Esta frase no es nuestra, aunque la hagamos nuestra porque queramos compartir la idea. La hemos extraído de uno de los interesantes artículos que José Manuel Vázquez está escribiendo para YogaenRed y que estamos publicando cada lunes: la serie ‘Repensar el yoga’. Nos gustaría que nos acompañárais, lectores/as, en la reflexión…
Cuando acordamos con José Manuel publicar esta serie, que ya va por su tercera entrega, nos dio cierto temor. Sabemos que la comunidad yogui suele resistirse a cuestionar “hacia dentro”, quizás más por la inercia del statu quo que porque creamos de verdad eso de que “todo es perfecto como es”.
Nuestro propósito no es soliviantar, ni polarizar, ni buscar titulares llamativos. Pero sin querer ser irreverentes, cuestionamos las reverencias. No nos parece que beneficie a nadie mitificar el yoga o tratarlo cual ente sagrado por encima del bien y el mal. El yoga es una creación de la inteligencia espiritual de unos seres humanos que evoluciona a lo largo de siglos con la confluencia de otros seres humanos y sus contingencias.
La polarización no se crea con el intercambio respetuoso de reflexiones y argumentos, sino con afirmaciones maximalistas y generalizaciones que no admiten matices ni caminos de enmedio y sí exigen adhesiones incondicionales a creencias o cosmovisiones que no siempre queremos/podemos compartir.
Honestamente pensamos que relacionar el yoga con poderes divinos, mágicos o astrológicos no parece que vaya a aportarnos más consciencia y eficacia a la hora de dirigir nuestra conducta al propósito clave del yoga, que es la liberación interior. ( “La libertad es la clave; lo que se busca en el yoga es liberarse de todas las esclavitudes interiores, que son muchas…” (Javier Ruiz Calderón) .
Cuando hablamos de “repensar” el yoga, en referencia principalmente a cómo se transmite en la actualidad, hablamos de recuperarlo desde la comprensión honesta de su sentido (revelado a través de un camino de experiencia individual), sin automatismos ni ornamentos esotéricos que eximan del discernimiento y prescindan de la responsabilidad ética de la acción.
No es el yoga, somos nosotros quienes lo encarnamos
Quizás durante demasiado tiempo se ha confiado la transmisión del yoga a la repetición de frases e ideas que han ido perdiendo el sentido y la energía necesarios para penetrar en el corazón de las personas. Repensar el yoga sugiere también la necesidad de revisar la verdad y la coherencia que subyace en los mensajes que transmitimos, para liberarlos del desgaste de la rutina y de la superficialidad revestida de añadidos que solo confunden a quienes hoy se acercan a esta disciplina.
Parece evidente que desde hace tiempo se cuestiona cómo se está ofreciendo en la actualidad la enseñanza del yoga, decantada hacia prácticas puramente físicas y esencialmente repetitivas del Hatha yoga. Lo cual podría corresponderse, en consecuencia, con una pérdida del interés de las personas por descubrir la trascendencia del yoga tradicional.
Por otro lado, el tejido profesional o experto de la enseñanza del yoga está cambiando aceleradamente. Los pequeños centros de barrio de «estilo vocacional» van desapareciendo a medida que crecen los macrogimnasios con yoga lowcost y los centros de yoga franquiciado de gestión empresarial. Así que los profesores que en su día introdujeron el yoga en España o tiraron del carro yóguico durante años, se van jubilando (anticipadamente, en muchos casos, por el impacto de la competencia).
Parece, pues, que este sea un buen momento para la reflexión serena y profunda, cuando el mundo necesita volver a reconectar con valores humanos que eleven nuestros corazones de la oscuridad, el materialismo y la violencia. Sigamos leyendo los artículos de José Manuel Vázquez y buscando respuestas a sus preguntas.
Quizás podamos volver a acercar el espíritu del yoga a las generaciones más jóvenes de un modo inspirador, coherente, útil y esperanzador.
Invitamos a los lectores y lectoras de YogaenRed a acompañarnos en este “repensar yoga” concediéndonos su atención y sus reflexiones sobre el tema.
Jimena Mas y Pepa Castro, codirectoras de YogaenRed.

