Un breve y brillante acercamiento a la mente humana para comprendernos mejor, cuidar de nuestra salud mental y evitar la manipulación emocional en la era de la posverdad. Una defensa de la razón como forma de salud, de resistencia intelectual y, en última instancia, de libertad. Aquí os ofrecemos un resumen del libro lleno de interés actual. Edita: Destino. PVP: 19,00€

El diagnóstico de una enfermedad rara neurodegenerativa de un familiar cercano hizo que Nuria Martin Muyo, ingeniera de profesión, se interesara por el estudio de la neurociencia, hasta especializarse profesionalmente en la divulgación de este ámbito. Tras años de experiencia divulgando sobre neurociencia y psicología desde una perspectiva sociocultural, ahora publica La trampa de la emoción, un ensayo donde explica la importancia de fortalecer la corteza prefrontal del cerebro y estimular el pensamiento crítico para evitar la manipulación y la enfermedad (emocional, mental y también cerebral) en la era de la posverdad.
Nuria Martín Muyo ofrece a los lectores las claves para comprender cómo funciona el cerebro y recuperar algo esencial: la facultad de pensar con calma en un mundo marcado por los sobrestímulos y la desinformación, que nos empuja a reaccionar sin reflexión.
Un cerebro antiguo en la era de la posmodernidad
Dice Nuria Martín Muyo en estas páginas: «Vivimos con un cerebro diseñado hace 100.000 años para sobrevivir en entornos simples, pero hoy habitamos un mundo hiperconectado, acelerado y emocionalmente desbordado». En palabras de la divulgadora, «nuestros cerebros han producido innovaciones y realidades a un ritmo que excede su propia capacidad de adaptación y de asimilación». Es precisamente en esta paradoja donde la autora sitúa la vulnerabilidad de los humanos ante problemas cada vez más comunes como la ansiedad, la depresión o la manipulación.
El cerebro humano no está diseñado para buscar la verdad objetiva, sino para sobrevivir, cooperar dentro del grupo y defender identidades compartidas. Así, creer lo mismo que el resto garantiza pertenencia y protección, aunque lo que se crea no tenga fundamento lógico. «Tenemos un cerebro antiguo, de la Edad de Piedra, en un mundo posmoderno con redes sociales, inteligencia artificial y una carrera espacial por la conquista de Marte».
«La OMS también destaca la alta prevalencia de las enfermedades neurológicas, con más de 1 de cada 3 personas afectadas en todo el mundo. En España, el ictus es ya la primera causa de muerte en mujeres y la segunda causa de muerte en general. Las patologías relacionadas de una manera u otra con el cerebro y el sistema nervioso han experimentado una explosión consternadora».
«En estos tiempos acelerados, las mentiras, los bulos, las teorías conspirativas y los negacionismos de todo tipo (del cambio climático, de las vacunas, del origen del universo, de la forma de la Tierra, de la investigación y de la ciencia en general) se abren paso a toda velocidad y crean un ambiente de incertidumbre irrespirable, generando un miedo que nos atenaza, que nos ahoga y que nos impide activar nuestro tesoro más valioso: la capacidad de pensar racionalmente. Todo tiene que ser tan rápido que parece que otros piensan por nosotros y nos ofrecen la ilusión de que esos pensamientos son nuestros, en un clima de rechazo a las reglas de la razón y del pensamiento científico. De este modo nos convertimos en criaturas manipulables, al vaivén de los tiempos y de ciertos intereses. Es bien sabido que los populismos hacen una política de ‘silbato de perro’ (en referencia a B. F. Skinner y su condicionamiento conductual) y un uso de lenguaje codificado para generar miedo, ira y odio, las emociones más poderosas, normalizando así ideologías extremas (Joseph P. Forgas, William D. Crano, 2021)».
En esta línea, Martín Muyo alerta sobre la proliferación de discursos basados en el carpe diem y un creciente individualismo. Discursos según los cuales, los problemas sociales y laborales no son entendidos como problemas estructurales, sino que pasan a ser responsabilidad de quienes «no saben manejar sus emociones». Discursos que, como sostiene, «impiden detenernos, analizar, sopesar alternativas y elegir entre las diferentes posibilidades, teniendo en cuenta al resto de los seres vivos y circunstancias».
«Un cerebro reducido a vivir el instante, a responder siempre rápido, al que se le exige además cargar con todo y salir siempre adelante. Pero precisamente ese cerebro desarticulado, pero obligado a la inmediatez y la sobrecarga, es el que resulta incapaz de activar la resiliencia que tanto se le reclama. Ni puede decidir en verdadera libertad. El resultado es, sencillamente, perverso».
«Emoción deja de ser un espacio de liberación para convertirse en un mecanismo de adaptación acrítica, perfecto para entornos económicos obsesionados con la productividad y ciegos ante la desigualdad».
En La trampa de la emoción, la autora distingue dos grandes consecuencias de esta paradoja: la ploriferación de enfermedades neurológicas, psiquiátricas y mentales —que ya están de camino de convertirse en la principal causa de discapacidad a nivel mundial—, así como una importante pérdida de capacidad atencional y pensamiento profundo.
En estas páginas, Nuria Martín Muyo pretende demostrar que estos dos grandes problemas derivan, en el fondo, de lo mismo: el desconocimiento casi absoluto de cómo funciona el cerebro, de cómo dirige nuestras vidas y, sobre todo, de cómo el ambiente y nuestras circunstancias lo moldean hasta dar forma a nuestros pensamientos. Es por eso que defiende que conocerlo a fondo puede permitir construir un escudo protector colectivo —no individual— capaz de marcar la diferencia.
Con este objetivo, Núria Martín Muyo nos guía por los descubrimientos más fascinantes de la neurociencia —desde la plasticidad cerebral hasta los sesgos emocionales— para entender cómo funciona nuestra mente y qué podemos hacer para protegerla.
Los neuromitos: falsas verdades disfrazadas de ciencia
Apoyándose en los avances de la neurociencia, La trampa de la emoción desmonta mitos profundamente arraigados que muestran el importante desconocimiento de la población acerca del funcionamiento del cerebro.
1. Cada pequeña parte del cerebro tiene una función concreta
Hoy se sabe que las neuronas se agrupan en redes complejas que pueden tener conexión con otras diferentes áreas y redes del cerebro.
2. Usamos solo el 10% del cerebro
En realidad, usamos todas las regiones del cerebro, que están interconectadas entre sí, aunque no simultáneamente.
3. El hemisferio derecho es más creativo y el izquierdo más lógico
Si bien existen ciertas especializaciones hemisféricas (el lenguaje, por ejemplo, siempre está en el hemisferio izquierdo, tanto para diestros como para zurdos), la idea de que uno es «emocional» y otro «racional» es una simplificación que carece de sentido en nuestros días.
4. El cerebro tiene una capacidad fija y finita de memoria, puede «llenarse» o «gastarse». Aprender consiste en almacenar datos.
El aprendizaje tiene que ver con la producción de nuevas células cerebrales o más interconexiones entre ellas. Aprender no es almacenar información. En absoluto. Aprender es literalmente transformar los cerebros. Estudiar no significa acumular datos e informaciones, sino transformar el cerebro, reorganizarlo y hacerlo crecer y fortalecerse en sus dimensiones biológica, física y química, creando nuevas conexiones y caminos neuronales.
5. La mente está separada del cerebro.
Esta es una visión dualista obsoleta, según la cual la mente (inevitablemente vinculada al alma o al espíritu o similar) es algo separado del cuerpo y también, claro, del cerebro. Como si la mente fuera una especie de nebulosa que vive dentro de nosotros, pero que no tiene un sustrato físico. De esta forma, muchas personas (tanto pacientes como algunos terapeutas) llevan años considerando que los trastornos mentales no son «biológicos» y que, por tanto, no merecen el mismo tipo de atención que una enfermedad «orgánica» (como un tumor cerebral o una epilepsia), lo cual es un grave error.
El debilitamiento masivo de la corteza prefrontal
En un contexto marcado por los superestímulos y la desinformación, la amígdala —ese núcleo cerebral que reacciona ante estímulos emocionales intensos— se ve sometida a una hiperactivación constante, haciéndose prevalente, mientras que, por el contrario, la corteza prefrontal —encargada del pensamiento crítico y deliberativo— queda relegada y disminuida, sin posibilidad de intervención. Dicho de otra manera, «la sobreestimulación emocional constante —ya sea por la indignación, cansancio y pesimismo general o por la cultura del miedo— fortalece los circuitos de la amígdala y debilita los de la corteza prefrontal».
La manipulación emocional en la era de la posverdad
Tal y como trata de argumentar la autora en estas páginas, el debilitamiento masivo de la corteza prefrontal en la población y la falta de pensamiento profundo no solo tiene como resultado un empeoramiento de la salud física y emocional, sino que también deriva en importantes consecuencias políticas y sociales.
A nivel personal, este debilitamiento fruto de la constante sobreestimulación emocional provoca estrés, ansiedad, frustración e incluso enfermedades mentales o cerebrales y, a largo plazo, también degeneración cognitiva. En lo político, este debilitamiento conduce a populismos que manipulan en base a emociones de miedo o de ira y odio. En lo social, genera divisiones irreconciliables y confrontaciones alimentadas por desinformación.
En busca de una nueva racionalidad basada en la neurociencia
¿Qué podemos hacer en un mundo en el que la sobreactivación emocional amenaza con nublar por completo el pensamiento crítico? Lejos de enfrentar razón y emoción, Nuria Martín Muyo nos explica en este ensayo por qué hoy más que nunca la emoción necesita ser guiada por la razón para que no se convierta en ruido, manipulación y enfermedad (emocional, mental y también cerebral).
En esta línea, la autora propone ir a la raíz del problema y buscar una nueva racionalidad sustentada en la ciencia que proteja a los ciudadanos de la manipulación. Para ello, insta a realizar cambios —no solo individuales sino sociales, educativos y culturales— y rediseñar entornos, hábitos y formas de convivencia que respeten la biología humana y se adapten a la complejidad del presente. «Nunca hemos tenido más herramientas para ser racionales y nunca hemos estado tan expuestos a la manipulación emocional y a la enfermedad cerebral. La salida no puede ser negar las emociones, sino ponerlas en diálogo con la razón. Y ahí radica el desafío: salir de la dictadura de la emoción para conquistar, de nuevo y de la mano de la neuroplasticidad cerebral de nuestra corteza prefrontal, la libertad de pensar. Eso que nos hace humanos».
La autora
Nuria Martín Muyo es barcelonesa, ingeniera superior de Telecomunicaciones por la Universidad Politécnica de Catalunya (UPC). Con varios masters, postgrados y certificaciones en diferentes materias, todas relacionadas con el desarrollo personal, se define como una ingeniera humanista amante de las neurociencias y de la psicología aplicadas a la mejora del bienestar y del crecimiento de las personas.
Tras iniciar su vida profesional en el mundo de la consultoría, estuvo durante 15 años en la mayor multinacional de Europa del sector de la automoción, llegando a desempeñar puestos de gerencia. Durante ese tiempo, además, compaginó esa actividad con la docencia universitaria.
