de hace tres años [10] yo contaba que en el Mahābhārata, [11] el gran poema épico de la India, el rey Yudhiṣṭhira es interrogado por un espíritu de los bosques sobre cuál es la máxima felicidad y su respuesta es: “La máxima felicidad es el contentamiento” La misma afirmación que hace el sabio Patañjali en su Yoga Sūtra cuando habla de saṃtoṣa (II.42 [12]) y que no nos viene mal volver a leer: “A partir del contentamiento (saṃtoṣa) se obtiene la máxima felicidad” Sobre esto, el comentario Yoga Bhāṣya de Vyāsa agrega lo obvio, pero que no queremos ver: “El contentamiento se logra no deseando nada más de lo que ya se tiene”. Volviendo al artículo inicial de George Monbiot, él dice que hay que cambiar el sistema ya que “necesitamos construir un mundo en el que el crecimiento sea innecesario”. Estoy de acuerdo, y como ya sabemos (o deberíamos saber) no serán los gobiernos los que construyan ese nuevo mundo, sino cada uno de nosotros con su pequeño pero imprescindible accionar individual. Al menos a los privilegiados que estamos leyendo esto y – a nuestro pesar – dejamos gran huella ecológica en el planeta, la situación global actual de constante crecimiento nos ha puesto en un punto en que tenemos más posibilidades materiales que nunca y que hace pocas décadas eran impensables: viajar a cualquier isla paradisíaca en Semana Santa, conseguir cualquier producto a través de Internet, comprar camisetas nuevas por 2€, comer tomates todo el año, probar comida de los seis continentes en el sofá de casa… Irónicamente, si queremos salvar el planeta, el medioambiente y también el equilibrio socioeconómico global cada vez más descompensado, debemos renunciar a esa tan accesible y omnipresente oferta de consumo en pos de una vida simple exteriormente y rica interiormente. Ya sé lo que estás pensando: que cuando no había TV ni Amazon sí que era fácil, pero que, maldita sea, nos ha tocado una época difícil para renunciar a los deseos. Te entiendo. Aunque tomando perspectiva, y según cuentan, la renuncia ha sido dura en todos los tiempos y, eso sin duda, se requiere gran determinación para asumirla. Veremos si estamos a la altura. Si te gusta este blog seguramente te puede interesar la nueva edición del Curso de Filosofía del Yoga que daré en Barcelona a partir del 24 de febrero de 2018. Para más detalles del curso, clicar aquí. Lee el artÍculo original AQUÍ [13] [1] http://www.yogaenred.com/wp-content/uploads/2017/11/consumismo.jpg [2] http://www.eldiario.es/theguardian/Black-Friday-capitalismo_0_710779596.html [3] https://phys.org/news/2017-07-effective-individual-tackle-climate-discussed.html [4] https://hijodevecino.net/2013/04/22/el-vegetarianismo-como-solucion-global/ [5] http://rezero.cat/rezero-qui-som [6] http://www.lavanguardia.com/vida/natural/20171124/433113207836/residuo-cero-basura-hogares-huella-ecologica.html [7] http://hazgreenpeace.org/?utm_campaign=consumo&utm_source=newsletter-socios&utm_medium=email&utm_term=MAILBUTTON&utm_content=news%20evento%20HAZ [8] https://soycomocomo.es/invitado/sudhakar-powar-medico-ayurvedic [9] https://dokushovillalba.com/ [10] https://hijodevecino.net/2014/12/02/la-crucial-diferencia-entre-contentamiento-y-felicidad/ [11] http://www.sacred-texts.com/hin/m03/m03311.htm [12] http://www.yoga-darshana.com/Sadhanap.htm [13] https://hijodevecino.net/

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Bolitas de coco para el día de Ganesha
Publicado el 28 Ago, 2017

"Ganesha (Gaṇeśa), el popular dios con cabeza de elefante, es muy goloso porque su cuerpo humano es, específicamente, el cuerpo de un niño y, como todos sabemos, los niños aman los dulces", escribe Naren Herrero en el artículo publicado recientemente en su muy recomendable blog ‘Hijo de Vecino. Un diario de viaje espiritual’ . Hoy lo compartimos con deleite con los lectores de YogaenRed. [1] La prominente barriga de Gaṇeśa es, en parte, resultado de comer tantos dulces, pero más bien es la natural estructura anatómica de un niño que todavía no ha pegado el “estirón”. Al mismo tiempo, a su amor por las golosinas se le suma su compasión hacia sus devotos, por lo que él nunca rechaza las ofrendas que recibe, que son muchas y, naturalmente, muy dulces, incluidas las frutas, de las cuales tiene varias favoritas. [2] Entrando en lo simbólico, el epíteto Lambodara, que significa “barrigón”, refiere a que toda la manifestación cósmica está contenida en Gaṇeśa, ya que él es la deidad que se adora antes de comenzar cualquier actividad y está directamente relacionado con la primigenia sílaba AUM (o OM), la vibración sonora que manifiesta el universo. Para sus devotos, Gaṇeśa es el Absoluto, el Dios Supremo, la causa primera de creación y quien sostiene el universo (viśvādhāra). En esta misma línea, Gaṇeśa está relacionado con el kumbha o kalaśa (kalasha), que es una vasija que mitológicamente está llena del néctar de la inmortalidad y que, a nivel litúrgico, se llena con agua (idealmente de los ríos sagrados) y se puede envolver con hilo de algodón o decorar con pasta de sándalo, polvo de kuṅkuma [3], hojas, telas y generalmente con un coco en su apertura. De esta forma, el cántaro es un símbolo del cuerpo de Gaṇeśa, que contienen todo el mundo manifestado y que, a la vez, representa prosperidad material y espiritual. Todo esto es para decir que este viernes 25 de agosto de 2017 se celebra Gaṇeśa Caturthī (Ganesha Chaturthi), es decir el día anual en honor a Gaṇeśa, o como le decimos a nuestras hijas, “el cumpleaños de Gaṇeśa”. Este día cae siempre en el cuarto día de luna creciente del mes hindú de Bhādrapada, es decir agosto o septiembre según las lunas de cada año. Para celebrarlo es tradicional hacer una pūjāo ritual a una imagen de la deidad. Hay muchos tipos de rituales y, para los interesados, hace tiempo ya expliqué un ritual simple aquí [4]. De todos modos, hoy quería centrarme en lo que técnicamente se llama naivedya, que es la ofrenda de alimentos a una deidad. Esta ofrenda debería ser adecuada a la deidad que uno adora e idealmente no es un alimento industrial, empaquetado, sino algo hecho por uno mismo o, al menos, frutas. Como es un alimento pensado para lo Divino debe ser lo más puro y sano posible y, como signo de respeto, no debe ser probado por uno mismo hasta haber sido ofrecido a la deidad. Una vez ofrecido, este alimento se convierte en prasāda, es decir alimento consagrado o bendecido que el devoto puede ingerir con deleite. Como hablamos de Gaṇeśa, lo ideal (aparte de frutas) son los dulces y especialmente Gaṇeśa tiene debilidad por las bolitas de coco, que tienen muchas variantes, desde los llamados modakam tradicionales del sur de la India (y bastante complejos de preparar), hasta los más populares laḍḍus, que son bolitas dulces hechas con diferentes ingredientes, especialmente leche de vaca. En nuestra casa, donde la dieta es mayormente vegana, hace unos años que descubrimos, en este libro [5], una receta de bolitas de coco muy fácil y rápida de hacer, bastante sabrosa y aceptablemente sana. Con las modificaciones que nosotros hemos incorporado comparto la receta: Ingredientes (para unas 25-30 bolitas): 1 taza de coco rallado ¾ taza de harina de almendra (si no tienes harina puedes triturar las almendras enteras, preferentemente después de tenerlas en remojo) ½ taza de avena triturada ¼ taza de aceite de coco ¼ taza de sirope de ágave ¼ de cucharadita de sal Opcional: Coco rallado rebozar las bolitas Opcional: Trocitos de dátiles o de pasas de uva Preparación (30’ + 2 horas para enfriar): Si el aceite de coco no está ya líquido (sobre todo si es invierno), lo introducimos en una olla y lo calentamos a baño maría hasta que quede líquido. En un bol se mezcla el aceite de coco con la taza de coco rallado, la harina de almendra, la avena, el sirope y la pizca de sal hasta obtener una masa bien homogénea y compacta. Con la masa y usando las manos damos forma a las bolitas y las rebozamos (o no) con coco rallado. Como el aceite de coco se endurece con el frío, metemos las bolitas en la nevera durante un par de horas y estarán ideales para servir. Si hace calor las bolitas se ablandan rápidamente. En lo posible, al hacer las bolitas, uno debería repetir un mantra o canto a Gaṇeśa, para que la vibración de la ofrenda sea lo más espiritual posible. Porque si hay algo que a Gaṇeśa le gusta más que las bolitas de coco, eso es la devoción. Deseo que Gaṇeśa, el Señor de los obstáculos, de los inicios y del conocimiento, se complazca con nuestras ofrendas y que nos guíe otro año más en el dulce camino del amor devocional. ¡Jaya Gaṇeśa! Ver artículo original AQUÍ [6] [1] http://www.yogaenred.com/wp-content/uploads/2017/08/ganesha.jpg [2] https://hijodevecino.net/2014/03/10/las-frutas-favoritas-de-ganesha/ [3] https://es.wikipedia.org/wiki/Crocus_sativus [4] https://hijodevecino.net/2013/09/05/ritual-simple-para-adorar-a-ganesha/ [5] https://www.amazon.es/Delicias-veganas-exquisitas-recetas-Natural/dp/8475567711 [6] https://hijodevecino.net/2017/08/25/bolitas-de-coco-para-el-dia-de-ganesha/

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El Yoga y la temperatura ideal
Publicado el 3 Jul, 2017

Compartimos por su interés y actualidad este artículo publicado recientemente en el muy recomendable blog 'Hijo de Vecino. Un diario de viaje espiritual', escrito excelentemente por Naren Herrero. [1] Cuando Bikram Choudhury, el inventor del famoso estilo hot yoga, quiso justificar la aberración de practicar posturas en una sauna a 40 °C dijo que lo que él había buscado era emular, de forma artificial, el clima tropical indio en que tradicionalmente practicaban los yoguis. Por supuesto, siempre ha habido una rama muy ascética de yoguis que realizaban sus austeridades a pleno sol e incluso cerca del fuego, como así también los hay que, semidesnudos, hacen sus prácticas en las nieves del Himalaya. De hecho, si la mayoría de yoguis residen tradicionalmente en las montañas no es solo buscando la soledad sino también quizás algo de fresco, pues la práctica del yoga genera un potente fuego interno. Evidentemente, el clima de la India a menudo puede recordarnos a una sauna o incluso peor, y por ello – entre otras cosas – muchos yoguis eligen las horas del amanecer y del atardecer [2] como las más propicias para sus prácticas. Este tema viene a cuento porque está semana en el hemisferio norte se celebra el solsticio de verano y, también, el Día Internacional del Yoga. La cuestión es que con la llegada del solsticio de verano a Barcelona, aparte de pasarnos el día hablando del calor, se ha desatado lo que una amiga llama “la guerra de los aires acondicionados [3]”, que consiste en luchar por poner el aire a la temperatura deseada; una guerra que generalmente ganan los que, al parecer, no pueden soportar ni un ápice de calor. Por tanto, aunque por la calle uno vaya con pantalones cortos/falda o chanclas, al entrar a la oficina, una tienda o el autobús se debe abrigar para no congelarse. Así uno entra en la extraña paradoja que quejarse del calor fuera y del frío dentro… y luego dicen que fue Dios quien hizo este mundo imperfecto. Barcelona en verano puede ser calurosa pero tampoco estamos hablando de Mysore ni de Varanasi. Sin embargo, muchos practicantes de yoga tienen una fuerte necesidad de encender el aire acondicionado durante las clases (el ventilador no alcanza…). Justamente lo opuesto del Bikram Yoga, que a su vez es popular porque da la sensación de trabajar más el cuerpo, porque uno siente que con tanto sudor quema más toxinas y, sobre todo, porque muchas personas lo hacen con el afán de perder peso. Entonces, ¿en qué quedamos? ¿Calor o frío? Como ya he escrito una vez, los textos clásicos dicen que los extremos no son recomendables [4], y de hecho la Gheraṇḍa Saṃhitā [5], un reconocido manual medieval de haṭha yoga, dice que comenzar la práctica de yoga en verano o en invierno “solo trae enfermedad”. Por tanto, se aconseja comenzar “en primavera o en otoño” (V.8-9 [6]). Mi maestro Sri Dharma Mittra [7], más que temperatura, dice que lo importante es que el espacio de práctica esté ventilado, ya que aunque uno sude el aire en circulación seca ese sudor y eso es mejor que sudar con aire acondicionado (y tener que taparse con una manta para śavāsana [8]). Por ello Dharmaji, en el sexto piso de su escuela-templo en Manhattan muchas veces deja las ventanas abiertas, a pesar de que cada tanto lleguen sirenas de bombero, bocinas y otros ruidos callejeros. En una ciudad con menos rascacielos como Barcelona y con los estudios muy cerca de la calle, abrir las ventanas implicaría un ruido tan infernal que, en general, hay que usar ventilador o alguna opción de aire acondicionado. Una de las contras de usar aire acondicionando para practicar yoga es que los sistemas de climatización suelen usar elementos químicos (al menos para su desinfección) y en una práctica donde la respiración es tan importante y, a veces, profunda, no es ideal respirar un aire no puro. Obviamente en la ciudad ningún aire es puro, pero si puedo prefiero que se apague el aire acondicionado, al menos en la parte del prāṇāyāmaformal. Otra de las contras de usar aire acondicionado es que uno reduce su “umbral de temple”. Cada persona es diferente, pero si ante el primer golpe de calor todos nos refugiamos en el frescor de la climatización artificial, después el caminar por la calle a temperatura ambiente se convierte en una tortura y todos queremos llegar rápido a nuestro destino bien refrigerado (lo mismo podría pasar con el invierno y la calefacción). Este síndrome de escapar hacia “lo placentero” tiene al ser humano en una perenne insatisfacción. Siempre esperando que llegue el viernes, las vacaciones, la jubilación… Los textos yóguicos repiten por doquier que la ecuanimidad es una virtud fundamental para encontrar la paz. La Bhagavad Gītā (VI.7 [9]) dice: “Para aquel que a sí mismo se ha vencido y la serenidad ha conquistado, para aquél el Espíritu Supremo siempre está presente en el calor y en el frío, en el placer y en el dolor, en el honor y en la deshonra”. Y hablando de las cualidades del yogui redunda (XII.18-19 [10]): “Aquel que es igual frente al amigo y al enemigo (…) igual en el calor y en el frío, en la felicidad y en la desgracia, despojado de todo apego (…), satisfecho con lo que le azar le aporte…”. Esta capacidad de mantener el equilibrio frente a los extremos es uno de los grandes objetivos yóguicos, y por ello uno de los elementos del camino clásico del Yoga es pratyāhāra, la “retirada de los sentidos” o “abstracción sensorial”. Hablando de este control de los sentidos y de la mente dice la Gheraṇḍa Saṃhitā (IV.5): “Cuando la mente entra en contacto con algo caliente o frío, retírala de allí y ponla bajo control en el Ser”. Obviamente, este mismo principio de control de los sentidos podría aplicarse al hot yoga, por lo que es importante tener en cuenta el equilibrio entre extremos, en este caso, el equilibrio entre desarrollar la templanza y el sobre-esfuerzo o cualquier acción dañina para el cuerpo. Por último, si es verano y hace calor es normal que uno sude un poco haciendo yoga, al menos en condiciones normales. Si hace Bikram sudará todos los zumos verdes que se haya bebido en la semana y si usa demasiado aire acondicionado sudará menos de lo que debería. A fin de cuentas, el sudor es un parámetro muy útil para el yogui ya que (más allá de las condiciones climáticas) nos habla de nuestro estado durante la práctica. Yo soy de sudar, pero hace algunos años sudaba mucho más y entonces le pregunté a Dharma Mittra si eso era normal. Él simplemente me dijo que el sudor era “tensión innecesaria” y que con el tiempo se iría reduciendo si uno aprendía a “relajarse en la postura”; efectivamente así sucedió a medida que fui profundizando en mi práctica. Eso sí, siempre y cuando no me metan en una sauna a 40 °C a celebrar el solsticio de verano. Si te gusta este blog seguramente te puede interesar el Curso de Filosofía del Yoga que dará Naren Herrero en Barcelona a partir del 30 de septiembre de 2017. Para más detalles del curso, clicar aquí [11]. Artículo original: https://hijodevecino.net/2017/06/20/el-yoga-y-la-temperatura-ideal/ [12] [1] http://www.yogaenred.com/wp-content/uploads/2017/07/calor.jpg [2] https://qz.com/1010262/international-yoga-day-indias-oldest-yogini-says-youre-doing-yoga-wrong-if-youre-working-up-a-sweat/ [3] http://www.internetadvantage.es/blog/vierdades-de-oficina-el-aire-acondicionado/ [4] https://hijodevecino.net/2015/04/15/los-extremos-no-son-buenos/ [5] http://yoga-darshana.com/gherandaintro.htm [6] http://yoga-darshana.com/gheranda5.htm [7] http://www.dharmayogacenter.com/ [8] https://hijodevecino.net/2015/05/13/savasana-la-postura-mas-dificil-de-dominar/ [9] https://www.vedabase.com/es/bg/6/7 [10] https://www.vedabase.com/es/bg/12/18-19 [11] https://hijodevecino.net/curso/ [12] https://hijodevecino.net/2017/06/20/el-yoga-y-la-temperatura-ideal/

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Primer encuentro oficial de la FHE con el Gobierno español
Publicado el 1 Feb, 2017

El miércoles 25 de enero, en Madrid, la Federación Hindú de España (FHE) tuvo una reunión con Jaime Rossell Granados, subdirector general de Relaciones con las Confesiones (sección dependiente del Ministerio de Justicia) y con Rocío López González, directora de la Fundación Pluralismo y Convivencia, órgano oficial encargado de gestionar y asesorar en la diversidad religiosa. Escribe Naren Herrero. [1] Por parte de la FHE acudieron al encuentro su presidente, Juan Carlos Ramchandani, su vicepresidente, Swami Satyananda Saraswati, y su secretario en funciones, Javier Ruiz Calderón. Los dos primeros hicieron el largo viaje desde Ceuta y Barcelona respectivamente, demostrando su compromiso por el desarrollo del Sanatana Dharma en España. El encuentro con los representantes del gobierno fue cordial y tuvo una duración aproximada de dos horas. La FHE hizo entrega de dos documentos, uno recogiendo datos del hinduismo en España (número de fieles, lugares de culto registrados, presencia en las diferentes comunidades autónomas, presencia histórica, etc.) y el otro con las peticiones de la FHE al Gobierno, como el reconocimiento del Notorio Arraigo, reconocimiento legal de los matrimonios por el rito hindú, acceso de sacerdote y monjes hindúes a instituciones penitenciarias y hospitales, asesoramiento en publicaciones institucionales sobre hinduismo y una mayor presencia en actos institucionales y celebraciones de corte laico o religioso donde se represente la diversidad religiosa de España. Por su parte, los representantes del gobierno español reconocieron a la FHE como el interlocutor válido y oficial del hinduismo en España, y dijeron que estudiarían las peticiones de la FHE, a la vez que se pidió paciencia pues los temas legales van despacio y tienen que ser aprobados y refrendados por el Ministro de Justicia. Como gesto cordial, los representantes de la FHE hicieron entrega de varios de sus libros sobre filosofía y espiritualidad hindú así como un ejemplar de la Bhagavad Gita. Con este encuentro se abre un horizonte para los hindúes españoles, pues durante décadas el hinduismo ha sido ignorado de forma oficial a pesar de ser la religión viviente más antigua y ser la tercera confesión del mundo con mil millones de fieles, que en España cuenta con unas 40.000 personas.  El mismo día por la tarde, la delegación de la FHE fue recibida en audiencia oficial en la Embajada de la India en España, por el embajador D.B. Venkatesh Varma, recientemente llegado de la India. La reunión tuvo una hora de duración y fue en inglés. El embajador mostró mucho interés en conocer la situación del hinduismo en España y se mostró muy abierto a colaborar estrechamente con la FHE, ya que muchas veces la embajada recibe peticiones de carácter religioso que no siempre puede responder o asesorar y esos casos ahora podrían ser derivados a la FHE. Asimismo, la embajada y la FHE han acordado el poder celebrar de forma conjunta una festividad religiosa importante del hinduismo. Al acabar la reunión, se le hizo entrega al embajador de varias publicaciones de los miembros de la FHE y el embajador pidió bendiciones para poder desempeñar su cargo de forma eficiente. Para la FHE es muy importante sentir el apoyo oficial de la India, a través de su rmbajada, ya que esa tierra es la madre espiritual del hinduismo. Después de un día muy provechoso en cuanto a visitas institucionales, el ceutí Juan Carlos Ramchandani tuvo un encuentro privado con el catedrático de las religiones de la Universidad de La Laguna (Tenerife) Francisco Díez de Velasco que se encontraba en Madrid. Con él pudieron hablar sobre el estudio académico del hinduismo y la colaboración con la FHE en los campos de investigación de la diversidad religiosa. Además, el catedrático asesoró a Ramchandani sobre cómo obtener el ansiado Notorio Arraigo para el hinduismo. Para la FHE, las dos reuniones oficiales citadas y el encuentro con el catedrático Díez de Velasco son un auspicioso estímulo para la futura presentación oficial de la FHE en Barcelona, que tendrá lugar el 1 de abril de 2017, y que contará con la presencia de autoridades, representantes de diferentes tradiciones hindúes y de otras confesiones, personalidades de la cultura, indólogos, sanscritistas y amigos del hinduismo. Naren Herrero es Miembro del departamento de comunicaciones de la Federación Hindú de España.         [1] http://www.yogaenred.com/wp-content/uploads/2017/02/Federacion-Hindu.jpg

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Visto en un blog/ ¿Por qué el Yoga es una ciencia?
Publicado el 23 Abr, 2015

Reproducimos este interesante artículo tomado del excelente blog 'Hijo de Vecino', que escribe Naren Herrero, y que plantea: "Evidentemente, una sociedad moderna que considera como el único válido un conocimiento científico basado en criterios externamente objetivables y medibles, tenderá a sospechar de una disciplina que investiga el interior del ser humano". [1](Pie de foto: Para los adherentes al paradigma cientificista moderno aquí habría un infiltrado…) A veces me pongo muy puntilloso. Hace poco leí un anuncio de algún retiro de meditación o algo así y quien lo impartía decía tener “más de 19 años de experiencia”, lo cual me crispó porque si realmente tienes más de 19 años de experiencia pones 20 y listo. 19 años es mucha experiencia y no hay nada que disimular, pero por repetición de frases tantas veces vistas y escuchadas uno termina poniendo “más de…” sin siquiera reflexionar lo que dice. Pasa lo mismo con esos productos cuyo eslogan es “mucho más que un…”, pero nunca te dicen que es eso de más que supuestamente ofrecen (aparte de falta de imaginación, claro). Poniéndome serio y en el tema del día, definir el Yoga con mayúsculas puede ser complejo y largo, aunque a nivel descriptivo se suele decir que es una “ciencia” (algunos también agregan un “arte”, aunque eso lo dejo para otro día). Al hilo de lo que venimos hablando, me parece lógico que esta definición del “yoga como ciencia” pueda sonarles una frase hecha y hasta injustificada a los escépticos y desconocedores del contexto. Evidentemente, una sociedad moderna que considera como el único válido un conocimiento científico basado en criterios externamente objetivables y medibles, tenderá a sospechar de una disciplina que investiga el interior del ser humano. ¿Es entonces yoga = ciencia uno de esos lugares comunes que se repiten sin analizar, como “Tienda Faquir, el rey del colchón” o “mucho más que una hamburguesa”)? Para empezar, creo que sirve ver la palabra sánscrita original que generalmente se traduce como “ciencia”, es decir vidyā, que también puede significar “conocimiento o saber” según el contexto. La raíz verbal es √vid que quiere decir “conocer” y está relacionada con “ver”, en el sentido de que para saber algo no basta con creerlo sino que hay que experimentarlo o, usando una expresión popular, “verlo con los propios ojos”. Como se empieza a notar, esta idea no es muy distinta de la del pensamiento científico moderno. Hablando de eso veamos la etimología del término occidental “ciencia”: viene del latín scientĭa que quiere decir, oh casualidad, “conocimiento” y que deriva de scire y scindere, en el sentido de “distinguir, separar una cosa de otra”. Hasta aquí hay similitudes. Sigamos entonces con la definición moderna de ciencia según la RAE: “Conjunto de conocimientos obtenidos mediante la observación y el razonamiento, sistemáticamente estructurados y de los que se deducen principios y leyes generales”. Si bien yo creo que a esta definición le falta la palabra “experimentación”, nos sirve para profundizar el análisis, ya que el Yoga en sentido amplio incluye sin dudas “observación”, “razonamiento”, “conocimiento sistematizado” y “reglas generales”. De hecho, y como dice el yogui y maestro Yogi Gupta, en una frase que podría aplicarse a la más rígida de las ciencias exactas: “La filosofía del yoga comienza con la concepción de que cualquier idea que no sea confirmada por la experiencia debe mantenerse como mera especulación”. Por más que uno esté muy seguro de lo que sabe, en general uno no tiene experiencia directa y personal de todo lo que conoce, sino que se basa en deducción y, sobre todo, en la experiencia directa de otras personas. La mayoría de nosotros no hemos comprobado con un telescopio que la Tierra gire alrededor del Sol, sin embargo lo consideramos totalmente cierto. ¿Basados en qué? Mi experiencia de ver moverse el Sol podría muy bien deberse a que es el astro rey quien gira alrededor de la Tierra, como se creía en Europa hace “solo” 500 años. Sin embargo, uno cree en lo que dicen los científicos porque ellos lo han confirmado empíricamente de forma directa. De la misma forma, las verdades que enseña el Yoga también están basadas en las experiencias directas de terceros, que en este caso no se denominan “científicos” sino ṛṣis (rishis) o sabios videntes de la antigüedad. Parafraseando a Swami Vivekananda en su famoso libro Raja Yoga, se puede decir que en las ciencias exactas es más fácil encontrar la verdad porque su campo de estudio (visible, medible) es rápidamente identificado con las experiencias particulares de cualquier ser humano (o con una experiencia universal de la humanidad). Es decir, la teoría de la gravedad nos parece verdadera porque aunque nunca hayamos dejado caer una manzana al suelo adrede, sí hemos tenido experiencias similares que la confirman. En la “ciencia del Yoga”, en cambio, esta base experiencial es más reducida ya que se trata de un ámbito menos tangible, menos visible y al que estamos poco educados a prestar atención, ya que va más allá de la percepción sensorial, tanto física como mental, e incluso más allá del limitado conocimiento intelectual. La sociedad moderna, junto con su paradigma científico, solo acepta como cierto aquello que se puede ver y medir de forma externa. Para la tradición yóguica, sin embargo, el “conocimiento externo” es “conocimiento parcial”, ya que no incluye la experiencia total, el conocimiento completo. Yogi Gupta dice al respecto: “La única forma de conocer algo tanto interna como externamente, por ejemplo una manzana, es identificarnos con eso, ser uno con eso”. Los antiguos sabios, al igual que cualquier científico, afirman tener un método de investigación para esta ciencia del auto-conocimiento (a veces llamada ātma vidyā), cuya conclusión final es que “todo ya está dentro de uno”. Este método incluye observar, pues de lo contrario no es más que teorizar. Obviamente es más fácil observar el mundo externo porque hay instrumentos para eso (microscopios, telescopios, sismógrafos, aceleradores de partículas…), mientras que en el mundo interno no hay herramientas de ayuda (excepto la misma mente hasta un cierto punto). Asimismo, dice Vivekananda, que era un gran filósofo-santo famoso por su agudo intelecto, “uno debe usar su razón y su juicio; debe practicar y ver si estas cosas suceden o no”, ya que “es errado creer ciegamente”. Y agrega: “los sabios declaran haber encontrado una verdad superior a la que los sentidos nos ofrecen y nos invitan a verificarla. Nos piden que sigamos el método y practiquemos honestamente y entonces, si no encontramos esa verdad superior, tendremos el derecho a decir que no hay verdad en dicha afirmación, pero hasta no haber hecho eso, no somos racionales negando la verdad de sus aseveraciones”. No hace falta ahondar en el tema, pero decir que no existe el Ser porque no lo podemos medir puede ser tan irracional como decir que no existe la electricidad porque no podemos verla. Así como en la ciencia moderna existe una hipótesis que debe ser comprobada o descartada, y eso no debería ser un sesgo para la investigación, en el Yoga hay una “hipótesis” que es la existencia de una “verdad superior” o “Ser interior” o “Dios” u “Orden cósmico”, etc. y, por tanto, hay una cierta creencia o fe previas que son el punto de partida para la búsqueda de esa verdad. Sin embargo no son cualidades indispensables para confirmar la conclusión final, de la misma forma que no hace falta creer que la Tierra es redonda para darle la vuelta. En este sentido, se habla de experimentar más que de creer, convirtiéndose uno mismo en el “tubo de ensayo” para la investigación. Por tanto, la respuesta al título de este post es que el Yoga es una ciencia porque sirve para “conocer”, sobre la base de la experiencia directa personal y siguiendo un método específico. ¿Conocer qué? A uno mismo, su propia naturaleza siempre permanente, dichosa y en paz dicen los sabios. ¿Alguien tiene dudas? Pues que se dedique a hacer las pruebas de forma dedicada y honesta y, si corresponde, que me traiga las conclusiones bien redactadas que sin problemas le publico el paper en el blog. Naren Herrero es editor y autor del blog Hijo de Vecino, Un diario de viaje espiritual. [2] Ver el texto original con su edición e ilustraciones: http://hijodevecino.net [3] [1] http://www.yogaenred.com/wp-content/uploads/2015/04/ciencia.jpg [2] http://hijodevecino.net/ [3] http://hijodevecino.net/2015/04/21/por-que-el-yoga-es-una-ciencia/?utm_source=Hijo+de+Vecino&utm_campaign=fd0783b7a4-&utm_medium=email&utm_term=0_3ab2dc6114-fd0783b7a4-323076709

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Libro/ Kumbha Mela, de Naren Herrero
Publicado el 24 Mar, 2015

Es el primer libro en lengua española sobre la celebración religiosa más multitudinaria del mundo. Escrito por Naren Herrero, autor del estupendo blog Hijo de Vecino. Editado por Kairós. Precio: 15 € [1]Dice Narem: “Cada doce años, millones de peregrinos confluyen pacíficamente en Prayag (Allahabad), al norte de la India, para participar del festival religioso más masivo del planeta, en una ciudad efímera hecha de tiendas de campaña. La razón: darse un baño purificador en la conjunción de tres ríos sagrados; a la vez que estar en la presencia de los miles de gurus, sadhus y yoguis que ofrecen sus enseñanzas de forma pública, lo cual incluye a los naga babas, ascetas generalmente recluidos, que van desnudos con el cuerpo cubierto sólo de ceniza”. Con un pliego de maravillosas ilustraciones de Alex Bütow y Wolfgang Weinhardt. Pero mejor buscar más jugosa información contada por el propio autor en su blog aquí. [2] Naren Herrero es un buscador espiritual a tiempo completo y, como consecuencia, periodista y escritor especializado en la cultura y espiritualidad de la India. Ofrece talleres y charlas sobre yoga, filosofía y mitología hindú y escribe semanalmente sobre estos temas en su visitado blog. Además, es profesor de yoga.   [1] http://www.yogaenred.com/wp-content/uploads/2015/03/kumbha-Mela.jpg [2] http://hijodevecino.net/2015/02/23/mi-libro-de-kumbha-mela-publicado-por-kairos/?utm_source=Hijo+de+Vecino&utm_campaign=8abf21ea32-&utm_medium=email&utm_term=0_3ab2dc6114-8abf21ea32-323076709

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La mirada de los perros y los gatos
Publicado el 6 Ago, 2014

Ramiro Calle nos remite un bonito texto titulado "La mirada de los gatos". También compartimos una de las últimas entradas del blog El Hijo de Vecino, titulado "La historia del perro a las puertas del cielo", que nos ha encantado. [1] Escribe Ramiro Calle en 'La mirada de los gatos': La mirada de los animales siempre me ha llegado muy hondo. A veces nos miran con ternura infinita, a veces con gran sorpresa, a veces con el deseo de arroparnos, a veces con miedo y otras con una suplica vehemente o un destello de incertidumbre. ¡Nunca olvidaré la mirada de un toro habiendo sido descabellado, antes de morir, con lágrimas en los ojos! Ni la mirada de socorro de un perro perdido en una carretera, y sobre el que mi hermano Miguel Ángel escribió un cuento bellísimo y conmovedor. ¡Y cuánto de misterio hay en algunas de esas miradas inspiradoras y a veces indescifrables para el hombre! Pero en cualquier caso, son las miradas sin velos en el corazón, las miradas directas y sin hipocresía, las miradas que comunican más allá de las engañosas palabras. Miradas que humanizan a los seres humanos tan inhumanos; miradas que muchas veces quieren decirnos que no comprenden nuestra agresividad, nuestra violencia, nuestro desamor, nuestro rencor o nuestro odio. Miradas que miramos cuando nos encontramos solos, abatidos, desorientados o atormentados. Miradas que, como testigos puros y silentes, nos miran en nuestros desequilibrios, atrocidades, injusticias, discapacidades emocionales y miserias. ¡Y nos llamamos seres humanos! ¡Y milenio tras milenio seguimos convirtiendo este planeta en un espantoso holocausto, donde los más desvalidos son masacrados, esquilmados y horrorosamente maltratados. ¿Dónde quedan las enseñanzas de Buda, Jesús, Lao-Tsé, Mahavira y Pitágoras? Todo está dicho, pero nada está hecho. Sin embargo, lo mejor de muchas personas sigue tratando de abrirse camino entre la densa niebla de los condicionamientos externos e internos, como si el alma (o como le llamemos) no quisiera rendirse, aún tuviera la esperanza de que un día las cosas puedan cambiar y los seres de este planeta (manicomio de los otros planetas) puedan comenzar a ser felices y estar libres de riesgos, sufrimiento y violencia. Comparto con vosotros un interesante y fecundo trabajo aparecido en el diario El País. [2] El artículo de Naren Herrero en El Hijo de Vecino [3]   [1] http://www.yogaenred.com/wp-content/uploads/2014/08/gato.jpg [2] http://elpais.com/elpais/2014/08/03/opinion/1407083640_643575.html [3] http://hijodevecino.net/2014/08/04/la-historia-del-perro-a-las-puertas-del-cielo/?utm_source=Hijo+de+Vecino&utm_campaign=b47cf7778d-&utm_medium=email&utm_term=0_3ab2dc6114-b47cf7778d-323076709

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El doble significado de la palabra ‘guru’
Publicado el 16 Sep, 2013

Guru es una palabra que despierta bastantes recelos en occidente. Pero ¿es una figura que secuestra nuestra autonomía?  ¿Que significa exactamente? Nos lo explica Naren Herrero. [1] El yoga y la filosofía espiritual de la India están metidos en la cotidianeidad de occidente desde hace unas pocas décadas; las suficientes, sin embargo, para que su terminología basada en la milenaria y sagrada lengua sánscrita se vaya colando en nuestro vocabulario de forma (casi) natural. Entre términos ahora tan comunes como karma, nirvana o mandala se destaca guru, una palabra que despierta ciertos picores entre los yoguis occidentales, ya que la idea de poner la propia evolución espiritual bajo las instrucciones de otra persona se considera una gran pérdida de autonomía. En la India, en cambio, el concepto de guru es muy normal. La idea de que alguien que ya conoce el camino (o parte de él) hacia la felicidad nos lo enseñe no es vista como un signo de sometimiento u opresión, sino más bien como una gran suerte y una gran oportunidad. Esta relación guru-discípulo es natural en la India, donde tradicionalmente los padres confiaban la educación de sus hijos a manos de un sabio espiritual. A este respecto, muchos creen que el individualismo occidental ofrece “libertad”, pero en realidad la mayoría de las personas también sigue ciegamente los preceptos de otros seres humanos (llámense deportistas, modistos o gurus de las nuevas tecnologías) como si se tratara de mandatos divinos. Esto no impide que el concepto dominante sobre los gurus espirituales sea el de estafadores, megalómanos o, en el mejor de los casos, delirantes. Sin negar la existencia de éstos últimos, la presencia de un verdadero maestro espiritual se considera fundamental para el rápido y seguro avance de cualquier persona en el sendero espiritual y yóguico. Si bien la palabra guru (cuya acentuación sánscrita es llana) se suele traducir simplemente como “maestro”, su significado etimológico original es “que tiene peso”. Es decir, un guru es una persona que posee un rol preponderante, de importancia, tal como se lo concibe en la tradición yóguica. Si, en general, las palabras suelen ser elementos volátiles, cuando se habla de filosofía espiritual éstas siempre tienen, al menos, dos significados: uno literal y otro simbólico. Ambos sentidos tienen su razón de ser y su utilidad. El significado literal generalmente nos provee información ‘objetiva’ (lingüística, etimológica, histórica), mientras que el simbolismo del vocablo nos desvela cuestiones más esotéricas, es decir información oculta a primera instancia. Lo que dice la tradición A este respecto, las enseñanzas de la mayoría de las tradiciones espirituales de la India tienen un carácter esotérico en origen, pues no fueron ideadas para divulgación pública sino que eran transmitidas oralmente a través de la iniciación de un instructor cualificado. Actualmente, con el auge del yoga en occidente y la universalidad de la información, cualquier persona que lo desee (occidental u oriental) puede tener acceso a la otrora secreta filosofía de la India. De esta forma, con probabilidad todos hemos oído decir que guru es “el que quita la oscuridad” (el propio Joaquín Sabina, con su habitual aire decadente, juega con dicho significado en la canción Princesa). En cuanto a las fuentes sagradas fiables, la Advaya-Tāraka Upanishad define al guru de esta forma (traducción basada en la versión de Georg Feuerstein): “La sílaba gu [significa] oscuridad. La sílaba ru [significa] el destructor de esa oscuridad. Debido a la habilidad para destruir la oscuridad, él es llamado guru”. (v. 16) De manera similar, la Guru Gītā, atribuida al sabio Vyāsa, explica: “La sílaba gu es la oscuridad y se dice que la sílaba ru es la luz. No hay duda de que el guru es ciertamente el conocimiento supremo que disipa [la oscuridad de] la ignorancia”. Por tanto, etimológicamente hablando, guru es alguien “con peso” y relevancia como maestro. En una segunda lectura, guru es quien, disipando la oscuridad, nos muestra el camino; que es lo mismo que decir que, con su sabiduría y experiencia, elimina nuestra ignorancia, que nos ciega y no nos deja ver nuestra verdadera esencia espiritual. En occidente, donde lo sabemos todo y somos tan reacios a que un tercero nos muestre el camino, muchos se alivian al escuchar la, con frecuencia malinterpretada, frase: “El guru verdadero está en tu interior”. ¡Tengo buenas noticias! Esta máxima es totalmente veraz. Así lo certifican las Escrituras del yoga y las enseñanzas de todo maestro espiritual genuino. Lo cual no significa, claro, que uno se vea eximido de tener un guru externo; a menos que considere que por sí mismo es capaz de ser su propio guía y disipador de la oscuridad. Quién es Naren Herrero es periodista, escritor y tallerista especializado en la India, su filosofía y espiritualidad. Es autor del visitado blog Hijo de Vecino. Su próximo taller, titulado "Conceptos básicos de la filosofía del yoga", será el 28 de septiembre (18:00h) en el espacio Jardín de Hara de Barcelona. El taller pretende dar a conocer algunas de las nociones fundamentales del pensamiento yóguico tradicional, con la intención de comprender cómo estas ideas milenarias son universales y pueden experimentarse en nuestra vida diaria. Más info aquí [2]. [1] http://www.yogaenred.com/wp-content/uploads/2013/09/Significado-guru.jpg [2] http://hijodevecino.net/talleres/

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