¿Leyenda o realidad? Lo exploraremos juntos. En esta primera parte te contamos cómo nace y evoluciona la leyenda a través del tiempo. Desde la época dorada de los dinosaurios hasta hoy, pasando por la mitología, Shiva, los Vedas, el chamanismo y las escuelas místicas de Occidente… Escribe Pedro López Pereda.

Ajna chakra Rajasthan siglo XV
Hace 240 millones de años en la era Mesozoica, la época dorada de los dinosaurios, existió un tipo de reptil que tenía un tercer ojo con unas facultades muy especiales:amanismo
• Detectaba la radiación solar para regular la temperatura corporal, buscando o evitando el sol según fuese necesario.
• Estructuraba los ritmos circadianos y estacionales, de manera que podía regular el ciclo diario (día/noche) y estacional, incluyendo el comportamiento y la reproducción.
•Localizaba a los predadores mediante una compleja habilidad que le ayudaba a detectar el movimiento o las sombras proyectadas por sus predadores aéreos.
Actualmente se puede corroborar que en el Mesozoico (era que se inició hace unos 252 millones de años y duró 185 millones de años) existió un tercer ojo en peces, anfibios y reptiles que poseía glándulas fotorreceptoras internas. Aunque no era una estructura de «ojo» convencional, esta glándula podía detectar luz a través de un cráneo fino o de la piel.
Ya que este órgano tan importante podía haber llegado a poseer unas cualidades insólitas, la pregunta es: ¿qué pasó en la evolución de las especies para que no se desarrollara de forma significativa este tercer ojo en los mamíferos? Aunque quizás sí se desarrolló…
El impacto de un gran asteroide cambia la historia
La Era Mesozoica supuso una transformación fundamental en la geografía del planeta, marcando el fin de la era Paleozoica y posteriormente el inicio de nuestra era actual.
Fue una época donde reinaron los reptiles, pero también donde se originaron las aves primitivas, que evolucionaron directamente de un grupo de dinosaurios.
La aparición de las plantas con flores fue otro evento evolutivo crucial. La coevolución con los insectos polinizadores (como las abejas y hormigas) que también surgieron en esta era, dio forma a los ecosistemas terrestres modernos.
Y, por último, la aparición de los mamíferos. Aunque se mantuvieron pequeños y a la sombra de los dinosaurios, sobrevivieron y crearon la base de su posterior explosión evolutiva.
Pero, ¿qué pasó para que aquel primitivo tercer ojo que utilizaban los reptiles no evolucionara en el reino de los mamíferos? ¿Por qué los humanos no tenemos un tercer ojo fácilmente perceptible?
La respuesta, posiblemente, esté en el evento catastrófico que cambió la dirección de la evolución para siempre: el impacto de un asteroide gigante (Cráter de Chicxulub) provocó la extinción de los dinosaurios no aviares y de muchas especies.
Al desaparecer estos grandes reptiles, se liberaron “espacios naturales” que permitieron a los mamíferos y a las aves diversificarse y convertirse en los grupos dominantes de la Era Cenozoica (la era actual), cambiando la trayectoria evolutiva del planeta.
La creación del Tercer ojo en la mitología
Muchísimos años después del impacto, nos encontramos con el Tercer ojo en el shivaísmo primitivo, convertido en uno de los símbolos más profundos y potentes del pensamiento hindú.
En el shivaísmo, el tercer ojo es uno de los distintivos esenciales del dios Shiva, el Señor de la transformación y la destrucción. Se representa en el centro de su frente, verticalmente y utilizando el eje de simetría de la cara, un poco por encima de los dos ojos físicos.
Leyenda del nacimiento del Tercer ojo en el rostro de Shiva
Un día, Parvati, esposa de Shiva, cubrió con sus manos los ojos de su esposo en un gesto de juego amoroso. Al instante, el universo entero cayó en oscuridad y frío, pues los dos ojos de Shiva representan el sol y la luna (la luna se ha asociado tradicionalmente a la intuición y a la sabiduría atributos fundamentales del chakra Ajna), fuentes de luz y energía.
Para restaurar el equilibrio cósmico, se abrió en su frente un tercer ojo, de fuego puro. Ese ojo ardiente devolvió la luz al mundo… pero también contenía el poder de la destrucción divina.
Este ojo no mira el mundo físico, sino la verdad última, y cuando se abre, consume la ilusión (maya).
En el Rigveda (uno de los textos más antiguos, hacia 1500 a. C.), podemos encontrar referencia al fuego interior del conocimiento, asociado al dios Agni (el dios védico del fuego) que “mora en el centro de la frente”. La misión más importante de Agni es actuar como intermediario entre los humanos y los dioses.
Textos tántricos y védicos
El concepto más antiguo y profundo del Tercer ojo tiene su raíz en los textos védicos y tántricos. En el shivaísmo tántrico (especialmente en el Kashmir Shaivismo), el Tercer ojo es un centro de poder interno, no un órgano físico.
Se le relaciona con la potestad de Ajna Chakra (el “chakra del entrecejo”), considerado el centro de la intuición, la visión interior y la sabiduría espiritual:
- Cuando la energía kundalini asciende por la columna y alcanza este punto, el yogui experimenta la visión del Ser.
- En ese instante, la dualidad entre sujeto y objeto desaparece: el yogui ve con el ojo de Shiva, la conciencia pura que todo lo abarca.
El ojo de la sabiduría en el Tíbet
A partir del siglo VII d. C., con la expansión del budismo vajrayāna (tántrico), muchos conceptos hindúes se fusionaron con las creencias locales del Himalaya.
Los monjes y maestros tántricos indios (como Padmasambhava, siglo VIII) llevaron al Tíbet una forma de budismo profundamente simbólica, donde la visión interior y la iluminación eran esenciales.
Allí, la noción del Tercer ojo no se adoptó literalmente como en el hinduismo, sino que se reinterpretó como el “ojo de la sabiduría”, la capacidad de ver la vacuidad y la naturaleza última de la realidad.
Influencia del chamanismo tibetano (Bon)
Antes del budismo, el Tíbet tenía su religión ancestral, el Bon, que incluía prácticas chamánicas de visión espiritual, trance y “ver más allá del velo del mundo físico”.
Así nació una síntesis única: el Tercer ojo como símbolo del despertar interior, de la visión del vacío y de la conexión con planos espirituales.
El Tercer ojo en Occidente
La idea del Tercer ojo llegó a Occidente relativamente tarde, y lo hizo en varias oleadas culturales.
– La Antigüedad griega
Aunque el concepto de Tercer ojo como tal no existía en Grecia, había nociones análogas:
- Filósofos como Platón hablaban de una “visión del alma” o del “ojo del espíritu” que podía contemplar la verdad eterna.
- Los neoplatónicos (como Plotino) desarrollaron la idea de un “ojo interior” que debía abrirse mediante la purificación y la contemplación.
- Herófilo de Calcedonia, en el siglo III a. C., realiza la primera descripción anatómica de la glándula pineal (glándula, que por su proximidad e importancia se ha relacionado históricamente con el chakra Agna).
– La Edad Media y la Edad Moderna
Durante la Edad Media, el contacto con el pensamiento oriental era limitado. Sin embargo, algunos textos árabes que traducían parte de las enseñanzas de sabios indios y griegos, comenzaron a hablar de la visión interior y de la glándula pineal como “sede del alma”. Después de Herófilo de Calcedonia, Galeno, considerado uno de los médicos más influyentes de la antigüedad, ofreció una descripción escrita de ella en el siglo II d. C.
Posteriormente, ya en el siglo XVII, René Descartes retomó esa idea al afirmar que la glándula pineal era el punto donde el alma y el cuerpo se comunicaban, sin llamarlo “tercer ojo”, pero estableciendo un vínculo que siglos después se reinterpretaría de esa forma.
– Siglo XIX: Orientalismo y Teosofía
A finales del siglo XIX, figuras como Helena Blavatsky (fundadora de la Sociedad Teosófica, 1875) difundieron masivamente el concepto del tercer ojo en Europa y América.
Blavatsky afirmaba que la humanidad primitiva poseía un “tercer ojo físico” (la glándula pineal) que, con el tiempo, se atrofió, pero que aún podía “reabrirse” espiritualmente.
Este concepto provenía de su estudio del hinduismo tántrico, el budismo tibetano y el yoga, que ella fusionó con elementos del ocultismo occidental.
Desde entonces, el “Tercer ojo” pasó a ser un símbolo central del misticismo esotérico occidental, junto con los chakras, la reencarnación y el karma.
– Siglo XX: Nueva Era y cultura popular
Los movimientos New Age y espiritualistas popularizaron el Tercer ojo como el centro de la intuición y de la percepción extrasensorial.
En los años 60 y 70, con la expansión del yoga y la meditación oriental en Occidente, la idea se volvió común entre buscadores espirituales, psicólogos transpersonales y artistas. Este conocimiento se popularizó en noviembre de 1956, cuando se publicó en el Reino Unido un libro que describe la autobiografía ficticia de un joven tibetano que se estaba formando como lama médico en un monasterio del Himalaya. En esa obra se relatan diversas artes místicas, como la capacidad de realizar viajes astrales, el desarrollo de la clarividencia, o la operación de trepanación que abría el Tercer ojo para poder ver el aura.
Muchos maestros versados en el Tíbet y en el budismo emitieron dictámenes contrarios al texto, señalando inconsistencias e inexactitudes culturales y religiosas en la obra. Ahora, casi setenta años después de la publicación, tenemos nuevos datos sobre el origen y el poder real del denominado Tercer ojo.
– Siglos XIX al XXI: ¡El descubrimiento de un superviviente de la era Mesozoica!
A mediados del siglo XIX, el anatomista británico Richard Owen estudió el esqueleto de un reptil de Nueva Zelanda llamado tuátara, incluyendo sus vértebras y la estructura de su cráneo. Se dio cuenta de que estas características eran únicas y no encajaban en la clasificación de los lagartos y serpientes. Por ello, el tuátara fue ubicado en su propio orden, confirmando su estatus como el único representante vivo de un linaje de reptiles muy antiguo.
Los tuátaras, cuyo nombre común del maorí quiere decir “espalda espinosa” son parecidos a las iguanas, con las que, sin embargo, no están cercanamente emparentados.
Miden unos 70 cm de longitud y son conocidos por ser un auténtico “fósil viviente” y el último sobreviviente de un grupo de reptiles que prosperó durante la era de los dinosaurios.
El tercer ojo del tuátara, conocido científicamente como ojo parietal o glándula pineal, es una de sus características más fascinantes y un elemento clave que subraya su singularidad evolutiva. Se encuentra en la parte superior de su cabeza, justo detrás de la frente. En los adultos está cubierto por una capa de escamas transparentes. A diferencia de los ojos usuales, que ven imágenes, este es un órgano más simple, con una córnea, un cristalino y una retina. Sin embargo, carece de músculos para enfocar.
Su función no es la visión de imágenes. Se utiliza fundamentalmente para detectar la luz y los cambios de intensidad de la misma. Se cree que ayuda a regular su ritmo circadiano (ciclos de sueño/vigilia) y, fundamentalmente, ayuda a la regulación de la temperatura corporal (termorregulación). Al detectar la luz solar le permite al tuátara saber cuánto tiempo ha pasado y cuándo es el momento óptimo para calentarse o buscar refugio.
El ojo parietal es visible y funcional en los tuátaras jóvenes, pero se atrofia y se cubre de escamas en los adultos. Es considerado un rasgo primitivo que ha sobrevivido hasta la actualidad, prácticamente sin cambios, desde la Era Mesozoica.; muchos reptiles extintos (y algunas especies vivas como lagartos y ranas) también poseen o poseían una estructura similar, pero es más prominente en el tuátara que en cualquier otro vertebrado terrestre actual.
Las últimas investigaciones del siglo XXI se han centrado principalmente en la genética y la comprensión de su historia evolutiva, especialmente en relación con otros reptiles. En 2020 se consiguió la secuenciación del genoma completo del tuátara. Este estudio reveló una arquitectura genética inusual, a medio camino entre la de los mamíferos monotremas (como el ornitorrinco y el equidna) y la de los reptiles.
(Continuará)
Pedro López Pereda. Creador del centro Namaskar de yoga y autorrealización en la línea de Antonio Blay. Presidente de la Fundación Yoga y de la Asociación Yoga Meditativo. Miembro de la Asociación Nacional de Profesores de Yoga. Maestro de Reiki.
Ha publicado, entre otros libros: El mandala oculto (2017), El cuenco vacío (2018) y Las leyendas del Yoga. El origen mitológico de la meditación, el pranayama y las posturas de yoga (2021).
