Nos falta un buen trecho para verdaderamente humanizarnos y traer un poco de cordura, sosiego, lucidez y compasión a este planeta. Por eso, de vez en cuando es más que conveniente y necesario recordar y reflexionar sobre el real objetivo del yoga y otras técnicas de autoconocimiento, desarrollo interior y realización de sí. Escribe Ramiro Calle.
Surgieron como enseñanzas y métodos para mejorar nuestra calidad de vida interna, activar nuestros mejores potenciales anímicos, completar nuestra evolución psíquica, aprender a despojarnos de las nocivas tendencias mentales y superar (desautomatizar) hábitos que nos dañan a nosotros y a las otras criaturas.
Surgieron porque determinadas personas fueron conscientes, incluso muy dolorosamente conscientes, de que nos encontramos a medio camino en la evolución interior y nos falta un buen trecho para verdaderamente humanizarnos y traer un poco ve cordura, sosiego, lucidez y compasión a este planeta.
Cierto que solo unos cuantos son capaces de darse cuenta de la necesidad de este desarrollo psíquico y un cambio profundo de conducta para que florezca una persona nueva, o sea más compasiva, cooperante y equilibrada. Pero las enseñanzas y métodos están ahí, aunque a menudo se les de la espalda o lo que es aún peor: se los adultere, traicione o prostituya. A menudo se falsean, y si se institucionalizan todavía pueden correr peor suerte y ser intencionada y malévolamente.
¿Qué hacer ante tal panorama? Indagar y experimentar y no dejarse engañar por la enorme cantidad de bisutería que se vende como la más fina joyería.

