Entrevista con Chema Vílchez: Al rescate del alma

2026-03-23

Chema Vílchez es un artista polifacético, músico, profesor de yoga y escritor. Su nueva obra literaria, Al rescate del alma, es un libro de relatos y poesía ilustrados que reflexiona, desde la literatura y el arte, sobre dos grandes “pandemias” contemporáneas: el egocentrismo y el vacío interior, muy presentes hoy en forma de ansiedad, frustración y desconexión emocional. Es una entrevista de Pau Tubert.

Chema Vilchez

En esta entrevista explica qué le movió a tomar otra vez la pluma para entregarnos este nuevo libro: «Dado el nivel de estrés colectivo y que el entretenimiento parece haber devorado la cultura, sería conveniente diferenciar aquello que nos evade de lo que nos permite evolucionar».

Pregunta: El título de tu libro, Al rescate del alma, suena a una misión poética y filosófica. ¿Qué te llevó a escribir un libro con ese título?

Chema Vílchez: Pues lo primero es señalar que, apenas unos días antes de comenzar, no tenía la intención de escribir un libro nuevo. Pero las historias, con sus personajes y circunstancias, fueron apareciendo, casi obligándome a darles forma. Supongo que todo nació de una sensación que se había ido acrecentando en los últimos tiempos. Y es que, al menos por mi experiencia en el ámbito de la música y el yoga, donde converso con personas muy diversas, percibo dos pandemias silenciosas: una de egocentrismo y otra de vacío interior. Este vacío se manifiesta como tensión, ansiedad, depresión, adicciones y un estado anímico de desesperanza y frustración. Creo que ese malestar es el grito de nuestra alma pidiendo lo que verdaderamente necesita: vivirse desde otro espacio mental, otras emociones, otras experiencias y actitudes. Y esa reconexión con la propia alma es el camino que emprenden los personajes de estas historias.

P: Tus relatos invitan a volar y liberarse de lo cotidiano. ¿Crees que la literatura puede seguir siendo un espacio de salvación en tiempos de hiperconexión y ansiedad colectiva?

C. V.: Cierta literatura nos ofrece un espacio de introspección. Nos confronta, nos conmueve y, a veces, nos transforma. Depende del contenido de la obra, pero también del grado de apertura del lector. Un libro nos sumerge en la realidad del otro y, al hacerlo, nos devuelve una mirada que pone en perspectiva la nuestra. Esa posibilidad de vernos reflejados desde un ángulo distinto puede ser eficazmente sanadora. Pero, dado el nivel de estrés colectivo y que el entretenimiento parece haber devorado la cultura, sería conveniente diferenciar aquello que nos evade de lo que nos permite evolucionar.

P. Cada relato parece abrir una puerta a mundos paralelos, pero también a heridas muy reales. ¿Qué te interesa más: mostrar la belleza o desnudar la herida?

C. V.: La vida es un caudal inagotable de belleza, siempre presente en sus múltiples formas, con frecuencia tan deslumbrantes que no alcanzamos a apreciarla. Pero el dolor también es parte de ese río y no podemos evitarlo, aunque, sin ser nada fácil, sí podemos aprender a afrontarlo e intentar extraer una enseñanza transformadora. Los personajes de estos relatos atraviesan sus sombras para alcanzar una claridad más madura, una comprensión que integra los matices dispares de la existencia, mostrándonos belleza y herida. Todo esto nos pone de manifiesto que nuestro paso por el mundo, con todas sus dificultades e impredecibilidad, es el mejor campo de entrenamiento y aprendizaje imaginable.

P: Eres músico, escritor, profesor de yoga, filósofo… ¿Cómo dialogan esas facetas dentro de ti cuando creas una obra como esta?

C. V.: Siento que estas facetas están entrelazadas en una experiencia que busca ser compartida. Es cierto que, a veces, predomina el ritmo y el tiempo de lo musical; otras, la reflexión meditativa o las palabras que juegan con el humor. Por ejemplo, la música o el yoga son disciplinas que trabajan aspectos emocionales, cognitivos o físicos que, una vez integrados, dejan de parecer tan distintos. Pero, en el fondo, late una esencia de afecto, una intencionalidad que busca disolver las fronteras entre el “yo” y el “tú”. Entonces, la creación se convierte en un abrazo que lanzas al viento; en este caso, ese abrazo ha tomado forma de relatos.

P. Tu escritura transita entre lo simbólico, lo humorístico y lo místico. ¿Dónde se cruzan para ti la ironía y la iluminación?

C. V.: El humor y la ironía son llaves de apertura. Nos permiten abordar temas profundos sin caer en solemnidades pomposas. Lo que llamamos “místico” no debería venir acompañado de rigidez o gravedad, cuando en realidad la voz interior y la intuición se expresan con cierta ligereza. Aprender a reírnos de nosotros mismos es síntoma de avanzar por el camino correcto, al menos, eso creo. Cuando disolvemos la “egotitis” y reconocemos nuestras torpezas, vanidades y carencias, surge, inevitablemente, una visión tragicómica que nos humaniza y nos libera. Posiblemente por eso, los personajes de estas historias se deslizan por situaciones que transitan el espectro de lo dramático y lo humorístico casi al mismo tiempo.

P: En una época tan tecnológica, ¿crees que la inteligencia artificial puede llegar a comprender, o incluso rescatar, el alma humana?

C. V.: Hasta donde yo conozco, creo que la inteligencia artificial es una herramienta útil, un facilitador de tareas. Seguramente pueda ayudarnos a organizarnos mejor y más rápido, pero el trabajo para nuestra evolución personal es un entrenamiento intransferible. Por más datos que tengamos, si no hacemos de esa información una experiencia interna, estamos cayendo en una trampa habitual: creer que avanzamos para, en realidad, seguir en el mismo sitio. No debemos confundir información con conocimiento. Y, cuando ese saber está integrado en nosotros, se convierte en conciencia. Eso sí ayuda.

P: Has dicho que el humor es una herramienta de apertura. ¿Escribir desde la ligereza puede ser también una forma profunda de sanar?

C. V.: El humor genera en los seres humanos un estado emocional de distensión, un alivio sobre la presión con la que nos tomamos ciertos aspectos de la vida. Escribir desde ahí ayuda a bajar nuestro nivel de tensión interna, y eso siempre es de agradecer. Hablándote como músico, te puedo decir que la condición fundamental para tocar bien un instrumento es estar relajado. El fruto de esa relajación es la maestría sin esfuerzo y, desde ese espacio interior, casi cualquier disciplina se transforma en una meditación que, a su vez, genera un profundo bienestar.

P: Al rescate del alma forma parte de una trilogía junto a La sembradora de luz y El triunfo de la bondad. ¿Cuál es el hilo invisible que une estas tres obras?

C. V.: Hay varios hilos. Uno es la evolución vital de los personajes. También que la totalidad de las historias aparecieron de súbito, como cuando recordamos una película y, en segundos, hacemos una sinopsis del argumento. Otro hilo son las ilustraciones y cuadros que aparecen en los tres volúmenes. Son obra de la pintora Carmen Redondo, que ha traducido los relatos en imágenes de manera magistral. Y hay un hilo invisible más, y es lo que estos personajes nos muestran: la importancia de hacer el bien y vivirse desde el amor. Y esta afirmación, una aparente ingenuidad que a veces levanta sonrisas y miradas condescendientes, es, en realidad, el mayor desafío para todos. Un reto que afecta la economía, la política, las relaciones, cualquier aspecto humano, y que constituye, a día de hoy, la mayor heroicidad imaginable.

Más información: https://www.yogaenred.com/2026/01/15/libros-al-rescate-del-alma-de-chema-vilchez/