Las tres fuerzas que nos habitan: Gunas y la danza de la mente

2026-03-26

Más allá de la calma o la tormenta, ¿quién observa el baile?
Vivimos identificados con el clima mental. Cuando hay agitación, decimos «estoy estresada». Cuando hay pesadez, «estoy deprimida». Cuando hay calma, «estoy en paz». El problema no es el estado, sino la identificación. Creemos ser lo que en realidad es solo un fenómeno pasajero. Escribe Isabel Ward

3 fuerzas

En el anterior artículo exploramos Viveka, el discernimiento que nos permite reconocernos como el cielo que observa las nubes. Hoy vamos a adentrarnos en la naturaleza de esas nubes. ¿De qué están hechas? ¿Por qué unas son oscuras y densas, otras explosivas y otras luminosas?

La filosofía del Yoga clásico, a través de la lente del Sāṃkhya, nos ofrece una hoja de ruta precisa: todo lo que percibimos –pensamientos, emociones, incluso la materia de nuestro cuerpo– está tejido por tres fuerzas primordiales llamadas gunas. Comprenderlas es dejar de ser marionetas de nuestros propios estados.

Los tres hilos de la naturaleza (Prakṛti)

La palabra guṇa significa literalmente «cuerda» o «hilo». En la visión del yoga, la realidad manifiesta (Prakṛti) es como un tapiz tejido por tres hilos energéticos que se combinan incesantemente [1].

  • Tamas (el hilo de la inercia): Es la fuerza de la pesadez, la oscuridad y la estabilidad. En equilibrio nos permite descansar y enraizarnos. En exceso se manifiesta como pereza, confusión, parálisis o el «no puedo» que nos hunde.
  • Rajas (el hilo del movimiento): Es la fuerza de la acción, el deseo y la agitación. Es el motor de la vida. Nos impulsa a crear, a cambiar, a lograr. Pero cuando predomina en exceso, se vuelve ansiedad, ira, competitividad y un fuego interno que nos quema.
  • Sattva (el hilo de la luz): Es la fuerza de la claridad, la armonía y el equilibrio. Se manifiesta como paz, lucidez mental, compasión y la sensación de «estar en casa». Es el estado más refinado de la mente.

El sufrimiento, desde esta perspectiva, no nace de la presencia de una u otra guna, sino de nuestra identificación con ellas. Como bien señala Georg Feuerstein, el error (Avidyā) consiste en que la consciencia testigo (Puruṣa) se funde con los movimientos de la naturaleza (Prakṛti) [2].

 Sattva: el velo dorado (la trampa más sutil)

Aquí conviene detenerse, porque existe una enseñanza profunda que a menudo se pasa por alto. Creemos que el objetivo del yoga es alcanzar un estado de Sattva permanente. Pero la tradición nos advierte: Sattva también es un velo, aunque sea de oro.

Si nos identificamos con la paz, diciendo «soy una persona espiritual y equilibrada», hemos construido un nuevo ego. Hemos convertido la claridad en una nueva prisión. El Bhagavad Gītā (14.22) lo expresa con una belleza radical: el sabio no odia la luz (Sattva), ni la acción (Rajas), ni siquiera la confusión (Tamas) cuando están presentes. Simplemente, las observa [3].

El objetivo último no es ser sáttvico, sino Trigunatita: el que ha trascendido las tres gunas. Es el estado de quien usa las fuerzas sin ser usado por ellas.

El laboratorio interior: cómo observar las fuerzas en acción

Esta filosofía no es especulativa; es eminentemente práctica. Podemos observar el juego de las gunas en nuestra experiencia cotidiana.

  • En el cuerpo: Al despertar, a veces sentimos una pesadez que nos ancla a la cama (Tamas). Otras, saltamos con la mente ya planificando el día (Rajas). En ocasiones, hay una claridad serena nada más abrir los ojos (Sattva).
  • En la práctica de āsana: Mantener una postura como Vīrabhadrāsana II nos enfrenta directamente a estas fuerzas. El temblor y el impulso de abandonar son la voz de Rajas. El hundimiento y la desgana son la voz de Tamas. La respiración estable y la mirada serena que observa el esfuerzo es la luz de Sattva. Como apunta T .K .V. Desikachar, la práctica es el arte de adaptarse, de observar qué fuerza predomina y responder con inteligencia [4].
  • En el prāṇāyāma: La respiración es un ecualizador de estas energías. Una respiración agitada y superficial alimenta Rajas; una respiración lenta y profunda puede sacarnos del sopor de Tamas. Técnicas como Nāḍī Śodhana buscan precisamente equilibrar los canales energéticos asociados a estas polaridades, preparando el terreno para la claridad [5].

Yoga Nidra y la revelación del testigo

El estado de Yoga Nidra es el microscopio perfecto para observar esta danza. Tumbados en quietud, el guion nos lleva a explorar sensaciones opuestas: el peso de Tamas, la vibración de Rajas, la transparencia de Sattva. Y en esa exploración ocurre la revelación: las tres fuerzas aparecen, se intensifican y se disuelven.

¿Quién es el que observa este baile?

Ese es el Ser, el testigo inmutable que la tradición llama Puruṣa. El mismo que puede observar la tormenta de Rajas, laniebla de Tamas y el amanecer de Sattva sin ser ninguno de ellos. Las nubes pasan; el cielo permanece. Los hilos se mueven; la marioneta descansa.

Como recuerda B .K S. Iyengar en su comentario a los Yoga Sūtra, la práctica sostenida del discernimiento (Viveka) nos lleva a habitar este espacio de observación, donde las cualidades de la naturaleza dejan de atraparnos [6].

Una hoja de ruta para la vida cotidiana

Comprender las gunas transforma nuestra manera de relacionarnos con nosotros mismos y con los demás.

  • Ante la propia agitación (Rajas): En lugar de decir «estoy ansiosa», pensamos: «Hay una fuerza de agitación en mi interior». Al nombrarla, nos distanciamos. Podemos entonces canalizar esa energía con una caminata consciente o una exhalación larga, en lugar de reaccionar ciegamente.
  • Ante la propia pesadez (Tamas): En vez de acusarnos de perezosos, reconocemos que en ese momento nuestro cuerpo lo sentimos pesado. Desde esa observación, podemos introducir una pequeña acción sáttvica: abrir una ventana, beber agua, movernos suavemente.
  • Ante los demás: Cuando alguien nos agrede con su ira, entender que esa persona está «secuestrada» por Rajas nos permite no tomar su ataque como algo personal. Podemos poner límites desde la compasión, sin entrar en su fuego.

Esta es la libertad que propone el yoga. No es una libertad a futuro, sino una libertad inmediata que nace de la capacidad de elegir cómo respondemos a cada estímulo. Viktor Frankl lo expresó de forma inolvidable: «Entre el estímulo y la respuesta hay un espacio. En ese espacio reside nuestra libertad» [7]. El yoga, a través del cultivo de Viveka y la comprensión de las gunas, nos enseña a habitar ese espacio.

Una invitación a observar el baile

Este discernimiento no se consolida leyendo sobre él, sino practicándolo. Por eso, en Yoga Anandamaya, hemos creado el ciclo mensual «El Corazón del Yoga: Encuentros de filosofía y Yoga Nidra», un espacio para detenernos, mirar hacia adentro y experimentar estas enseñanzas no como conceptos, sino como realidades vivas.

El próximo encuentro, «Las fuerzas que nos habitan: Gunas y naturaleza de la mente», será el sábado 18 de abril de 11:00 a 13:00. Exploraremos juntos cómo identificar estas tres fuerzas en nuestra propia experiencia, y cómo aprender a bailar con ellas sin ser sus marionetas. Te invito a venir con tu curiosidad y tu silencio. El resto lo pondrá la práctica.

Notas y referencias bibliográficas:

  • [1] La teoría de las gunas es central en la filosofía Sāṃkhya, adoptada y desarrollada por el yoga. Ver Feuerstein, Georg. The Yoga Tradition, p. 112-115.
    [2] Ibid. Feuerstein explica la identificación errónea como la fusión de Puruṣa con los movimientos de Prakṛti.
    [3] Bhagavad Gītā, capítulo 14, versos 22-25. La descripción del Trigunatita, el que ha trascendido las tres gunas.
    [4] Desikachar, T. K. V. The Heart of Yoga: Developing a Personal Practice. Desikachar enfatiza la importancia de la observación y la adaptación en la práctica personal.
    [5] Para la relación entre la respiración, los canales energéticos (Nāḍīs) y el equilibrio de las gunas, ver la obra de Iyengar y Feuerstein.
    [6] Iyengar, B. K. S. Luz sobre los Yoga Sūtras de Patañjali. Comentario al Sūtra II.26 sobre la naturaleza de Viveka.
    [7] Frankl, Viktor. El hombre en busca de sentido. La célebre cita sobre el espacio entre estímulo y respuesta como morada de la libertad.