Respirar no es hacer prāṇāyāma

2026-10-02

Respiramos desde que nacemos hasta que morimos. Lo hacemos de manera automática, sin necesidad de pensar en ello, y, sin embargo, pocas funciones de nuestro organismo nos permiten intervenir de una forma tan directa y consciente. Aquí te contamos cómo practicar prāṇāyāma y obtener todos sus beneficios.  Escribe Marta Bort.

respirar

Foto de Ivan S

Nuestra respiración habla de nosotros. Basta observarla. Cuando estamos nerviosos, preocupados o asustados, cambia: puede acelerarse, hacerse más superficial o perder regularidad. Cuando estamos tranquilos, también lo hace. Respiración y estado interior mantienen una relación estrecha.

Pero existe además un camino inverso: podemos intervenir conscientemente sobre la respiración y observar cómo esa modificación repercute sobre nuestro estado físico y mental. Ahora bien, ¿es eso prāṇāyāma? No necesariamente.

Respirar conscientemente no es todavía prāṇāyāma

En los últimos años se ha extendido enormemente el interés por las técnicas de respiración. Respiramos para relajarnos, para dormir mejor, para disminuir el estrés o para concentrarnos. Son herramientas que pueden resultar muy valiosas, pero no todo ejercicio respiratorio es prāṇāyāma.

En la tradición del yoga, el trabajo sobre la respiración forma parte de un camino mucho más amplio.

Prāṇa no significa simplemente aire ni puede identificarse con el oxígeno. Desde la concepción tradicional del yoga, prāṇa hace referencia a la energía vital que sostiene los diferentes procesos de la vida. La respiración es una de sus manifestaciones y, al mismo tiempo, una de las grandes vías que tenemos para trabajar sobre ella.

Por eso, cuando practicamos prāṇāyāma utilizamos la respiración, pero nuestra finalidad no se limita a respirar mejor.

Patañjali sitúa el prāṇāyāma como el cuarto de los ocho miembros –aṅga– del yoga, después de yama, niyama y āsana y antes de pratyāhāra, dhāraṇā, dhyāna y samādhi. Su lugar dentro de este recorrido ya nos indica que no estamos ante una técnica aislada.

Antes de prāṇāyāma hay que preparar

En la enseñanza que recibí de mi maestro, Ramon Cases, la preparación para el prāṇāyāma tenía una importancia fundamental. Cases, a partir de las enseñanzas recibidas de su maestro Nil Hahoutoff, recopiló, desarrolló e hizo evolucionar un trabajo específico que denominó preprāṇāyāma: una serie de ejercicios sencillos destinados a preparar progresivamente el cuerpo, la respiración y la sensibilidad antes de entrar propiamente en las técnicas de prāṇāyāma.

Desde entonces, cuando enseño prāṇāyāma, sigo comenzando por ellos.

¿Por qué preparar algo que hacemos constantemente? Porque respirar es espontáneo, pero practicar prāṇāyāma requiere otras condiciones.

Los preprāṇāyāma ayudan a movilizar y alargar la columna, liberar tensiones que podrían dificultar la permanencia en una postura estable y preparar la mecánica respiratoria. También permiten tomar conciencia del diafragma, principal músculo de la inspiración, cuyo movimiento resulta fundamental para una respiración libre y eficaz.

Pero su función no es solamente corporal. Dentro del mapa sutil que propone el yoga, este trabajo prepara prāṇamaya kośa, la dimensión vinculada al prāṇa, y desarrolla progresivamente la sensibilidad necesaria para percibir su circulación y trabajar posteriormente con ella a través de los nāḍī.

Por eso me gusta entender los preprāṇāyāma como un puente entre āsana y prāṇāyāma. El cuerpo va dejando atrás el movimiento, la respiración adquiere protagonismo y la atención comienza poco a poco a dirigirse hacia el interior.

Primero, aprender a soltar

Dentro de estos ejercicios preparatorios, Ramon Cases concedía una especial importancia a recaka, la espiración. Antes de querer tomar más aire, aprendemos a dejarlo salir.

Una espiración tranquila, progresiva y completa prepara de forma natural la siguiente inspiración –pūraka– y nos enseña algo que trasciende la propia mecánica respiratoria: no siempre se trata de incorporar, conseguir o acumular. A veces, primero necesitamos soltar.

Aquí el prāṇāyāma empieza a encontrarse con otros miembros del yoga.

Podemos reconocer aparigraha, el no acumular, en ese gesto de dejar ir; śauca, relacionado con la limpieza y la purificación; saṃtoṣa, cuando dejamos de perseguir constantemente más intensidad, más aire o más tiempo de retención; y, sobre todo, ahiṃsā. Porque tampoco deberíamos violentar nuestra respiración.

Prāṇāyāma no es una competición para comprobar cuánto tiempo podemos permanecer en kumbhaka. La respiración necesita escucha, progresión y respeto. Las prácticas más complejas requieren aprendizaje y la orientación de un profesor experimentado.

La vida entra por la nariz

Ramon Cases repetía a menudo una frase que quedó profundamente grabada en mí: «El aliento debe ahorrarse, porque con él se va la vida». Y añadía otra, mucho más rotunda: «La vida entra por la nariz y la muerte por la boca».

No debemos interpretar esta última frase como una afirmación fisiológica literal, sino como una manera contundente de recordarnos la importancia que concedía a la respiración nasal.

Salvo en determinadas técnicas que indican expresamente lo contrario, la respiración en nuestra práctica se realiza por la nariz. El propio organismo nos muestra su lógica: la nariz forma parte del sistema respiratorio y está preparada para filtrar, acondicionar y conducir el aire que respiramos.

Pero, una vez más, no se trata únicamente de que el aire entre y salga correctamente. Se trata de aprender a percibir.

Del hacer al sentir

Quizá esta sea una de las enseñanzas más importantes que recibí de mi maestro.

El yoga debe estudiarse. Necesitamos comprender aquello que hacemos y conocer la tradición de la que procede nuestra práctica. Pero el yoga no puede quedarse únicamente en el intelecto. Hay que experimentarlo.

Podemos llenar páginas de apuntes sobre pūraka, recaka, kumbhaka, prāṇa, nāḍī o kośa. Podemos conocer perfectamente sus definiciones. Pero llegará un momento en que tendremos que cerrar los apuntes y practicar.

Y repetir.

Repetir una práctica no significa realizarla mecánicamente. Significa volver a ella con atención, observar nuevamente, descubrir algo que quizá ayer no percibimos y permitir que aquello que al principio necesitábamos pensar vaya siendo progresivamente interiorizado.

Patañjali nos habla de abhyāsa y vairāgya: práctica perseverante y desapego. Y nos recuerda que la práctica se consolida cuando se mantiene durante largo tiempo, sin interrupción y con dedicación.

Quizá por eso el prāṇāyāma no empieza cuando somos capaces de realizar una determinada técnica respiratoria. Empieza mucho antes.

Empieza cuando preparamos el cuerpo. Cuando aprendemos a escuchar. Cuando dejamos de forzar. Cuando repetimos sin buscar resultados inmediatos. Cuando la respiración se va haciendo más sutil y nuestra atención deja poco a poco de dirigirse hacia fuera.

Respirar es algo que hacemos desde el primer instante de nuestra vida. Prāṇāyāma comienza cuando esa respiración se convierte en práctica, atención y experiencia.

Marta Bort Matas. Profesora y formadora de Yoga · Especialista en Ayurveda
Formación de Profesores de Yoga avalada por la AEPY