El silencio del yoga/ Las dinámicas de culto (1)

2026-02-11

¿Por qué la comunidad del yoga es tan reacia a la autocrítica? ¿Por qué cuesta tanto hablar de abusos de poder, malas prácticas, manipulaciones…? ¿A qué se debe ese consenso tácito que opta por el silencio incluso en los casos más flagrantes? Hoy hablamos sobre el poder de las dinámicas de culto y de una práctica inquietante: la influencia indebida.

Que nada turbe mi paz

Es como si una regla no escrita abdujera el pensamiento colectivo de la comunidad, llevado por el más popular sutra de Patanjali: “cesar las fluctuaciones de la mente”. La comunidad yogui calla y se cobija en la experiencia interior, desconectada de la dimensión social y solidaria.

Puede haber razones menos doctrinales y de más calado sociológico que, en mayor o menor medida, han influido en la cultura de silencio de la comunidad: corporativismo, tratar de proteger la imagen del yoga; ecuanimidad, entendida como pasividad y neutralidad (no en su sentido real, que es ponderación y buen juicio); mala conciencia por seguir y tolerar durante años (y en muchos casos hasta hoy) prácticas como las llamadas dinámicas de culto.

Con frecuencia, la dinámica que sigue a un acto abusivo es la de inculpación a la víctima cuando denuncia la agresión y rompe el autocomplaciente silencio. Es un patrón que se reproduce en los casos más conocidos como el de Pattabhi Jois, Bikram, Shambhala o Yogi Bhajan.

Silenciar el daño tiene ventajas, claramente: se minimizan los actos para proteger la “energía del grupo”, porque quien se atreve a hablar “traiciona” o “rompe la armonía”. Así se reescribe la historia de la comunidad y se mantiene la paz… a costa de la verdad y de la revictimización del inocente (y de quienes le apoyen).

No ocultar las dinámicas de culto

Rick Ross es experto en conceptos como influencia indebida, dinámicas sectarias y abuso de poder en contextos espirituales, terapéuticos y organizacionales. Fundador del Cult Education Institute y autor del libro Cults Inside Out (Los cultos desde dentro), alerta sobre cómo funcionan las dinámicas de culto en los centros de yoga.

Las líneas rojas que señala como propias de estas dinámicas son:

– Idealización del maestro. Un líder carismático se presenta como iluminado, elegido o “conocedor de la verdad”. (Ojo: admirar al fundador de un linaje no es lo mismo que sacralizarlo, adorarlo, alabarlo continuamente y creer en su infalibilidad).

–  Sistema jerárquico incuestionable. Blindaje de poder por parte de la guardia pretoriana que rodea al líder.

– Posesión de la verdad. El yoga auténtico y la «Verdad Absoluta» son suyos: si practicabas otra cosa, eres menos consciente, menos compasivo, menos evolucionado.

– Control de pensamiento/obediencia debida, ocultos tras la invocación a la tradición o a la devoción. Supresión de la crítica, penalización al disenso, coacción. El entorno decide por ti pero te hace sentir que eres tú quien eliges.

–  Lo “espiritual” justifica todo. Tu incomodidad, malestar u oposición se interpreta como parte del proceso de «limpieza espiritual» y de “resistencia del ego”. Tu identidad tiene que dejarse absorber por el grupo. La normalización del sufrimiento es parte del camino.

La influencia indebida: manipulación psicológica y social

Más sutil que la obediencia, la influencia indebida es un concepto a tener muy en cuenta en este tiempo de redes sociales desmedidas. No es persuasión, sino una forma de control psicológico y social encubierto mediante el cual una persona o grupo reduce gradualmente la autonomía de otra sin usar coacción ni fuerza física, hasta que esta actúa contra sus propios intereses o valores creyendo que lo hace por decisión propia.

Puedes detectar un patrón de influencia malsana en una escuela de yoga por estas características:

• Se te exige adhesión por métodos sutiles: el lenguaje pretendidamente espiritual neutraliza la alarma interna: “El sufrimiento es parte del camino”, te dicen.
No puedes decir no sin consecuencias emocionales o sociales altas. Hay control de la información que llega desde fuera.
Cuestionar equivale a traicionar, y se penaliza con actos de marginación, humillación o rechazo, más o menos sutiles, por parte del núcleo duro jerárquico.

•  Aislamiento social. Se fomenta la idea de que solo el grupo te entiende o te ama de verdad. Tu identidad se ve absorbida por la comunidad, que te dispensa atención intensa, elogios, sensación de “familia”.
Menos contacto con el “mundo material”. El grupo se convierte en tu única referencia, pero su amor desaparece cuando eres capaz de marcar límites.

•  Reinterpretación de tus dudas como un fallo personal. “El maestro ve lo que tú no ves”. Pensar por tu cuenta se considera un obstáculo espiritual.
Como consecuencia, el criterio propio se va erosionando, como la confianza en ti misma/o y en tu propio juicio.

  Dejar el sistema implica sentimientos de pérdida, culpa o miedo. Se siembra el temor: “te irá mal”, “perderás todo”, “el mundo es peligroso”. La persona puede sentir que sin el grupo no es nadie.

Nota→ La siguiente parte de este reportaje estará dedicado a la penalización de las víctimas y la necesidad de transmitir un yoga honesto, inclusivo y respetuoso con la integridad de las personas.

Equipo YogaenRed