¿Qué significa realmente formar a un profesor de yoga?

2026-06-30

Vivimos un momento en el que acceder a la información nunca había sido tan fácil. En pocos segundos podemos encontrar secuencias de āsana, técnicas de prāṇāyāma, meditaciones guiadas o propuestas para cualquier nivel de práctica. Sin embargo, cuanto más conocimiento parece estar al alcance de todos, más necesaria se hace una pregunta: ¿Qué significa realmente formar a un profesor de yoga? Escribe Marta Bort.

Para mí, la respuesta va mucho más allá de aprender a dirigir una clase.

Enseñar yoga no consiste únicamente en conocer las posturas, saber construir una secuencia o dominar una determinada metodología. Todo ello es importante, por supuesto, pero representa solo una parte del camino.

Un profesor de yoga acompaña a personas. Y cada persona llega a la esterilla con una historia distinta.

Hay quien busca aliviar un dolor físico, quien necesita encontrar un espacio de calma, quien atraviesa un momento difícil o quien simplemente desea comprenderse un poco mejor.

Por eso, antes de aprender a enseñar, necesitamos aprender a observar.

Observar sin juzgar.

Escuchar antes de intervenir.

Comprender que no existen dos alumnos iguales y que la práctica nunca debería imponerse sobre la persona, sino adaptarse a sus necesidades, a su momento vital y a sus posibilidades. Quizá esta sea una de las mayores responsabilidades de quien decide dedicarse a la enseñanza del yoga.

Con frecuencia pensamos que un buen profesor es quien más sabe. Con los años he descubierto que un buen profesor no es necesariamente quien acumula más conocimientos, sino quien ha aprendido a escuchar, a observar y a respetar profundamente el proceso de cada alumno.

Propiciar el autodescubrimiento

Ese aprendizaje no aparece en un manual. Nace de la práctica constante, del estudio, de la experiencia y, sobre todo, de la humildad.

Transmitir yoga no significa reproducir movimientos. Significa ofrecer herramientas para que cada persona pueda descubrir su propio equilibrio y recorrer su camino con mayor claridad y serenidad.

Por eso una formación de profesores necesita ir mucho más allá de la técnica.

Debe integrar el estudio de la filosofía, la anatomía, la respiración, la meditación, la pedagogía y la adaptación de la práctica a cada alumno. Pero también debería cultivar algo mucho más difícil de enseñar: la capacidad de mirar al ser humano en toda su complejidad.

El diálogo del conocimiento

En nuestra formación, los Yoga Sūtra de Patañjali constituyen uno de los pilares fundamentales. Nos ayudan a comprender el funcionamiento de la mente y nos recuerdan que el verdadero propósito del yoga no es alcanzar una postura perfecta, sino disminuir el sufrimiento y cultivar una mente más serena.

Junto a ellos, la Bhagavad Gītā ocupa un lugar muy especial. Sus enseñanzas nos invitan a reflexionar sobre cómo vivir, cómo actuar y cómo tomar decisiones con equilibrio, responsabilidad y discernimiento. Nos recuerda que el yoga no termina cuando abandonamos la esterilla, sino que continúa en cada acción de nuestra vida cotidiana.

A esta visión se une el estudio del Ayurveda, una ciencia hermana del yoga que nos ayuda a comprender la singularidad de cada persona. Conocer la constitución, las tendencias y los posibles desequilibrios nos permite adaptar la práctica con mayor sensibilidad, respeto y eficacia.

Cuando estos conocimientos dejan de estudiarse por separado y comienzan a dialogar entre sí, el yoga adquiere una profundidad diferente. Deja de ser únicamente una práctica corporal para convertirse en una verdadera herramienta de transformación personal.

Acompañar desde la escucha,la presencia y el respero

Después de muchos años acompañando a alumnos y formando a futuros profesores, el próximo mes de septiembre iniciaré una nueva Formación de Profesores de Yoga, avalada por la AEPY (Asociación Española de Practicantes de Yoga).

Es una formación que nace del deseo de compartir una manera de entender el yoga en la que la práctica, el estudio y el crecimiento personal caminan juntos. Una formación que busca preparar profesores con una sólida base técnica, pero también personas capaces de acompañar a otras desde la escucha, la presencia y el respeto.

Porque, al fin y al cabo, enseñar yoga no consiste en tener todas las respuestas. Consiste en seguir recorriendo el camino con honestidad, mantener viva la actitud de aprendizaje y desarrollar la sensibilidad necesaria para acompañar a otros en el suyo.

Quizá esa sea, en realidad, la esencia de un verdadero profesor de yoga.

Marta Bort Matas. Profesora y formadora de Yoga · Especialista en Ayurveda
Formación de Profesores de Yoga avalada por la AEPY